02/04/2012 - Cartas de los lectores
La divinidad de Jesús
Miguel Rivilla San Martín
Desde el inicio del cristianismo se viene cuestionando, a lo largo de los siglos, lo que es el fundamento nuclear de la fe cristiana: la divinidad de Jesús. Desde escritos, sin rigor de ningún tipo, apócrifos, fantasiosos, novelados, filosóficos o seudo teológicos, hasta películas y obras literarias, ha existido una voluntad decidida para desprestigiar, que no acabar, con el hecho más relevante del cristianismo.
Más de XXI siglos lleva la comunidad de Jesús (Iglesia católica) proclamando siempre y en todas partes la divinidad de su fundador. El es "la piedra angular que desecharon los arquitectos"... "Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron". En Jesús convergen todos los anuncios hechos, siglos antes, por los profetas en la Biblia. Su existencia humana es absolutamente innegable. Históricamente, los primeros en proclamar su divinidad fueron los apóstoles y sus discípulos, que no creían en su misión trascendente (le traicionaron, abandonaron y negaron )- que era el Mesías anunciado, el Hijo de Dios. Sólo cambian de vida, de pensarlo y proclamarlo con el acontecimiento de su Resurrección, al verle vivo, oírle, tocarle, comer con él, y recibir su mandato: "Sed mis testigos en Jerusalén y por todo el mundo, bautizando a toda criatura en el nombre del Padre, del Hijo y del E. Santo. Quien crea y se bautice se salvará; quien no crea, se condenará”. Con la fuerza de lo alto (E. Santo), inician su misión en Jerusalén ante los mismos que le condenaron a muerte y crucificaron como un malhechor = (sacerdotes y autoridades judías, Sanedrín, ancianos etcétera). Todos los apóstoles tienen que sufrir lo indecible por "obedecer a Jesús = Dios, antes que a los hombres". La persecución les obliga a expandirse por el mundo, dando testimonio de su muerte y resurrección. No para hacerse ricos, famosos, poderosos sino para morir pobres todos y además de un modo violento.
Este es el núcleo histórico no "literario" del cristianismo. Más de XXI siglos después, perdura vivo y candente el mismo problema: ¿es creíble el testimonio apostólico? ¿Mintieron o no los apóstoles y discípulos de Jesús? Cada persona tendrá que definirse.
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Identificarse
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