A pesar de los duros ajustes llevados a cabo por el equipo económico del Ejecutivo de Mariano Rajoy, el Gobierno español no consigue reducir un gasto público cada vez más desbocado y, por tanto, se ve incapaz al mismo tiempo de calmar a los mercados.
De hecho, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoso, revelaba el pasado 20 de julio que el gasto público crecerá un 9,2% en 2013 debido a los intereses de la deuda y al aumento de los gastos de la Seguridad Social. Lo hacía en la presentación, con casi un mes de retraso, de sus previsiones macroeconómicas y el techo de gasto que serán la guía para elaborar los Presupuestos de 2013.
Según las cifras presentadas por Montoro, el Estado deberá pagar 9.114 millones de euros de más en concepto de intereses por el aumento de la deuda y de la prima de riesgo, un reflejo de que los mercados no confían en que el Ejecutivo de Rajoy pueda controlar las cuentas públicas.
Según el ministro de Hacienda, el Gobierno estima que los gastos públicos del Estado crecerán desde los 116.295 millones de euros previstos este año hasta los 126.792 millones calculados para el año próximo, es decir una subida del 9,2%.
“El círculo vicioso de Grecia”
Ante esta situación, surgen inmediatamente algunas preguntas clave: ¿por qué no consigue calmar
el Ejecutivo de Rajoy a los mercados?, ¿qué es lo que está haciendo mal?
La respuesta tiene que ver con una afirmación publicada por el diario británico The Guardian hace un par de días: “España está siguiendo el círculo vicioso de Grecia, que comienza con un débil crecimiento y un desempleo creciente y termina con los rescates costosos que hacen más daño aún”.
El rotativo británico subraya que la lección aprendida de Grecia es absolutamente clara: recortar el gasto público al mismo tiempo que se aumenta la presión fiscal en una situación en que la economía está en caída libre solo conduce a un incremento de la deuda pública.
Este círculo vicioso se manifiesta de forma evidente porque lo que se produce es una reducción de la actividad económica, con lo que el Estado recauda menos. Al subir los intereses de la deuda, lo que el Estado se ahorra por una parte en los recortes se lo gasta por otra, así de simple.
Con unas perspectivas de crecimiento negativas, los mercados seguirán creyendo que el Estado no podrá pagar y el coste de la deuda pública y la prima de riesgo continuarán en cifras inasumibles para la economía española.
La solución, un nuevo Plan Marshall
A partir de esta realidad, la cuestión que se plantea es cómo acabar con ese círculo, y la respuesta
no es tanto que se deban evitar unos recortes del gasto público, a todas luces necesarios, como el adoptar medidas paralelas de estímulo a la economía.
Además, en este caso, debería tomarlas la Unión Europea ya que si lo hace el Gobierno español lo único que conseguiría sería aumentar el gasto público. En la misma situación se encuentran países como Italia, Portugal o Grecia, que también necesitan combinar los recortes con medidas desde la UE para reactivar sus maltrechas economías.
La solución a todo ello es un nuevo Plan Marshall, como el que permitió en su día salir sobre todo a Alemania, pero también a otros países, de la catástrofe tras la II Guerra Mundial. Esto quiere decir préstamos en extraordinarias buenas condiciones y con intereses muy bajos.
De la misma manera que Estados Unidos puso en práctica en esos tiempos de penuria una solidaridad inteligente con Europa, ahora los países del norte de Europa y el FMI deberían hacer algo parecido con los países del sur.
En su día, los dirigentes estadounidenses valoraron que, tras la guerra, los países que estaban arruinados eran un foco de inestabilidad y pobreza, y Estados Unidos necesitaba una Europa democrática y estable, capaz de comprar sus mercaderías. Este mismo razonamiento, aún multiplicado, es el que se podría aplicar ahora y sin los inconvenientes de la lejanía geográfica.
En cualquier caso, las dificultades para llevarlo a cabo no son pocas, debido a la oposición de las poblaciones de países como Alemania y Holanda, entre otros. Y también está el mal diseño de la estructura interna de
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