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17/07/2012 - Economía
Dos decálogos para “una salida alternativa de la crisis” europea
Antoni Comín, profesor de ESADE, propone diez medidas para crear “una nueva arquitectura fiscal europea” acompañadas de otras diez para “una nueva, seria y efectiva regulación del sistema financiero”
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Isabel Ordóñez

La crisis que ahoga a Europa, sobre todo a los países periféricos entre los que se encuentra España, está encendiendo las alarmas hasta tal extremo que incluso se está cuestionando la continuidad del propio euro, como mínimo en algunos de los países víctimas de la recesión.

 

Mientras tanto, a pesar de los sonoros y antisociales recortes que han tenido que poner en marcha los países más cuestionados, y de nuevo España destaca entre ellos por las consecuencias que tendría para la Unión Europea su rescate en toda regla, los mercados y Bruselas no les dan un respiro.

 

Sin ir más lejos, este mismo lunes, 16 de julio, el Fondo Monetario Internacional (FMI) revisaba a la baja sus pronósticos para España, que sufrirá una contracción del 0,6% en 2013. El FMI empeora en siete décimas sus perspectivas para este país el año próximo y constata que será la contracción más aguda entre las economías avanzadas.

 

Al mismo tiempo, el economista jefe de esta institución, Olivier Blanchard, ha asegurado que “el mayor riesgo para la economía global es el círculo vicioso en España e Italia”. De hecho, son los dos únicos países de las 14 potencias mundiales destacadas para los que el FMI prevé que en 2013 sigan en recesión.

 

En este pesimista contexto, es siempre bien recibida y digna de análisis cualquier propuesta presentada por expertos en Economía que suponga una alternativa a las medidas que actualmente se están imponiendo desde Bruselas.

 

La alternativa, dos decálogos

 

En ese sentido, Antoni Comín i Oliveres, profesor de ESADE (Universitat Ramon Lull) y ex diputado del Parlamento de Cataluña por el grupo PSC-CpC, propone dos decálogos para “una salida alternativa de la crisis” europea.

 

En un artículo de opinión publicado el pasado 11 de junio por el diario El País, Comín expone diez medidas para crear “una nueva arquitectura fiscal europea”. El profesor de ESADE también considera que esas medidas deberían ir acompañadas de otras diez para “una nueva, seria y efectiva regulación del sistema financiero”.

 

Este experto se hace la siguiente pregunta: ¿Que el euro sea percibido por muchos ciudadanos más como una prisión que como una protección no es acaso un cierto fracaso del proyecto europeo?

 

Ante esta cuestión, él considera que “las socialdemocracias europeas pueden ofrecer hoy una salida de la crisis alternativa: un programa para el crecimiento que evite el desguace progresivo del Estado del bienestar y permita reinventar el círculo virtuoso entre productividad, redistribución y cohesión social”.

 

“Una nueva arquitectura fiscal”

 

“La columna vertebral de esta estrategia –afirma- debería ser una nueva arquitectura fiscal europea, que se puede resumir en estas diez medidas”:

 

1. De entrada, ralentizar el calendario del ajuste para los países con mayor déficit, ahora que se ha demostrado que “el ajuste será lento o no será”.

 

2. Dotar al BCE de capacidad para comprar deuda pública –como los bancos centrales de Estados Unidos, Inglaterra y Japón- y reformar su mandato para que priorice el crecimiento y no sólo la inflación.

 

3. Crear los eurobonos, una vez ya establecida la coordinación presupuestaria entre los estados de la UE.

 

4. Impulsar una pequeña gran revolución tributaria: impuestos al capital financiero (tasa Tobin), impuestos verdes, equiparar la fiscalidad entre rentas del capital y del trabajo, etc.

 

5. Junto con lo anterior, armonizar los impuestos sobre aquellos factores productivos con mayor movilidad (sociedades) y generalizar los impuestos a los bancos, al patrimonio y a las grandes fortunas.

 

6. Intensificar la batalla contra los paraísos fiscales —incluidos los del interior de la UE— y acabar con el fraude fiscal en los países más defraudadores, entre ellos España.

