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17/02/2010 - Sociedad
La incongruencia de la administración beneficia el negocio de la prostitución en Cataluña
El decreto de la Generalitat que regula los locales contrasta con la autorización de macroprostíbulos que se lucran con la trata de mujeres inmigrantes
Las redes de prostitución pueden campar a sus anchas gracias a la incongruencia d ela Administración
ForumLibertas.com

El proyecto que se está llevando a cabo en la localidad catalana de Mataró y que prevé la construcción de dos macroburdeles sigue levantando polvareda. Las asociaciones de vecinos ya están comenzando a movilizarse en torno a este hecho que degradará indefectiblemente la zona en la que se localizarán los prostíbulos. Además, este episodio deja mal parado un decreto de la época del gobierno de CiU que regulaba este tipo de locales y que pecó de ingenuidad.

El Decreto 217/2002 que regula “los locales de pública concurrencia donde se ejerce la prostitución” aborda las condiciones sanitarias a las que se deben atener estos centros. Se trata de un documento aprobado por la Conselleria d’Interior en la época en que lo administraba el convergente Xavier Pomés bajo la presidencia de Jordi Pujol.
 
Sucede que una vez más se demuestra dos cosas:
 
1.- La incongruencia de la Administración con el problema de la prostitución
2.- Que cualquier paso que intente regular y reglamentar la actividad de la prostitución, aunque solamente sea para regular la salubridad exigible normativamente a los prostíbulos, sirve como agarradero para que las redes de corrupción que se esconden detrás de empresas supuestamente legales consigan llevar a buen puerto lo que no es legal.
 
Cabe recordar que el presupuesto para que en España sea legal la prostitución es que se ejerza ‘libremente’, es decir, que nadie se lucre con la actividad de la mujer que se prostituye. El proxenetismo, por lo tanto, está penado por la ley. El problema es que si se regula las condiciones de los locales (como así fue con el Decreto 217/2002), se abre la puerta a la entrada de macroburdeles como los proyectados en Mataró o La Jonquera, y los clausurados en Castelldefles –el Saratoga y el Riviera-.
 
La legalidad llevada al límite
 
Los casos de los macroprostíbulos Saratoga y Riviera demostraron el filo en el que los propietarios conseguían que su actividad fuera legal. Ambos locales se definían como lugares donde las mujeres podían alquilar habitaciones para acudir con sus clientes. Lo cierto es que la operación de la Guardia Civil desveló que existía una red de extorsión y trata de mujeres. Además, las mujeres cobraban por servicio realizado, tenían horarios regulados y había una empresa detrás de esta actividad ilícita.
 
El hecho de que la Generalitat establezca una medida legal hace que los empresarios del sexo tengan un resorte jurídico donde asirse. Al existir una norma específica, los empresarios del sexo sacan partido a esa norma. Por lo tanto, influye, y mucho, la interpretación que le da la administración a esa norma. Si a eso se le suma que el Gobierno de Montilla es evidentemente favorable a mostrar manga ancha con la prostitución queda un panorama idóneo para que las redes de tratas de mujeres realicen su actividad impunemente.
 
Es evidente que el gobierno de Pujol quiso consolidar una situación de hecho a través del decreto, pero pecó de ingenuidad y falta de visión ya que ahora el tripartito aprovecha esas lagunas para justificar la aprobación de estos macroburdeles.
 
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