El aborto, una práctica que sólo es permitida en muchos países hasta los tres meses después de la fecundación, goza en España de total impunidad sin límite de tiempo. Cuando la intervención se realiza con una mujer en avanzado estado de gestación, como es el caso de los abortos por parto parcial, el proceso se convierte en una auténtica ‘carnicería’.
En la actualidad los avances en medicina permiten sacar adelante a niños nacidos con 22 semanas de gestación, o sea, menos de 6 meses. Pero en las clínicas del doctor Carlos Morín los niños no son considerados como pacientes.
En los casos de interrupción voluntaria de embarazos avanzados, como el que se pretendía practicar supuestamente en la clínica Emece, con el total beneplácito de su director, la intervención deviene en un delito que, en caso de demostrarse, podría comportar, incluso, penas de prisión e inhabilitación para quien la practica, tal como indica un experto en la información que también publicamos hoy.
La legislación, un coladero
La actual legislación contempla la interrupción voluntaria del embarazo en tres supuestos: Embarazo producido como consecuencia de un delito de violación; riesgo de graves taras físicas o psíquicas para el feto; y grave peligro para la vida o la salud física o psíquica de la madre, que debe contar con una autorización médica previa a la intervención.
Es justamente en este último punto donde la legislación se convierte en un auténtico ‘coladero’ por el que muchos facultativos permiten introducirse infinidad de abortos que jamás deberían consentirse legalmente.
Los cuatro pasos
Los abortos por parto parcial dan su primer paso hacia la eliminación de una vida cuando el doctor introduce unas pinzas o fórceps en el útero y, guiado por la ecografía, agarra con ellas los pies del bebé.
El siguiente movimiento es extraer los pies del feto hasta que estén fuera del útero materno, instante en que el médico abortista lo toma con sus manos y lo saca hacia fuera, como si se tratara de un parto natural, pero asegurándose de que sale por los pies.
Un tercer paso es, cuando el bebé tiene ya el cuerpo fuera pero su cabeza está todavía dentro, atravesarle la nuca con unas tijeras.
Por último, la intervención se cierra cuando el abortista, mediante una sonda aspiradora, succiona a traves del agujero abierto la masa encefálica del feto que, durante todo el proceso, agita su pequeño cuerpo debido a la agresión a que está siendo sometido.
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