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04/11/2009 - Vida y bioética
Teresa Forcades: una aclaración sobre el aborto según el Magisterio de la Iglesia
La hermana benedictina y doctora sigue manteniendo una posición contraria a lo que establece el Catecismo de la Iglesia católica y la tradición cristiana desde el siglo I
La hermana Teresa Forcades sigue sin retractarse de sus posiciones a favor del aborto
ForumLibertas.com

La religiosa benedictina Teresa Forcades se sitúa fuera del Catecismo de la Iglesia cuando expresa que la decisión de abortar es indisociable de la autodeterminación de la madre. La doctora en medicina yerra cuando afirma que “desde un punto de vista teológico y de moral católica”, Dios ha puesto “en manos de la madre la supervivencia” del feto sugiriendo que es ella la única que tiene el derecho a decidir sobre él.

Estas declaraciones Forcades las realizó el pasado 16 de junio en una entrevista concedida al programa ‘Singulars’ de TV3, donde durante casi una hora, entre otras cuestiones, expresó sus opiniones con respecto al aborto o la píldora del día después al mismo tiempo que los justificaba. En aquella entrevista la religiosa se reconoció “monja benedictina y feminista” además de “una activista con hábito”, que fue como la presentaron.
 
A continuación reproducimos las partes más significativas de las manifestaciones de la religiosa benedictina en TV3, así como fragmentos de una carta publicada posteriormente en ‘Foc Nou’ y el contraste que estas declaraciones suponen con respecto a lo que dice la Doctrina Social de la Iglesia sobre el aborto.
 

DECLARACIONES DE TERESA FORCADES EN RELACIÓN CON
LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
Manifestaciones en TV3 de Teresa Forcades el 16/06/09
Fragmentos de la carta publicada a ‘Foc Nou’ de Teresa Forcades
La Doctrina Social de la Iglesia al respecto del aborto
 
“La relación de la madre con su feto hace que podamos entender que Dios ha puesto en manos de la madre la supervivencia del feto hasta que éste no es viable. Este es al respecto desde un punto de vista teológico y de moral católica: si Dios ha puesto en manos de la madre la vida de este feto, nosotros no somos nadie para quitársela”.
 
“Que la relación que se establece entre la madre y el feto es única, y es única porque la vida del feto depende de la vida de la madre hasta que éste no es viable fuera de ella. Entonces esta es la base, por decirlo así, tanto antropológica, como biológica, como legal, como moral, para poder considerar este caso de poder decidir sobre la vida del feto completamente diferente y que, por tanto, no se presta a comparación con cualquier otro caso interhumano: la vida de cualquier conciudadano al que usted quisiera desear dar la muerte no está ligada a la suya. Usted podrá morir sin que la otra persona muera”.
 
“Esta particularidad de la relación de la madre con su feto hace que podemos entender que Dios ha puesto en manos de la madre la supervivencia del feto hasta que éste no es viable”.
 
“Esta función magisterial ha de ser respetada por todos los bautizados católicos y de manera particular por todos los teólogos católicos, pero este respeto no excluye la manifestación pública de hipótesis razonables que puedan hacer avanzar el magisterio eclesial según la voluntad de Dios
 
“Mi duda es si puede ser lícito según la moral católica violar el derecho de autodeterminación de la madre para salvar la vida del hijo”.
 
“El derecho de autodeterminación es un derecho fundamental que protege la dignidad de la persona humana y prohíbe bajo cualquier circunstancia y de forma absoluta que esta persona pueda ser utilizada como objeto, como un medio para conseguir un bien, aunque este bien sea salvar la vida de otra persona o, incluso, de la humanidad entera”.
 
“Para ilustrar el conflicto entre el derecho a la vida y el derecho a la autodeterminación podemos tomar como ejemplo el caso del transplante de riñón. Hay centenares de miles de personas en el mundo cuya vida podría ser salvada a través de un trasplante renal. ¿Por qué no aprobar una ley que obligue a las personas que tengan riñones compatibles a cederlos a estos enfermos para salvarles la vida?
 
EC 2273. El derecho inalienable de todo individuo humano inocente a la vida constituye un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación:
 
[...] Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado
 
EC 2274. Puesto que debe ser tratado como una persona desde la concepción, el embrión deberá ser defendido en su integridad, cuidado y atendido médicamente en la medida de lo posible, como todo otro ser humano.
 
EC 2271. Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral.
 
EC 2272. La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana.

En el texto que hizo público la revista cristiana ‘Foc Nou’, la religiosa escribe unas consideraciones después de que el Vaticano la llamara al orden por medio del cardenal prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las sociedades de vida Apostólica, Franc Rodé. Rodé le pidió que se retractara de lo dicho y se adhiriera al Catecismo de la Iglesia.
 
En el texto Forcades dice adherirse al Catecismo: “Mi fe me hace dejar constancia de mi obediencia al Magisterio actual”, pero no se puede considerar que se retracte cuando repite: “Mi duda es si puede ser lícito según la moral católica violar el derecho de autodeterminación de la madre para salvar la vida del hijo”.
 
Forcades se justifica afirmando que su adhesión al Magisterio no significa que no pueda expresar públicamente las dudas que le pueda generar y explica cuál es su duda: “si puede ser lícito según la moral católica violar el derecho de autodeterminación de la madre para salvar la vida del hijo”.
 
