30/03/2012 - Colaboraciones
Huelga libre, sí; coacciones y violencia, no
Los sindicatos no pueden exhibir como un triunfo democrático aquello que se ha basado en la violencia
Ricard Mestres
La huelga es un derecho de los trabajadores, de carácter universal, una de las medidas de la situación democrática de un país y claramente expresado en la Constitución Española. Pero se trata de la huelga de verdad, de aquella que es ejercitada con la opinión libre de los trabajadores.
Para que estas condiciones se cumplan es lo más necesario empezar por lo más elemental de toda ella, y es que no existan coacciones ni violencia que impida a quienes quieran trabajar el poder hacerlo. Nada de esto se ha cumplido en el caso de la Huelga General acordada por Comisiones, UGT y otros sindicatos menores, que ha estado marcada por la presión más descarada, con la amenaza, incluso del acto violento. Cómo llamar si no la quema de neumáticos en la entrada de las autopistas a Barcelona para impedir el acceso a la ciudad. O, por poner otro ejemplo, la batalla campal que se desarrolló la tarde de la jornada en el centro de Barcelona con 300 contenedores quemados, o los incontrolados que asaltaron por la madrugada un bingo en el centro de Barcelona llevándose 2.250 euros.
Esta Huelga General también se ha basado en el fraude, no se han respetado en muchos casos los servicios mínimos, o bien porque no han acudido a trabajar quienes debían hacerlo, o bien, porque acudiendo, como el caso de los transportes metropolitanos de Barcelona, muchos conductores de autobuses, al llegar a la parada donde había ciudadanos esperando, no abrían las puertas y pasaban de largo. Se trata de un fraude de ley y esto, evidentemente, no puede ser.
Los sindicatos no pueden exhibir como un triunfo democrático aquello que se ha basado en la violencia. Es un abuso, un mal precedente. Y el Gobierno español, en el caso de Cataluña con competencias en el orden público como en el País Vasco –también se hallan concernidos- deben tomar buena nota. Así un país que además vive la crisis más profunda desde los años cincuenta, y que puede ir todavía mucho peor, no puede funcionar. Si los sindicatos consideran, y hay parte de razones que pueden avalarlos con cuidado de algunos de sus derechos, deben utilizar los instrumentos que el sistema democrático les entrega, lo que la voluntad de los ciudadanos ha manifestado, pero no pueden vulnerar en su acción esa misma voluntad de los ciudadanos porque entonces su comportamiento no es democrático. ¿Qué diferencia hay entre una partida totalitaria que se echa a la calle y un piquete que intenta impedir por la fuerza que abra una tienda? Ninguna. Es la agresión del grupo que intenta imponer sus ideas y su realidad a los demás. Es preocupante y digno de reflexión y actuación la deriva que ha tomado Comisiones y UGT, no se trata ya de que tengan actitudes poco responsables, es que han optado, quizás por miedo a que la huelga no alcanzara los resultados previstos, por el camino de imponer por la fuerza sus criterios. Y esto, una sociedad democrática, no se lo puede permitir
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