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08/06/2012 - Colaboraciones
Extender un cheque en blanco
Vocación es elección y determinación personal a partir de la espera paciente de la respuesta divina particular en el propio silencio de la intimidad del alma con Dios
Francesc Martínez Porcell

¿Vocación y conciencia? ¿Vocación o conciencia? ¿Vocación sin conciencia? ¿Mi conciencia y tu vocación? ¿Mi conciencia de hombre o mujer, recta y verdadera, y después Dios dirá y si no es así ya lo diré yo? Me va a permitir todo lector que yo afirme más bien vocación, pero vocación como llamada de Dios desde el santuario de mi propia conciencia.

 

El pasado domingo 18 de marzo, día del Seminario, un seminarista joven de mi diócesis nos ofreció, antes de la bendición del celebrante, su testimonio. Dijo con asertividad una frase no de cosecha propia pero que él hacía suya asumiéndola. Vocación es extender un cheque en blanco firmado y ofrecérselo a Nuestro Señor.

 

En otras palabras, manifestó lo mismo que El Peregrino. A principios del siglo XVI, zarandeado por dentro y con sus esquemas rotos se desposeyó voluntariamente de sus bienes y despidió a sus sirvientes. Ataviado con su uniforme militar, cojo por unas heridas de guerra, partió sólo con una mula desde el entonces incipiente Santuario de Aránzazu. Sabía muy bien a dónde se dirigía: al Santuario de Nuestra Señora de Montserrat. Era el más notable de su época. Partió con una doble intención: primero peregrinar a Tierra Santa para después ingresar en la cartuja haciendo penitencia en el camino. En Montserrat había cola de peregrinos y permanencia vigilada por alguacil limitada a tres días de estancia. Se recluyó en la ermita del Buen Ladrón, San Dimas. Veló ante Nuestra Señora la Noche de la Encarnación del Hijo de Dios, el 25 de marzo de 1522.

 

Ya conocéis el resto. ¡O tal vez no! Se confesó por escrito en Montserrat de su vida pecadora, guiado por un sacerdote francés (Xanon ó Chanones) que recaló en Montserrat abrazando la Regla y que luego fue maestro de novicios en distintas comunidades benedictinas de España y Portugal. Vestido de sayo, el peregrino ofrendó su espada, símbolo de su condición militar, a Nuestra Señora. Descendió la montaña y dentro de una Cueva, orientada a la visión de Montserrat, vivió una experiencia denominada ejercicios espirituales. Después peregrinó en solitario a Tierra Santa embarcándose en el puerto de Barcelona. Volvió al cabo de un año. Residió dos años en dicha ciudad. Alojado en familia en una casa en la calle que todavía hoy lleva su nombre. Pidió limosna para costear sus estudios a las personas que tomaban el agua bendita en la hoy Basílica de Santa María del Mar. Empezó a estudiar en la ciudad de Barcelona. Era lego en la materia. Finalmente no ingresó en la cartuja. Siguió formándose en distintas ciudades españolas. Años más tarde fundó la Societate Iesu, la Compañía de Jesús, los jesuitas. Con hombres más jóvenes que él. Él todavía no era sacerdote. Pero ya era Fundador. Volvió con todos ellos siete a Tierra Santa. Le llamaban todos padre Ignacio.

 

Fundó una Compañía de apóstoles, mártires y santos en los siglos venideros. La Iglesia nos lo propone como modelo de santidad un siglo después de su confesión en Montserrat y subsiguiente retiro en una Cueva de Manresa. Se llamaba Ignacio ó Íñigo de Loyola. Fue canonizado en 1622 junto con otro componente joven del grupo fundador, el navarro de condición noble Francisco Jaso Azpilizcueta, San Francisco Javier.

 

El libro de los “exercicios spirituales para vencer a si mismo y ordenar su vida, sin determinarse por affección alguna que desordenada sea” lo divide en cuatro tiempos o semanas. Inicialmente eran semanas reales dirigidas por padre Ignacio de más menos días ajustadas al ritmo personal de quién se ejercitaba, para que en el tiempo de un mes darlos por concluidos. “Pero poco más o menos se acabarán en treinta días” (cuarta anotación inicial para situarse).

 

Dentro de la segunda semana nos refirió el preámbulo para hacer elección. Reza así: “En toda buena elección, en cuanto es de nuestra parte, el ojo de nuestra intención debe ser simple, solamente mirando para lo que soy criado, es a saber, para alabanza de Dios nuestro Señor, y salvación de mi ánima; y así cualquier cosa que yo eligiere, debe ser a que me ayude para el fin para que soy criado, no ordenando ni trayendo el fin al medio, mas el medio al fin; así como acaece que muchos eligen primero casarse, lo qual es medio, y secundario servir a Dios nuestro Señor en el casamiento, el qual servir a Dios es fin. Assimismo hay otros que primero quieren haber beneficios y después servir a Dios en ellos. De manera que éstos no van derechos a Dios, mas quieren que Dios venga derecho a sus affecciones desordenadas y, por consiguiente, hacen del fin medio y del medio fin. De suerte que lo que habían de tomar primero toman postrero; porque primero hemos de poner por obiecto querer servir a Dios, que es el fin y secundario tomar beneficio o casarme, si más me conviene, que es el medio para el fin; así ninguna cosa me debe mover a tomar los tales medios o privarme dellos, sino sólo el servicio y alabanza de Dios nuestro Señor y salud eterna de mi ánima”.

 

Vocación es elección y determinación personal a partir de la espera paciente de la respuesta divina particular en el propio silencio de la intimidad del alma con Dios. Es saber decirle antes a El en nuestra oración personal como el Profeta Samuel y con actitud de niño “Habla, Yahvé, que tu siervo escucha” (1 Samuel, capítulo 3º entero). Es saber escuchar a Dios cuando El nos habla o interpela sin confundir por nuestra parte la verdad teológica revelada del Verbo Encarnado con el discurso racional de las palabras insuficientes de los hombres, por bien intencionadas que estén y sean acertadas. Saber reconocer también a Dios en las manifestadas  a través de estos mismos hombres a lo largo de los siglos y en nuestro entorno. Y esto vale tanto para todo monje, como para toda religiosa, como para todo sacerdote y como para todo laico/a especialmente el comprometido/a. Obviamente, sólo el sacerdote, por la imposición de manos del Obispo, adquiere tal condición in aeternum. Obviamente, la promesa de virginidad o celibato es un juramento que liga de por vida. Obviamente, casarse es prometer el hombre enamorado a la mujer enamorada y a continuación esa misma mujer a ese mismo hombre una fidelidad de por vida terrenal, haciendo del amor esponsal promesa de sacramento abierta a la transmisión de la vida.

 

Vocación es todo. ¿El planteamiento se hace siempre desde el santuario de la propia conciencia? Dificultades en la vida las ha habido y las habrá siempre para todo mortal de cualquier condición haga lo que haga. Distintas sin duda y casi siempre no comparables. Si se entiende Vocación desde la propia Conciencia, sobrenaturalizando su examen, los carismas serán diversos; la finalidad, la misma. Alabar, Adorar y Servir a Dios Nuestro Señor desde nuestra elección, la personal de cada uno, cuando atendemos en nuestro interior la voz de Dios que ilumina nuestra recta conciencia.

 

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