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23/04/2012 - Lo mejor de la hemeroteca
Max Horkheimer en la mente de Ratzinger ( y V)
Max Horkheimer no es un pensador cristiano, pero tampoco es un autor ateo. (Publicado el 14 de enero de 2008).
Horkheimer critica la sociedad del tener, al igual que Erich Fromm, también el consumo voraz, la pérdida de humanidad y la fragmentación social
Francesc Torralba Roselló

Max Horkheimer (1895-1973) está en el punto de mira de la última encíclica de Joseph Ratzinger. Es la primera vez, en sentido estricto, que la filosofía crítica de raíz marxista es objeto de análisis y meditación por parte de la máxima autoridad de la Iglesia Católica.

No es extraña esta complicidad entre Ratzinger y Horkheimer. Ambos critican el proceso de deshumanización del siglo XX y la crisis de la fe en le progreso.

Con todo, Horkheimer afirma que, a pesar de todo, somos para bien y para mal, los herederos de la ilustración y el progreso técnico y que oponerse a ellos mediante la regresión a estadios primitivos no mitigaría la crisis permanente que han traído consigo. A su juicio, tales salidas llevan, por el contrario, de formas históricamente racionales a formas extremadamente bárbaras de dominio social.

Como otros autores de la primera generación de la Escuela de Frankfurt, Horkheimer critica la sociedad del tener, al igual que Erich Fromm, también el consumo voraz, la pérdida de humanidad y la fragmentación social. Analiza críticamente las consecuencias del capitalismo desbocado y la transformación del ser humano en un puro objeto de mercancía.

Como ya hiciera Juan Pablo II, en Centesimus annus (1991), Benito XVI critica esta reducción del ser humano a puro producto material y ensalza su dignidad inherente frente a esta “estructura de pecado” que es el capitalismo.

Horkheimer, autor de una obra crucial en la historia de la filosofía contemporánea, Crítica de la razón instrumental, afirma que el progreso amenaza con destruir el objetivo que estaba llamado a realizar: la idea de hombre.

Es la dialéctica que en nuestros días ha conducido a la denominada “sociedad del riesgo”, a un “mundo desbocado”, tal y como el propio Horkheimer denunciaba ya en esta obra con sorprendente lucidez, sin duda la nota más llamativa de su mirada.

No es extraño que Ratzinger preste atención a la obra de este gran pensador judío, pues se anticipa con gran agudeza a los interrogantes que hoy plantean abiertamente muchos desarrollos inquietantes de la razón y la idolatrada modernidad.

La crítica de Horkheimer como la de Ratzinger a la modernidad en modo alguno pretende negar la verdad ni el potencial emancipador de la razón, sino tan sólo expresar la conciencia de una duda razonable sobre el derrotero de esos procesos cuando son movidos ciegamente por la lógica del dominio.

Ratzinger va más allá y considera que en la construcción del mañana, es fundamental la relación mutuamente creativa y fecunda entre la fides y la ratio.

Frente a la lógica del poder, Ratzinger reivindica la fuerza del amor, la virtud teologal de la caridad que abierta a la esperanza es capaz de transformar las estructuras de pecado en pilares de un mundo nuevo.

Ratzinger parte de la idea que el ser humano es capax amoris y que, en tanto que imagen y semejanza de un Dios-Amor, es capaz, con la ayuda de Él, de conducir la historia hacia la verdadera plenitud humana. Lo que verdaderamente salva al ser humano del perverso final es el amor y no la ciencia o la técnica.

Max Horkheimer no es, de ningún modo, un pensador cristiano, aunque tampoco se puede considerar un autor ateo. Es un marxista heterodoxo que va más allá de las tesis canónicas del materialismo histórico y dialéctico y detecta en el ser humano una nostalgia de eternidad, más concretamente del Totalmente Otro que Ratzinger recoge y reinterpreta en clave cristiana.

“Horkheimer -afirma Benito XVI- ha excluido radicalmente que pueda encontrarse algún sucedáneo inmanente de Dios, pero rechazando al mismo tiempo también la imagen del Dios bueno y justo. En una radicalización extrema de la prohibición veterotestamentaria de las imágenes, él habla de la ‘nostalgia del totalmente Otro’, que permanece inaccesible: un grito del deseo dirigido a la historia universal” (& 42).

Benito XVI parte de la tesis que el Totalmente Otro, Dios, se ha revelado gratuitamente en la historia, se ha dado a conocer al ser humano para salvarle y mostrarle el auténtico camino de liberación.

La constatación de esta nostalgia en un pensador de raíz marxista es un indicio que no pasa desapercibido a Ratzinger y vincula con su antropología de corte agustiniana, donde el ser humano es una semilla de eternidad (semen aeternitatis) que siente nostalgia de un mundo que está más allá de lo sensible.

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1 Comentario:
Alfredo
Por si enn el torrente de información de tus clases DSI, pudiera ser una gota de agua..!
1 Comentario








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