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16/04/2012 - Colaboraciones
Incoherencias cristianas en los sacramentos
Tenemos la triste facultad de trivializar y convertir lo más sagrado en meros actos sociales en los que priva lo mundano y lo superficial, como sucede en el caso del bautismo
Miguel Rivilla San Martín

Sabido es que los sacramentos de la Iglesia, instituidos por Nuestro Señor Jesucristo, son actos, signos y celebraciones de fe, por lo que se nos comunica la gracia divina. Pues bien, los humanos, incluidos los cristianos, tenemos la triste facultad de trivializar y convertir lo más sagrado en meros actos sociales en los que priva lo mundano y lo superficial. Esto, que sería explicable en personas ajenas a la comunidad cristiana, no tiene apenas justificación en cristianos que, sin reacción, muestran una incoherencia entre lo que dicen creer y lo que celebran. No se puede ocultar la actitud y postura incoherente que se ven en celebraciones de bautizos.

 

El bautismo es el más importante y necesario de los siete sacramentos de la Iglesia y, mira por dónde, es el que se celebra con menos preparación y garantías, tanto por parte de los ministros de la Iglesia como por parte de  padres y padrinos. No es el caso de ejercer el rigorismo en la petición y admisión a este sacramento, pero sí cobrar conciencia clara y colectiva de que, según la seriedad con que se celebren y administren los bautizos de niños, nos jugamos el futuro de la Iglesia, de la familia y de la sociedad.

 

Importantísimo es el primer encuentro con el responsable parroquial. La acogida debe ser cordial y se debe mostrar gran interés por la familia del bebé. Las situaciones conflictivas (madres solteras, padres separados, divorciados, ateos prácticos y sin un mínimo de fe…) no se pueden despachar de cualquier modo. ¿Sería mucho exigir que vinieran los padres –los dos- a realizar tal petición trascendente para todos?

 

Dígase otro tanto sobre las exigencias canónicas -repasar los cánones alusivos al bautismo- de los que piden ser padrinos, de la conveniente preparación de padres y padrinos, de todo lo referente a la celebración de este sacramento, que incorpora al niño a la comunidad eclesial. Y menos manga ancha por parte de los responsables y agentes pastorales y cumplir lo que prescribe la Ley de la Iglesia al respecto. Esto es coherencia, lo demás…

 

Notorias incoherencias se dan en aquellos padres que difieren el bautismo de sus hijos hasta que sean ellos -ya mayores- los que pidan libremente ser bautizados. ¿Por qué no obran así en todos los órdenes de la vida de sus hijos infantes -vestidos, comida, educación etc.- y esperaran a que decidan ellos? Y, ¿qué decir de aquellos padres que piden el bautismo mientras ellos viven en situación irregular sin haberse casado? ¿O la de aquellos padrinos que piden fungir de tales viviendo al margen u oposición a la comunidad eclesial? Un mínimo de coherencia sería lo exigible en tales o parecidos casos.

 

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