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26/03/2012 - Opinión
Benedicto XVI: el Papa que conquistó México
Durante tres días, el pueblo mexicano conoció un Pontífice que a sus 85 años no escatimó esfuerzos para estar cercano a sus fieles, sobre todo a los niños a quienes dedicó los momentos más emotivos de su viaje
Jesús David Muñoz, L.C.

Con la serenidad y sencillez que le caracterizan, Benedicto XVI pisó tierras mexicanas el pasado 23 de marzo, mientras miles de personas cantaban con entusiasmo versos como: “Sí, sí, sí, el Papa ya está aquí”. Por tres días el país hispanoamericano se vistió alborozado de amarillo y blanco, colores del Vaticano.

 

En un ambiente de desbordante entusiasmo, cerca de seiscientas mil personas aplaudieron los 34 kilómetros de recorrido que tuvo que realizar posteriormente hasta llegar al lugar donde se hospedaría por los siguientes tres días.

 

Benedicto XVI en México fue Benedicto XVI. No quiso ser una copia de su predecesor, fue él mismo. Pero fue precisamente esa candidez y naturalidad lo que conquistó el corazón del pueblo mexicano, quien por tres días conoció un Papa que a sus 85 años no escatimó esfuerzos para estar cercano a sus fieles, de modo concreto a los niños a quienes dedicó, quizás, los momentos más emotivos de su viaje.

 

Lejos de una figura lejana y fría, México ha visto un Papa que se ha entregado a la gente, siendo el Pontífice de mayor edad que ha cruzado el Atlántico; un hombre tranquilo, reflexivo, sonriente, atento a lo esencial, a lo fundamental, a lo humano.

 

La gente supo responder a este cariño caminando largos kilómetros para conseguir un lugar cercano en el que esperarían por horas para ver al Pontífice unos breves segundos en medio del calor del día y del posterior frío nocturno; hecho también que muestra el proverbial fervor del pueblo mexicano.

 

El Santo Padre no habló de política, en un país que atraviesa ahora momentos cruciales en su historia. Él sabe que lo que ahora más necesita este pueblo es una esperanza duradera que no defrauda: Cristo Jesús, Señor de la vida y de la historia. “No se entristezcan como quien no tiene esperanza” (Discurso ceremonia de bienvenida 23.03.12).

 

“Vengo como peregrino de la fe, de la esperanza y de la caridad” (Discurso ceremonia de bienvenida 23.03.12), fueron las palabras con las que anunció el objetivo de su visita. Y su mensaje de paz llegó como agua refrescante a una tierra reseca y erosionada por una guerra que ha cobrado la vida de 47.000 personas en los últimos cinco años.

 

Benedicto XVI llamó a renovar la fe y la alegría de ser cristiano a un país en el que el 83% se declara católico; renovación que debe estar basada en una auténtica conversión a la persona de Cristo, en una purificación del corazón, comunicada como una experiencia de fe y gozo. “El discípulo de Jesús no responde al mal con el mal” (cf. Saludo a los niños 24.03.12), sino que su fe le ayuda a promover audazmente la paz, la concordia, la justicia y la solidaridad (cf. Homilía en la misa, 25.03.12).

 

El único poder que puede ganar el corazón de los hombres es el amor. Benedicto XVI no solo ha dicho que lleva a México y sus problemas en el corazón, que ha venido para que sientan su afecto (cf. Saludo a los niños 24.03.12), sino que también se lo ha demostrado con sus obras. “Benedicto, hermano, ya eres mexicano”.

 

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