Pero este hecho es contradictorio porque Forcades plantea un conflicto entre la vida del feto y la autodeterminación de la madre cuando el Magisterio dice que la vida prevalece por encima de la autodeterminación de la madre, ya que asume la autodeterminación de un tercero: el de la vida que lleva en su interior.
 
El derecho de la madre que, según insinúa Forcades, debería prevalecer por encima del feto “ya que Dios pone en sus manos su vida”, no es el derecho a la autodeterminación como sostiene la doctora. El derecho a la autodeterminación es el derecho a disponer de la propia persona, pero el feto es un tercero biológicamente dependiente de la madre aunque independiente como persona. Esa autodeterminación de la madre entra en conflicto con la autodeterminación del hijo.
 
La independencia como persona del hijo es evidente porque sino la maternidad resultaría un elemento inexistente ya que el hijo no existiría como tal. Evidentemente, si esto es así, al hijo se le debe autodeterminar también y su autodeterminación no es otra que su proceso biológico.
 
¿Una posición católica y teológica?
 
Además, Forcades se equivoca cuando dice situarse en una posición de moral católica y teológica. Este hecho agrava la desorientación y confusión que genera en la opinión pública y en la comunidad acatólica las afirmaciones de Forcades desde su condición de monja católica.
 
En el documento Forcades afirma que “el derecho a la autodeterminación es tan sustancial y absoluto como el derecho a la vida; de hecho, el derecho a la autodeterminación es el derecho a la vida espiritual: es lo que hace que la vida de las personas sea reconocida como algo más que vida biológica”, y añade: “Nadie, ni el Estado ni la Iglesia, tiene el derecho de violarlo en ninguna circunstancia”. Cabría recordarle a la doctora benedictina que exactamente ese derecho de autodeterminación de la madre deja de serlo cuando arremete contra otro derecho a la autodeterminación: el de un ser que ni siquiera puede ejercerlo personalmente dado en el estado de indefensión que se encuentra. La madre no puede ejercer un derecho que negaría el mismo derecho a un ser más débil que lleva en su interior.
 
La dependencia absoluta y el derecho a la vida
 
El argumento que utiliza la benedictina está errado porque nace de la idea de que a un cuidador absoluto se le otorga el derecho de la vida de la persona cuidada. Bajo esta perspectiva entrarían también dependientes absolutos –que no sólo son los que han de nacer- como adultos que pasan un período de su vida con un total grado de dependencia –como por ejemplo pasar un coma de días- o un largo periodo como sucede en el final de la vida de algunas personas ligadas a situaciones irreversibles debido a dolencias como el Alzheimer, la demencia, la parálisis física, etcétera.
 
La página web de las benedictinas abunda en la confusión
 

La polémica que ha suscitado las manifestaciones de Forcades no está exenta de confusión. La webmaster del monasterio Sant Benet de Monserrat, congregación en la que se incluye la religiosa, ha querido salir en defensa de la religiosa afirmando que se han interpretado mal sus palabras. De esta forma añade confusión sobre confusión promoviendo la ambigüedad de las palabras de Forcades.
 
La webmaster, que firma como Regina, respondió un correo electrónico dirigido al portal de las religiosas que cuestionaba las declaraciones en TV3 de Forcades, supuestamente adscrita al Catecismo católico. La respuesta interpela al autor del correo electrónico afirmando “hay una mala interpretación, sobre todo por parte de E-Cristians”. La religiosa aprovecha para criticar a la asociación católica y afirma que “la hermana Teresa no lo ha dicho nunca [en referencia a su posición a favor del aborto], sino que ha declarado públicamente que ella defiende la vida desde el comienzo hasta el final”. Evidentemente no es lo que se desprende cuando se analizan al pie de la letra las afirmaciones de la benedictina.
 
Cuando se hacen unas manifestaciones y se es criticado por ello se tienen dos caminos honestos: asumirlas y razonarlas o reconocer el error y remediarlo.
 
La respuesta de la hermana Regina no se ajusta en absoluto a las declaraciones de Forcades que no defiende la vida desde su concepción hasta la muerte, sino que declara que la vida del feto en relación de su dependencia está en función de la voluntad exclusiva de su madre, ya que “es desde Dios mismo que ha sido puesta esta vida en manos de su madre”.
 
La tradición cristiana y el aborto
 
Forma parte del corazón de la tradición cristiana la defensa de la vida en todos los estadios de la existencia de una persona. Cabe apelar a la tradición para destacar que una de las primeras diferencias que existieron entre paganos y cristianos fue la diferencia de posiciones con respecto el aborto tal y como analiza Christoph Markschies, rector de la Universidad Humboldt de Berlín, en su libro ¿Por qué sobrevivió el cristianismo en el mundo antiguo?.
 
El Catecismo de la Iglesia católica ya deja constancia de que desde el siglo I la institución “ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado” y cita los textos bíblicos de esos tiempos: “No matarás el embrión mediante el aborto, ni matarás al recién nacido” (Didajé, 2, 2; Bernabé, ep. 19, 5; Epístola a Diogneto 5, 5; Tertuliano, apol. 9).
 
De idéntica manera se expresa GS 51, 3: “Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables”.
 
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