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25/04/2012 - Colaboraciones
¿Quién sería el más penalizado?
Creo “muy complicado” encontrar exportadores alternativos en caso de que se cumpliera la amenaza del Gobierno español de cancelar las importaciones desde Argentina
Jesús Domingo

El Gobierno español está estudiando aplicar una serie de medidas contra Argentina por la expropiación de YPF. Se rumorea que una de estas medidas podría ser la prohibición de la importación de harina de soja procedente de Argentina. De confirmarse esta medida, habría que ver quién sería el verdaderamente penalizado, si Argentina o el sector ganadero español y de manera especial el catalán.

 

La ganadería intensiva española es muy dependiente de las importaciones de harinas de soja, especialmente de las de Argentina. En 2011 España importó 2,2 millones de toneladas de las que un 75% (1,6 millones) procedían de Argentina. No se trata de una situación coyuntural sino que es la tendencia que se ha registrado en los últimos años. Entre 2003 y 2011, la media anual importada de harinas de soja fue de 3,1 millones de toneladas de los que el 82% procedían de Argentina.

 

La harina de soja se utiliza en la mayor parte de las explotaciones ganaderas, al ser un aporte básico de proteínas para los animales. España es muy deficitaria en el cultivo de la soja, por lo que debe importar grandes cantidades de este cultivo. En concreto, la soja en forma de harina se importa en un 85% desde Argentina. Creo “muy complicado” encontrar exportadores alternativos en caso de que se cumpliera la amenaza del Gobierno español de cancelar las importaciones desde Argentina.

 

España precisa unos 4,6 millones de toneladas de harina de soja para alimentar a su ganadería. 2,2 millones de ellas proceden de la importación y el resto de la molturación de los 3 millones de habas de soja importadas (fundamentalmente de Brasil y EEUU).

 

El motivo de que se importe más harina de soja de Argentina que de otros lugares es porque resulta más barato. Si las importaciones argentinas se suspendieran, habría que buscar otros orígenes para la importación, que serían opciones más caras, que tendrían menos disponibilidad y que podrían contener posibles trazas de maíz MG no autorizado en la UE, como en el caso de que se importara de Estados Unidos, contraviniendo el principio de tolerancia.

 

Importar más haba de soja tampoco sería solución por problemas en la capacidad de molturación y por la escasez de oferta en el mercado.

 

Por el contrario, en un mercado mundial como el actual, con poca producción de soja, Argentina no tendría grandes problemas en exportar la harina que no exporte a España a otros destinos, como el sudeste asiático.

 

Algunas OPAs han pedido al Gobierno “cautela y prudencia” en sus reacciones a la nacionalización del 51% de la empresa petrolífera YPF, decretada por el Gobierno de Argentina. “Los ganaderos no podemos ser las víctimas de una reacción precipitada que puede tener efectos nefastos sobre el sector primario español”, han declarado desde una de estas OPA.

 

Han advertido de que, en caso de consumarse la supresión de importaciones, se produciría un “desabastecimiento grave” de soja y el precio de esta materia prima subiría “de forma insoportable” para los ganaderos españoles, inmersos desde hace tiempo en una grave crisis de rentabilidad por la subida de los costes de producción y el bajo precio que perciben por sus productos, problemas a los que se ha sumado este año la sequía, que genera más gasto en alimentación a los ganaderos por la carencia de pastos en el campo.

 

 

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