Daniel Arasa
No faltan estos días quienes han querido minusvalorar la importancia de la manifestación contra el aborto del pasado 17-O en Madrid. El primer objetivo de los detractores era convertir ante la opinión pública el número de participantes en una minicifra. Sus datos no tendrían mayor relevancia si hubieran tenido la honradez de decir que había sido una de las manifestaciones más multitudinarias de la historia de España. Si en la manifestación del 17-O sólo había 52.000 personas como mantiene un medio informativo en base a unos supuestos cálculos exactos es que algunas manifestaciones a las que el mismo medio atribuyó cifras millonarias no deberían pasar de 30.000, por cuanto eran mucho menores que la que movilizó contra el aborto a un caudaloso río de personas de toda España y algunos del extranjero.
Un segundo elemento estratégico esgrimido antes de la manifestación se centraba en presentar como organizadora e impulsora a la Jerarquía de la Iglesia en España. Les salió mal, porque quedó claro que los promotores habían sido entidades y grupos de la sociedad civil, aunque muchos de los participantes y promotores fueran católicos. Precisamente actúan así porque son católicos laicos que van adquiriendo cada vez más conciencia de que deben estar presentes en la vida pública para hacer más justa la sociedad, sin que para ello tengan que recibir un mandato de la Jerarquía.
Tercera arma arrojadiza contra los manifestantes: atribuir al PP el mover los hilos. Aunque unos cuantos dirigentes de este partido estaban entre los manifestantes nadie les dio protagonismo y es público que no todos los miembros del PP comparten la firmeza y el compromiso de luchar contra el aborto. Además, el tono moderado de la manifestación, la ausencia de carácter partidista, el gritar poco aunque los espíritus estallaran, el no hacer de la gran concentración un día de desgaste global del Gobierno descolocó a quienes iban a informar u opinar sobre la manifestación con ideas preconcebidas y dando por supuestos determinados objetivos políticos ajenos al tema del aborto.
Finalmente, intento de ubicar a los manifestantes en la estantería de los retrógrados. Serían los sectores más duros, integristas, fundamentalistas, del catolicismo y de la derecha. Gentes que miran al pasado, incapaces de entender el presente y de abrirse al futuro. Les desmintió hasta la edad de los participantes. Había en la manifestación una inmensa cantidad de jóvenes, … y jóvenes muy normales.
A pesar de todas las maniobras, la manifestación ha impactado en diversos medios de información, en algunos sectores del partido del Gobierno y en personas del propio Ejecutivo. Se ven en la necesidad de “hacer algo” ante tanta oposición pública.
Se vislumbra alguna modificación puntual del proyecto de Ley en el trámite parlamentario. Parece que en dos aspectos. El primero en lo referente al aborto de las menores, que según el texto podían interrumpir su embarazo sin siquiera consultar a los padres. Da la impresión de que se abre la vía a que puedan ir tutelados por un adulto. Es positivo. Claro que si el adulto en cuestión forma parte del personal de los centros de planificación familiar ya se sabe de qué va a servir.
El segundo podría ser la admisión de la objeción de conciencia de los médicos y restante personal clínico.
Con estos cambios el partido del Gobierno y sus colaboradores pueden presentarse como tolerantes, dialogantes, gente que busca términos medios de consenso.
Mejor es incorporar tales modificaciones que aprobar el texto como está, pero es un caramelo envenenado, porque detrás sigue el considerar el aborto como un derecho y el absoluto olvido o menosprecio del derecho a la vida del no nacido. Además, en la práctica la objeción de conciencia será muy difícil para un buen número de profesionales, al menos los de los hospitales pequeños.
Aunque no renunciemos a mejoras parciales de las leyes injustas para disminuir su maldad, no pasa de entenderlo como un mal menor. Para quienes defendemos la vida desde su concepción el debate del aborto no se cierra nunca ni se limita a si se puede interrumpir el embarazo unas semanas antes o después. Es un combate, pacífico ciertamente, que seguiremos siempre. Aunque se mantuviera la ley vigente. Estos mismos días lo hemos hecho con la Clínica Isidora. Es sólo un ejemplo.