inicio
  Jueves, 24 de julio de 2014
Bookmark and Share
  Votar:  
Resultado: 2,3 puntos2,3 puntos2,3 puntos2,3 puntos2,3 puntos   3 votos
19/04/2013 - Opinión
La Iglesia de los pobres
Lo que estoy sugiriendo es la distinción entre laico/a y ministro consagrado pero con planteamiento de siglo XXI que camina ya hacia el XXII
Es imprescindible la fidelidad a la doctrina cristiana católica desde la obediencia doctrinal a la Doctrina de la Iglesia, al propio obispo y al Papa
Marcel Mariner

El "clericalismo eclesial" no viene determinado por el hecho de que la mujer no pueda ser ordenada canónicamente sacerdote hasta la fecha, sino por una especie de ceguera pastoral muy arraigada. Igual me excedo con este comentario. Es sólo una reflexión laica de un laico casado y padre muy alejado en lo doctrinal de eso que se denomina hace años Iglesia de los pobres, casi siempre desde la desobediencia al Papa y a los cánones de la ortodoxia.  Francisco Javier se empleó a fondo en aprender japonés después de evangelizar en la India. Antes peregrinó a Tierra Santa con sus compañeros jesuitas bajo la dirección de Padre Ignacio. Padre antes de ser sacerdote.  Hizo como todos ellos los tres votos seculares de castidad, pobreza, obediencia y el nuevo de obediencia al Papa. Era de familia rica y noble. Murió pobre, enfermo y abandonado en una isla cercana a la China. Su muerte fue conocida en Europa tres años después de producirse. ¡Y ése es el santo patrono de las misiones!. En un mundo fuertemente secularizado en el que nacen pocos niños, creer con hechos demostrados en el matrimonio como sacramento y en la descendencia como una bendición de Dios de raíces bíblicas es tarea hoy de quijotes masculinos y femeninos a contracorriente fuera y dentro de la Iglesia. Es más notoria aún la dificultad en entender el celibato como una entrega total a Dios desde la renuncia, trátese del sacerdocio o de los votos religiosos en comunidad religiosa masculina o femenina.

 

El problema acuciante es pastoral. Pues ¿qué impide que, por ejemplo, un laico o una laica a las órdenes de su prelado y por la vía canónica ostente el cargo de párroco o párroca, es decir que sea el titular con cargo gobernativo de una determinada comunidad parroquial o arciprestal? Todas las funciones "administrativas" estarían a su cuidado y en equipo. Se abriría entonces una nueva perspectiva pastoral a los sacerdotes como ministros ungidos de Jesucristo. Éstos podrían por fin ejercer sólo de ministros administrando los sacramentos, rezando con los fieles, atendiendo espiritualmente tanto a laicos comprometidos como a religiosas, como a catecúmenos, como a tantos hombres y mujeres que necesitan conocer y aprender doctrina cristiana, recibir consuelo humano y espiritual, orientación, formación sólida bíblica, filosófica y teológica, etc. ¿Para cuándo por ejemplo un piso compartido por sacerdotes en población estratégica en zonas rurales? Sacerdotes conductores de vehículo para llegar a todas las parroquias confiadas para consagrar y perdonar los pecados en nombre de Jesucristo. ¿Para cuándo parroquias urbanas especializadas en quehaceres distintos? ¿Quién ha dicho que un sacerdote es el pastor que lo hace todo en toda comunidad y que toda parroquia debe ofrecer todos los servicios aunque carezca de estructura que la haga viable? El siglo XXI requiere cambios estructurales. Pero éstos sólo serán posibles si el laico/a comprometido/a es algo más que un "figura" que llega antes de misa de doce y se va el último sin hacer de su militancia cristiana una entrega a Cristo en la comunidad en la que sirve en vez de “pastelear” en el templo. Tratan de suplir con buena fe. Eso ni lo dudo ni lo cuestiono. Tal vez algunos serían buenos párrocos/as. Sin duda muchos de ellos no conocen la liturgia y son expertos en desafinar. Les falta mucha formación.

 

Para que esto sea posible algún día es imprescindible la fidelidad a la doctrina cristiana católica desde la obediencia doctrinal a la Doctrina de la Iglesia, al propio obispo y al Papa. No es cuestión de ofrecerse voluntario o voluntaria. Sería un ministerio, un nuevo ministerio a regular antes por la vía canónica. Sería una vocación. Han brotado en el siglo XX fórmulas nuevas pero circunscritas al ámbito disciplinar de un determinado grupo eclesial en algunos casos y en otros a eso del diaconado permanente para hombres casados sin posibilidad de acceder al sacerdocio por estar casados ni de ser párroco en este nuevo planteamiento que apunto. El diaconado requiere también el celibato en candidatos al sacerdocio. En hombres casados, ¿su subordinación prevalente es a su obispo por ser diáconos o a sus esposas en virtud del sacramento del Matrimonio instituido por Jesucristo? El ámbito del altar requiere exclusiva de servicio mediante renuncia previa. El ámbito del párroco como servidor y máximo responsable de una comunidad sería compatible con el matrimonio e incluso como actividad remunerada si fuera preciso.

 

Eso requiere un debate sereno, apertura de mente y fidelidad ejemplar al Evangelio de Nuestro Señor con obediencia verdadera y consciente al Magisterio de la Iglesia. Requiere también otra cosa: Que la jerarquía eclesiástica hable y a todos los niveles ,y que sea la pionera en proponer esto. De lo contrario se llega a un punto muerto con sacerdotes mayores, templos cerrados a los no que no se accede a la luz del día por ausencia de sacerdotes disponibles que abran la puerta y, en el mejor de los casos, templos llenos en misas dominicales sin monaguillos, acólitos, lectores que sepan leer bien en voz alta, diáconos formados para el altar, salmistas que sepan cantar los salmos, organistas que sepan tocar música sacra, etc.

 

Lo que estoy sugiriendo es la distinción entre laico/a y ministro consagrado pero con planteamiento de siglo XXI que camina ya hacia el XXII. Eso exige más si algún día está contemplado en el Derecho Canónico. Me lo exige a mí como lo exige a mis hermanos y hermanas. Los trabajos a acometer son muchos. Por ejemplo los de Cáritas. Lo del sobrecito en misa el día de la cuestación está bien. Pero no se trata sólo de esto. Y esto es lo que con heterodoxia canónica reclama la religiosa benedictina Teresa Forcades. Desde sus digamos desviaciones doctrinales es un toque de atención a mi conciencia. Y desde mi manifestación es un toque de atención a la suya para que no cuestione ni abandone la disciplina de la Regla de Benito de Nursia.

 

¿Puedo hacer algo? Pues sí: rezar por ella.

 

Enviar por correo
  Votar:  
Resultado: 2,3 puntos2,3 puntos2,3 puntos2,3 puntos2,3 puntos   3 votos
Identificarse
Recordarme              Lo olvidé   |   Registrarse


© 2004-2014 FORUM LIBERTAS | Noticias de actualidad en España
Logotipo de C2C Logotipo de SPC