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28/12/2009 - Castellano
Es Raquel que llora por sus hijos (I)
Josep Miró i Ardèvol

Es un texto que tiene casi 2000 años y a pesar de ello se mantiene vivo y fresco, y lo mas importante sigue convenciendo a millones de seres humanos. Es algo prodigioso. Muy en su inicio, el Evangelio de Mateo nos cuenta cómo María fue una madre soltera. Ella había concebido un hijo por obra del Espíritu Santo, y es sobre esa maternidad todavía sin matrimonio sobre la que deseo centrar la atención. Ella sabía que su concepción no era fruto de una relación humana, pero también debió pensar que los demás ignorarían tal hecho, empezando por José, quien como “era un hombre justo no quería difamarla públicamente y resolvió resolver en secreto el acuerdo matrimonial”, es decir, el vínculo que se establecía un año antes de casarse y que tenia un valor legal parecido al matrimonio, pero sin vivir juntos. Para deshacerse era necesario un documento de divorcio.

 

Este breve relato, apenas dos versículos del texto, señala unos hechos que ilustran la concepción cristiana desde el primer momento. Primero, la confianza de María en Dios, segundo, surgido del primero, su valor en asumir una maternidad en una condiciones anormales y en una sociedad mucho más exigente que la nuestra. María no tenía otra garantía que la confianza genérica en Dios, en que su estado seria aceptado por José.

 

Traslademos este escenario a nuestro tiempo. Para el prototipo que encarna María, una madre soltera, muy joven, poco más que una adolescente, el mensaje es muy distinto: aborta. Todo son facilidades. Vete a una clínica privada, paga el Estado, y no te preocupes, el aborto no es nada, es tan poca cosa que ni es necesario que tus padres lo sepan.

 

Tercer hecho, este referido a José y que comparte con María. El de la confianza en el Creador. La primera reacción ante el conocimiento del estado de su pareja es la de un respeto absoluto. Ante un embarazo increíble y antes del anuncio del Ángel no reacciona con desprecio, despecho o violencia. El modelo que José presenta a los hombres de hoy está en las antípodas de quienes por venganza cuelgan imágenes comprometidas de su pareja en Internet, o que despechados mal hablan de ella , y no digamos ya del uso de la violencia por el ‘honor’ de varón herido. El modelo cristiano no necesita de leyes que le digan lo que debe hacer, porque Dios lo ha escrito en su corazón y el sabe leerlo. Esta es la antropología cristiana. ¿Cómo, pues, con tanta ignorancia o infamia pueden las teóricas de la ideología de género y sus palmeros presentar el hecho cristiano como la raíz de la violencia machista? Quienes incumplen las represivas leyes de hoy no son cristianos. Ésta es la verdad que no debe permanecer oculta.

 

Existe entre ambos, María y José, el hecho decisivo que permite la articulación sólida del matrimonio, la piedra sillar. Es la confianza en Dios que se expresa en el Evangelio por separado a través de un Ángel. Pero sin fe los ángeles no existen, y esa es una perdida irreparable. Porque entonces la confianza, que puede fallarnos, y el respeto, que nunca puede faltar, en el otro resulta imposible. Pero, si no hay confianza no existe amor verdadero, se dará instinto de posesión, una pasión pasajera, pero no amor. Y sin amor la vida acaba en aborto, y ruptura del matrimonio. Ese es el signo trágico de nuestra época, elevado a símbolo de gobierno.

 

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1 Comentario:
Serafín García Herreros

"Cuando en tiempos de los romanos hablaban todos latín, algún majadero habría al que no eximiría el hablar latín de dejar de ser necio". Esta cita de Cervantes puesta en labios de El Quijote la traigo a colación porque no estoy de acuerdo con que "quienes incumplen las represivas leyes de hoy no son cristianos".

 Sí, lo somos. No sólo, pero lo somos. Efectivamente, el hecho cristiano no está en la raíz de la violencia machista pero los cristianos, como cualquiera que tenga otra condición personal y/o social, exclusiva o añadida, hemos sido y somos responsables, por acción y por omisión del incumplimiento de muchas leyes y de la realización de mucha violencia.

Aún hoy, España es un país mayoritariamente católico. Hace "cuatro días" lo era casi unánimemente. Echar la culpa al hecho cristiano de la violencia de género porque esta se daba y todos eramos cristianos oficiales es tan estúpido como afirmar que la culpa es del hecho de ser español porque también todos lo eramos y lo somos.

Esta especie de "mística hojalatera" refleja un pensamiento pobre y la huida de uno mismo: ojala no fuera cristiano, ojala no fuera español, ojala no fuera varón, ojala no fuera mujer... y, entonces, todo se arreglaría.

Y todos seríamos tan buenos que no nos habría hecho falta un Dios redentor. Y el redentor no viene a redimir a todos si no a los que son malos, claro. Todos nos equivocamos en el hacer y en el pensar. Pero lo que a mí me parece el pecado capital es un pecado común: que las ideas y las instituciones están por encima del hombre y que hasta Dios vino al mundo a redimir al hombre en abstracto y en conjunto.

Me parece que no. Me parece que Cristo vino al mundo a por mí. No a salvar a la sociedad o a la Iglesia o al Estado de mí, o a costa mía si ello es preciso. No. Que yo valgo más que la sociedad, más que la Iglesia, más que el Estado. Yo y tú y aquel otro. Individualmente y por separado. Que cada mujer, cada varón, individualmente, ha costado toda la sangre de Cristo.

Es como aquel milagro de los panes y los peces: toda la sangre de Cristo salvando a un ser humano y luego otra vez toda la sangre de Cristo salvando a otro ser humano... y así toda la humanidad durante toda la Historia. Pero nosotros una vez y otra hemos venido a defender las cosas contra las personas. Todos. En política nos cargamos, injustamente, a un ser humano para salvar al partido, nunca al revés; o nos cargamos a un ser humano para salvar laNación, nunca al revés.

En el plano de la fe no pocas veces nos hemos cargado a un ser humano para salvar la fe o la Iglesia. O les hemos dejado perder olvidando la enseñanza evangélica del buen pastor que deja las 99 ovejas en el redil y sale a buscar a la perdida. El hecho cristiano no vale más que una vida humana, ni ningún hecho social o político. Los cristianos hemos abortado, asesinado, violado, mentido...

Ahí tiene, a modo de ejemplo, a un insigne representante político, declaradamente cristiano, bautizado y asiduo a los sacramentos, que comulga con bizcocho y que está conforme con que el aborto es un derecho fundamental. Y en otras cosas me pongo de mal ejemplo yo mismo. Nuestra crisis política es también una crisis social y una crisis religiosa. Y de los que no son cristianos, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

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