Los fieles de Barcelona ya tienen una nueva guía, Enviados para dar fruto, elaborada por la Archidiócesis de su ciudad: el nuevo Plan Pastoral Diocesano para los próximos tres años. Hasta el 2009, los objetivos prioritarios de la diócesis barcelonesa se centran en tres aspectos: “la transmisión de la fe y la participación de los jóvenes en nuestras comunidades; el testimonio de vida que están llamados a dar los matrimonios y las familias que quieren vivir la riqueza cristiana del sacramento y transmitir la fe a sus hijos; y la mejora celebrativa y evangelizadora de las eucaristías dominicales”.
“Todos sois necesarios para poder alcanzar estos objetivos... Albergamos la esperanza de que todos, pastores y laicos, religiosas y religiosos, movimientos y asociaciones asumiremos y haremos nuestro este Plan Pastoral, con sentido de responsabilidad diocesana, cada cual desde su propio ministerio, desde su propia vocación, desde su carisma y su situación concreta”, dice el arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach.
Fruto de muchas horas de reflexión compartida, el Plan señala unas líneas prioritarias de actuación, sin excluir en ningún caso cualquiera de los ámbitos de la pastoral diocesana, pero focalizando la atención en unos objetivos concretos y durante un trienio.
Transmisión de fe y valores a los jóvenes
En la actual sociedad, los estudios sociológicos más solventes coinciden en constatar la falta de valores en la formación de los jóvenes. El problema de la transmisión de valores es un hecho general en la sociedad de hoy (cultura, asociacionismo, política). Dentro de este marco general, aumentan entre los jóvenes las crisis de fe, el confusionismo religioso, el relativismo, la baja participación en la Eucaristía o la desafección ante la Iglesia más que ante los valores cristianos.
Ante esta situación, mejorar la evangelización de los adolescentes se revela como una necesidad urgente. Saber transmitirles fe y valores, así como fomentar su participación en la comunidad forma parte del primer objetivo del Plan Pastoral y es una tarea ante la que cabe plantearse una serie de acciones. Entre ellas, cabe destacar el ofrecerles un primer anuncio de Jesucristo; valorar los horarios , teniendo en cuenta los estilos de las generaciones jóvenes, y plantear temas actuales; conseguir que los sacerdotes les dediquen una atención personalizada; crear grupos estables de jóvenes y, cuando no sea posible, grupos supraparroquiales o arciprestales; y atender a los centros cristianos de tiempo libre y de escultismo, ayudándoles a mantener su orientación eclesial.
La familia, célula fundamental de la sociedad
La familia es una realidad que vive hoy momentos de dificultad y es a la vez una institución básica para el bien de las personas, de la sociedad y de la Iglesia. De hecho, la familia instaurada en el matrimonio sigue siendo la célula fundamental de la sociedad, la Iglesia doméstica y la primera escuela de los niños y los jóvenes.
Ante el reto que supone contrarrestar las transformaciones negativas que ha experimentado la familia, el Plan Pastoral propone, entre otras, las siguientes aportaciones: Preparación para el matrimonio basada en la propuesta explícita de la fe; fomentar la creación de grupos acogedores de los novios; creación de equipos de matrimonios; ofrecer a los padres recursos para una catequesis de los 0 a los 7 años; y acoger a las familias inmigradas.
La Eucaristía, eje de la vida cristiana
Así como la familia es la célula fundamental de la sociedad, la Eucaristía es el eje esencial de la vida cristiana. La Eucaristía hace a la Iglesia. Ante el descenso de participación de la comunidad católica en el convite eucarístico, el Concilio Provincial Tarraconense “recomienda vivamente a los párrocos de las iglesias que revisen periódicamente la calidad espiritual y eclesial de las celebraciones eucarísticas”.

Con el fin de conseguir este objetivo, el Plan Pastoral propone, entre otras, las siguientes acciones: Incrementar la calidad de las homilías (muchos participantes en la presentación insistieron en este punto); ofrecer a los fieles una adecuada formación bíblica; participación activa de los niños; motivar la acogida de los católicos inmigrantes; estimular a los que participen de la Eucaristía a ser más solidarios; tener en cuenta a los enfermos que no pueden participar de ella; crear en cada parroquia y comunidad un grupo de animadores de la liturgia; y fomentar el culto eucarístico fuera de la Misa.