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08/06/2012 - La firma
Que no canonicen al jesuita Francesc Abel, del Instituto Borja
Poco antes de casarme llamé al Instituto con una duda sobre fertilidad y respeto al embrión. El padre Abel me escandalizó. Y traicionó a la Iglesia muchos años.
Pablo J. Ginés

En mayo del año 2000 yo estaba a punto de casarme con una guapa extranjera rubia y de ojos azules, etc, etc... y además de los esfuerzos habitacionales que estas cosas suelen implicar me preocupaban aspectos bioéticos. Los dos éramos católicos y estábamos decididos a seguir la doctrina católica sobre fertilidad, rechazando de plano la anticoncepción y apuntándonos, un poco a última hora, a un curso de regulación natural de la fertilidad.

Ya habíamos tenido que decirle adiós muy buenas a una ginecóloga "mundana" que no tenía ni idea de regulación natural y nos quería vender su propia moto anticonceptiva. Aún no contábamos con un ginecólogo católico.

En esa época me dedicaba al periodismo de moda y textil, no al sociorreligioso, y en mi tiempo libre leía mucho de temas bioéticos y religiosos en libros o en Internet, formándome de manera autodidacta. Me preocupó la posibilidad de que un matrimonio que conoce su ritmo de fertilidad pudiese ser irresponsable si tuviese relaciones que pudiesen engendrar un hijo en un momento del ciclo en que hubiese mucho riesgo de que el embrión fuese expulsado. Reconozco que aún hoy no tengo claro esto, ni siquiera a nivel técnico.

Busqué por Internet una institución de bioética católica a la que poder consultar, y encontré un tal Instituto Borja en Sant Cugat. Llamé por teléfono. La secretaria que me atendió no entendía de qué le hablaba pero me dijo: "le paso con el padre Abel, que es médico y experto en bioética".

El tal padre Abel pareció, por su tono al teléfono, muy desencantado al ver que yo era un simple joven casadero con inquietudes morales. "Si es en los primeros días, no pasa nada, y menos si no hay control sobre si hay fecundación o no", me dijo con ganas de zanjar rápido el tema.

"Ya, pero es que sí que hay control, porque si practicamos regulación natural tenemos las gráficas, sabemos el momento del ciclo en que estamos, y eso es bastante control", le respondía yo.

Hoy entiendo que sólo oir lo de "regulación natural" ya debió ponerle en mi contra. Muy molesto me respondió que el tema no tenía interés, que lo que le pase al embrión antes de la implantación no era sujeto de debate moral.

Yo empecé a entender que aquel señor no estaba defendiendo la vida humana desde la concepción. ¿Pudiera ser que no comprendiese bien lo que decía el doctor y jesuita?

"Pero, eso que me dice usted, ¿es lo que enseña la Iglesia? Quiero decir, a mí me interesa no hacer daño al embrión, tengo que defenderlo, buscar su bien, ya desde su concepción, ¿no?", insistí.

"Haga usted lo que quiera. Yo le digo lo que cuenta la bioética más avanzada. La Iglesia, bueno, va a su aire... Y le ruego que me deje que tengo cosas que hacer".

Fue la primera vez que consulté a un "cura sabio" experto en bioética... y no encontré ni sabiduría ética ni solicitud pastoral.

Resulta ahora que el Instituto Borja de Bioética -del cual Abel fue fundador- y la Editorial Proteus publican en español y en catalán un libro llamado "Francesc Abel y la bioética, un legado para la vida". Parece que lo quieren canonizar por lo civil.

Más honrado sería titularlo "Un legado CONTRA la vida" porque, como luego supe, Abel fue un militante contra la doctrina pro-vida católica, defendió la eliminación de enfermos (eutanasia), la de embriones tempranos y unas cuantas barbaridades bióeticas más. Era especialmente rotundo en su apoyo al aborto pre-implantacional y la anticoncepción que causa abortos tempranos (PDD, DIU, píldora anticonceptiva tomada después de una posible fecundación...). Su "truco" (como el de la industria clonadora) era siempre el mismo: el aborto antes de la implantación del embrión no le parecía un aborto, y la vida del embrión humano temprano era disponible.

A cambio recibía aplausos de la sociedad civil "progre", sobre todo con las dos legislaturas del tripartito y con los gobiernos Zapatero que empezaron en 2005.

En la nota de agencia Efe lo presentan como "pionero en Cataluña de la bioética" y alaban su "espíritu de diálogo entre las ciencias y las humanidades".

En realidad era un quintacolumnista de la Cultura de la Muerte (como la llamaba Juan Pablo II) en medio de la Iglesia. Ya en 2005 los obispos catalanes tuvieron que regañar a su Instituto Borja y en 2009 quedó especialmente retratado cuando E-Cristians y Médicos Cristianos de Cataluña y la Asociación Catalana de Estudios Bioéticos recopilaron algunas de las barbaridades que el Instituto y el padre Abel estaban difundiendo.

En 2008, el padre Abel o representantes de su Instituto participaron en 9 programas de radio de Cataluña, en 3 programas de TV3, en otros 3 de Barcelona TV, otros dos en televisiones locales (Vallés y Lérida), 4 veces en Diario Médico, 3 veces en La Vanguardia, 2 veces en El País y algún caso en Diario de Burgos y La Voz de Galicia. Eso significa que decenas o cientos de miles de personas fueron impactadas con un mensaje "bioético" de una fuente pretendidamente cristiana, pero qaue en realidad era anti-cristiana.

En 2009 lograron un nuevo hito al publicar una nota a favor del aborto y de la nueva "ley Aído".

El padre Abel era miembro de la Comisión General de Bioética de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios y usaba a la Orden para difundir su bioética anti-católica.

Como era tan dócil al tripartito, no hubo problema para que formase parte del Comité Consultivo de Bioética de Cataluña: eran 40 miembros designados por la Generalitat socialista, donde todos, excepto un par de miembros, eran favorables al aborto, la eutanasia y la clonación. Abel no era de los disidentes sino de la mayoría conformista.

Formaba también parte de la Comisión de Bioética de la SEGO, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia. Así, cuando un ginecólogo provida protestaba por alguna propuesta que destruía embriones humanos en sus primeras fases de vida le remitían "al padre Abel, que es jesuita y de la comisión de bioética". Pensemos que muchos médicos, incluso católicos que quieren ser fieles al magisterio, desconocen algunos temas bioéticos. "Si ese jesuita no protesta, ¿cómo osas protestar tú, simple médico, seglar sin títulos teológicos ni bioéticos?", se sugería.

El Instituto Borja del padre Abel no pasaba penurias: en 2008 gastó 202.000 euros en sueldos. Recibió 80.000 euros (13 millones de pesetas) en ayudas públicas, 175.000 en ayudas privadas, 84.000 euros de "ingresos financieros" y 27.000 de "ingresos extraordinarios".

El padre Abel murió el año pasado. Habrá comparecido ante un Tribunal mucho mejor documentado que el de este pobre periodista. A los vivos nos corresponde sólo saber que no sirvió a la Iglesia ni a la causa de la vida ni a los más pobres, pequeños y desvalidos.

Que el libro que se acaba de publicar sobre él no sirva para canonizarlo. Y que alguien vigile al Instituto Borja.

Repase todos los escándalos del Instituto Borja hasta 2009 en este artículo:
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=14949

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