 

7. Financiar la inversión pública —esa que además de relanzar el crecimiento nos prepara para el futuro— por medio un Banco Europeo de Inversiones reforzado con más capital.

 

8. Establecer un verdadero presupuesto público europeo, orientado hacia la I+D+i, las redes transeuropeas de transporte, las energías sostenibles y las telecomunicaciones.

 

9. Crear una agencia europea de rating, para librarnos del oligopolio de las agencias norteamericanas, que han dado sobradas muestras de poco acierto y dudosa independencia.

 

10. Dotar al MEDE —nuestro particular Fondo Monetario Europeo— de reglas más flexibles y capital suficiente, para que pueda actuar más como un instrumento de prevención que de rescate.

 

“Regulación del sistema financiero”

 

Tras exponer estas medidas, Comín se pregunta ahora si hay motivos para el optimismo. La respuesta viene cuando afirma: “sin embargo, este programa fiscal, por ambicioso que sea, quedaría cojo si no fuera acompañado de una nueva, seria y efectiva regulación del sistema financiero”.

 

Es por esto que “el decálogo anterior habría que completarlo con otro que detallase el contenido de tal regulación financiera”:

 

1. Impedir la creación de bancos sistémicos —too big to fail o, mejor, too sistemic to fail— y vigilar los que existen para impedir que incurran nuevamente en comportamientos de riesgo moral.

 

2. Controlar las innovaciones financieras (derivados, CDS, etc.) y prohibir aquellas que entrañan más riesgos que ventajas, para evitar que se conviertan en “armas de destrucción masiva” —según la acertada expresión de Warren Buffet—.

 

3. Separar nuevamente la banca comercial de la banca de inversión; regular adecuadamente la “banca en la sombra” (banca de inversión, hedge funds, etc.) para que “quede iluminada”, de acuerdo con el principio de que “todo lo que es susceptible de ser rescatado en tiempo de crisis debe estar regulado en tiempo de bonanza” (Krugman).

 

4. Garantizar que los bancos dispongan de capital suficiente para “rescatarse a sí mismos” en caso de futuras crisis (acuerdos de Basilea III), para evitar la repetición del bochornoso espectáculo de los rescates públicos y asegurar que, descartados estos rescates, el sector financiero queda sometido a la disciplina del mercado igual que los demás.

 

5. Evitar la “captura del regulador”, empezando por lo que Rajan llama la “captura cognitiva”: la capacidad del sector financiero para dominar las voluntades o para colonizar las mentes de las agencias públicas que deben regularlo; evitar, en suma, los efectos perversos de la “puerta giratoria”.

 

6. Regular los bonus de los directivos del sector financiero, para que incentiven la prudencia y la estabilidad a largo plazo y no los beneficios a corto plazo, casi siempre asociados a riesgos irresponsables.

 

7. Penalizar la especulación financiera: limitando las ventas bajistas y al descubierto, instaurando la tasa sobre las transacciones a corto plazo.

 

8. Instaurar algunos mecanismos de control a la circulación del capital financiero (Rodrik).

 

9. Devolver un espacio a la banca pública en el conjunto del mapa financiero; potenciar la banca ética, minoritaria pero importante a nivel cualitativo.

 

10. Proteger los consumidores de productos financieros de posibles abusos —incluyendo, por supuesto, la dación en pago—.

 

Antoni Comín concluye su artículo subrayando que “estos dos decálogos deberían servir para construir, con suficiente realismo, la hoja de ruta actual del progresismo europeo. Deberían servir para devolver una esperanza a los ciudadanos de la UE: que nuestra sociedad no será más injusta ni más pobre que la de nuestros padres, eso que tantos europeos estamos esperando hoy de la política”.

