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09/04/2010 - Religión
Dos prestigiosos columnistas del Wall Street Journal denuncian la campaña contra el Papa
William McGurn y Peggy Noonan afirman que el New York Times difama a Benedicto XVI; el escritor judío Jon Juaristi se suma a las denuncias y dice que se acosa al Pontífice
Cada vez son más las voces que denuncian la campaña de difamación contra el Papa
ForumLibertas.com

William McGurn es vicepresidente de la News Corporation, dueña del Wall Street Journal (WSJ), y editorialista especializado en política internacional; Peggy Noonan es columnista del mismo diario y fue asistente del ex presidente norteamericano Ronald Reagan. Ambos coinciden en denunciar una campaña contra el Papa aprovechando el caso de los abusos sexuales de algunos miembros del clero.

 

Al mismo tiempo, el poeta, novelista, columnista y ensayista judío Jon Juaristi se ha sumado a quienes denuncian el acoso que sufre Benedicto XVI y ha señalado que “no es necesario ser católico” para ver hacia dónde apunta la campaña mediática contra el Papa.

 

Según informa Aciprensa, McGurn, quien fuera también asistente de la Casa Blanca durante la administración Bush hijo, explica en un reciente articulo la verdad sobre algunos hechos ocultados por el New York Times en su campaña difamatoria contra el Papa.

 

Experto en demandar a la Iglesia

 

En el artículo publicado el 6 de abril en el WSJ, McGurn responde a dos artículos del New York Times (NYT) escritos por Laurie Goodstein. El editorialista explica que los documentos presentados por el NYT fueron proporcionados por Jeff Anderson y Mike Finnegan, de quienes se dice son “abogados de cinco hombres que han enjuiciado a la Arquidiócesis de Milwaukee”.

 

McGurn advierte que Goodstein no dice nada más sobre quién es realmente el abogado Anderson. En su artículo da algunos detalles sobre él: “en lo que se refiere a demandas contra la Iglesia, él es el principal abogado. En el año 2002 le dijo a Associated Press que había ganado 60 millones de dólares en acuerdos con la Iglesia; e incluso le dijo a otro semanario que ‘los estaba demandando por todo lo que tienen en todos lados’”.

 

“Es difícil pensar en cualquiera con algún interés financiero mayor a éste, sobre todo cuando se intenta promover la idea de una Iglesia que no actúa contra sacerdotes abusadores, culpando de manera personal a Benedicto XVI”, añade McGurn.

 

Los cuestionados documentos proporcionados por Anderson al New York Times incluyen algunos textos clave sobre algunas reuniones en el Vaticano entre tres obispos de Wisconsin (donde se encuentra Milwaukee) y el cardenal Tarcisio Bertone, textos que fueron tergiversados en la traducción al inglés.

 

En su artículo McGurn proporciona información adicional y desafía al New York Times sobre las afirmaciones que hace en cuanto al hecho de que el P. Murphy nunca habría sido sometido al sistema de justicia de la Iglesia. De hecho, fue suspendido como sacerdote, un proceso que el editorialista señala como equivalente a retirarle la licencia a un médico.

 

McGurn agrega que “el hombre que es ahora Papa reabrió casos que habían sido cerrados, hizo más que nadie para procesar casos y hacer responder a los abusadores, y se convirtió en el primer Papa en hablar con las víctimas”.

 

¡Somos sacerdotes! ¡Sacerdotes!

 

Asimismo, la columnista Peggy Noonan ha escrito un artículo en el Wall Street Journal en el que explica que el Papa no es culpable del escándalo por los abusos sexuales de algunos miembros del clero.

 

Noonan señala en el texto de hace unos días que “algunos culpan de los escándalos al Papa Benedicto XVI. Pero Joseph Ratzinger es el hombre que, semanas antes de su ascensión al Papa hace cinco años, habló duramente en Viernes Santo sobre la ‘suciedad’ en la Iglesia”.

 

Días después, explica la escritora, “en las calles de Roma, informaba el diario italiano La Stampa, el cardenal Ratzinger se encontró con un monseñor de la curia que lo reprendió por sus agudas palabras. Ratzinger replicó: ‘no has nacido ayer, sabes de lo que estaba hablando, sabes lo que significa. ¡Somos sacerdotes! ¡Sacerdotes!”.

 

Para Noonan, existen tres grupos de víctimas ante los casos de abusos que se ventilan actualmente y que, casi en su totalidad, tienen décadas de antigüedad: “el primero y el más obvio, son los niños que fueron abusados”, el segundo es el de “los buenos sacerdotes y religiosas, los grandes líderes de la Iglesia en el día a día, que salvan a los pobres, enseñan a los inmigrantes y, literalmente, salvan vidas. Ellos han sido estigmatizados cuando merecen ser alabados”.

 

Por último, el tercer grupo está compuesto por “los heroicos católicos de Estados Unidos y Europa en las bancas de sus parroquias, las fuertes almas que pese a lo que se le hace a su Iglesia está todavía allí, haciendo la vida parroquial posible, sosteniendo su bandera, con su fe inquebrantable”.

 

“Nadie le agradece nada a esos católicos, nadie ve su heroísmo, ni respeta su paciencia y fidelidad. El mundo piensa que son estúpidos. No lo son. Y con sus oraciones mantienen al mundo avanzando, así como a su Antigua Iglesia”, concluye Noonan.

 

Justicieros

 

Por su parte, el escritor Jon Juaristi, en un artículo titulado ‘Justicieros’, señalaba el pasado domingo, 4 de abril, en el diario ABC que “a riesgo de resultar un pelmazo, vuelvo sobre el tema de mis columnas anteriores, porque la marabunta sigue rugiendo y muchos periodistas y blogueros por libre pretenden ahora que el Papa presente su dimisión”.

 

“Lo de una hipotética dimisión papal tiene más morbo para este tipo de personal, dicho sea de paso, que los propios actos de pedofilia o efebofilia cometidos por curas, que se van revelando como puro pretexto para acorralar a Benedicto XVI”, añade.

 

“Y es que sólo el Papa y la Iglesia se han tomado en serio este asunto. Explotando el escándalo, la prensa amarilla sólo busca vender, y la progre, sacar a los católicos del espacio público, o al menos, si la campaña no diera para tanto, dejar la reputación del clero por los suelos”, prosigue.

 

Juaristi recuerda que, a pesar de que “no soy católico”, “ni a mí se me escapa la inmensa talla moral del actual Pontífice en comparación con sus actuales y pululantes detractores, verdadera masa de acoso”.

 

“No es necesario ser católico para ver con claridad hacia dónde conduce esta batida mediática contra la Iglesia, y, aunque admito que la condición de judío ayuda lo suyo a intuirlo, creo que basta con entender que el justicierismo supone siempre una corrupción del recto sentido de la justicia. Éste se ha eclipsado desde que Benedicto XVI hizo pública su carta a los católicos irlandeses”, continua el escritor judío.

 

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