Es un hecho público y notorio el recorte extraordinario en los presupuestos para 2011. Pero no se trata sólo de esto, además, el 40% del gasto total va dirigido a pagar a los parados y la deuda del Estado. Las infraestructuras, un capítulo básico para generar ocupación, registran un tijeretazo brutal. El más grande de la historia de la hacienda española en condiciones de normalidad; es decir, descontando los periodos bélicos. Nada más y nada menos que un 38%.
En este contexto de recortes generalizados que afectan a la dependencia, incumpliendo una vez más la promesa en este campo, a la paternidad y a la maternidad, hay una partida que brilla con fulgor propio: es la que concierne a los sindicatos, particularmente a los dos grandes, CCOO y UGT. Directamente van a recibir 50 millones de euros, que se dice muy pronto. Es una cifra astronómica que ayuda a entender el compadreo entre los Méndez y Toxos y los Zapateros. Estos sindicatos, a diferencia del resto de los mortales, no deben estrecharse el cinturón. La cuota sindical, los afiliados, les importan poco porque en realidad todos los ciudadanos de este país tenemos un carnet en la sombra de UGT y CCOO que pagamos con nuestros impuestos.
Pero, si uno puede escandalizarse ante estos privilegios, hay que decir que la cuestión no termina aquí. Esta es la aportación directa, la más claramente inidentificable en términos de partidas presupuestarias, pero disponen de otros ingresos variopintos. El más importante es sin duda el de los cursos de formación, que es una especie de sopa boba que, a pesar de los años que hace que se aplican, todavía hay que señalar para qué han servido. Ni un solo estudio, después de los centenares de millones gastados, nos rinde cuentas de en qué consiste dicha formación y que repercusión ha tenido para la mejora de los trabajadores, de sus capacidades y su lógica traducción en términos de productividad.
Después hay una notoria diversidad de partidas 'menores' para sus fundaciones, para actividades culturales relacionadas con el tercer mundo, y un largo etc. Allí donde alguna pasta se mueve allí hay conectada, más grande o más pequeña, una tubería que hace fluir el dinero hacia la caja sindical. Pero esto no agota las aportaciones. Existen también los capítulos de ayuda que se desarrollan a través de las CCAA. No existe una cuenta consolidada de lo que significa todo esto, ni ningún interés en explicarlo, pero el montante mínimo para el 2011 se situará en torno a los 100 millones de euros como aportaciones directas de las administraciones públicas.
Es necesaria una reflexión sobre todo esto. Cuando pedimos una redistribución justa de las cargas y que nadie tenga bula nos referimos a todos los privilegiados por el poder, a los que llevan corbata y también a aquellos que tienen como oficio el sincorbatismo. Exigimos que CCOO y UGT haga públicas sus cuentas consolidadas de todas sus organizaciones y que nos expliquen la procedencia y la cuantía de sus ingresos, y nos detalle la naturaleza de sus gastos.
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