 

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3 Comentarios:
Gabriel
Yo creo que eso podría valer, pero se tendría que hacer ya y rápido. En españa -y desde otro punto de vista- habria que adelgazar las administraciones públicas, todas (local, provincial y autonómica) para evitar un gasto público desbocado con un número casi incontable de institutos, empresas públicas, sindicos varios, delegaciones varias, etc. Se que esto molestará a algunos (a unos mas que a otros), pero es necesario. En las autonomías nos hemos creido que esto era una carrera para ver quien daba más a sus ciudadanos y estamos equivocados poruqe hemos olvidado el sentido común y la solidaridad interterritorial (solidaridad de las mas ricas con las menos ricas y viceversa)
Lluís Puig
Las propuestas anteriores, con ser algunas de ellas sensatas, no creo que puedan aportar la solución en las actuales circunstancias. Y algunas de ellas ya se han implementado. El BCE ya ha adquirido deuda de países y, es más, ha relajado las normas al efecto de que los bancos centrales de los países en apuros "imprimieran dinero". Lo de los eurobonos no es más que una socialización a nivel europeo de los elevados niveles de deuda de los paises periféricos y, visto dese la óptica de los más eficientes, es una solución del todo injusta. Ello a pesar de que al final acabaremos teniendo eurobonos con la definición que sea. La pregunta clave es la que formula Marcel Mariner al final de su comentario: todo esto realmente no pasaría con la peseta y la lira, y el dracma y el escudo portugués. El problema que tiene hoy Europa es el Euro. Este sistema de moneda única no permite que los países con un fuerte déficit en su balanza por cuenta corriente con respecto a los demás socios puedan reequilibrar sus cuentas. Y ello obliga a financiar cada año el desfase que se produce entre importaciones y exportaciones. Y esta financiación es limitada: un día no habrá ya más dinero para ello en Europa. En realidad ya no lo hay si uno es lo suficientemente cuerdo. Solución al problema: volver a la moneda propia, devaluar, ganar competitividad exterior y reequilibrar la balanza procurando crecimiento a la economía; menos importaciones, más exportaciones, se crearía empleo y se podrían ir reduciendo los niveles de deuda exterior. Esta es la única vía lógica y posible a pesar de que muchos políticos y parlamentarios se empeñan en definir esta solución como "enemiga del concepto de integración europea". Pero la realidad es tozuda y lo que no es posible sigue no siéndolo a pesar de que ellos mantengan lo contrario. Con el sistema actual de ayudas no se resuelve nada. Solamente se va alargando la enfermadad y sigue creciendo el descontento entre la gente porque nada mejora. Y al final puede que por esta vía el euro rompa estrepitosamente ya que los niveles de deuda ya son insostenibles. Nuestra economía sigue sin ganar competitividad. Es por ejemplo clarísimo que hoy, tanto Grecia como Portugal deberían ya haber salido del sistema. Y ello en beneficio de su población y, sobre todo, de sus jóvenes. Porque ahora no tienen, como en España, donde poder lograr un empleo y son estos los que deben poder mirar con optimismo su futuro. Ojalá pudiéramos desprendernos de la mayoría de los políticos que nos gobiernan: son incompetentes, la mayoría, no entienden siquiera lo que está ocurriendo y, en algunos casos son incluso malignos. No se buscan los intereses de la mayoría. Salirse del euro no quiere decir abandonar Europa. Quiere decir sentar las bases para salvar al propio país y contribuir después a la redefinición de otra Europa, más Estado, con menos soberanías estatales y con políticas fiscales más comunes que proven más bienestar para todos y no la distribución de la miseria y las deudas como se está haciendo ahora. La solución más eficiente y rápida para la recuperación económica del grupo de países GIIPS es salir del euro. De esto no debería quedar ni un resquicio de duda.
Marcel Mariner
Pero hay un problema: Los políticos "europeos" de los distintos partidos políticos "europeos" que por turnos dicen lo qué debe hacerse ¿creen en el euro como moneda única? En el Reino Unido no hay euro; en Suiza tampoco. Este rollo "europeo" empezó hace muchos años con aquello del Mercado Común que al parecer tiene de Mercado lo que no tiene de común. Eso sí tenemos el euro. Pregunto: ¿todo esto que está pasando sería igual con la peseta y la lira?
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