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08/11/2006 - Sociedad
Embriones, mitad humanos, mitad conejo o vaca: ¿Hacia dónde camina la ciencia?
Científicos británicos quieren fusionar humanos y animales, mientras la ley biomédica de ZP “juega a ser Dios”, dice la Iglesia
¿Qué se intenta crear al fusionar una vaca con un embrión humano?
¿Y con un conejo?
¿Jugar a ser dioses y crear vida para luego destruirla? Quizás Izpisúa tenga la respuesta, él ya lo intentó con ratones
La investigación con células madre adultas, la única que funciona
Josu de la Varga

Los nuevos Frankenstein de la ciencia, como dijo en su día Oriana Fallaci de quienes experimentan con embriones humanos, pretenden ahora crear un híbrido, mitad humano, mitad conejo o vaca. Tres equipos de científicos británicos desataron este martes, 7 de noviembre, la polémica en el Reino Unido con su propuesta de conseguir un embrión humano-bovino, un intento más que cuestionable desde el punto de vista ético.

 

Un grupo de investigadores de la Universidad de Newcastle pidieron permiso para extraer el núcleo de un óvulo bovino y sustituirlo por otro de una célula cutánea de un humano. El resultado sólo tendría un 0,1 por ciento de material genético procedente del animal y, en teoría, permitiría que los expertos extraigan células madre con las que probar la eficacia de distintos tratamientos sin recurrir a óvulos humanos.

 

“Es un paso que provocará una repugnancia instintiva a mucha gente” se apresuró a declarar Josephine Quintavalle, del grupo también británico Reproductive Ethics. “El horror de los ciudadanos es muy válido y no contribuye a la reputación del Reino Unido”, añadió esta experta.

 

Embrión troceado y destruido

 

Si se salen con la suya, los científicos permitirían que el embrión se desarrolle hasta que tenga seis días, cuando seguiría siendo casi microscópico. Entonces intentarían extraer las células troncales y, una semana después, antes de que cumpla 14 días, lo destruirían.

 

A largo plazo, el dudoso objetivo es crear tejidos artificiales con el material genético de un enfermo, que podría someterse a un trasplante sin sufrir rechazo, además de examinar tratamientos para dolencias como el Alzheimer o el Parkinson, argumentan los defensores de esta iniciativa.

 

Aunque el equipo de la Universidad de Newcastle es el primero en solicitar un permiso para crear estos embriones mixtos en Reino Unido, colegas suyos del londinense King’s College y de la Universidad de Edimburgo tienen proyectos similares, en su caso con células de conejo.

 

Con estos ensayos, los científicos pretenden solventar uno de los grandes problemas de la investigación con células madre: la falta de donaciones de óvulos humanos. “Es un recurso muy escaso, así que resulta mucho mejor utilizarlos para la fecundación ‘‘in vitro’’ que para experimentar”, afirmó Lyle Armstrong, líder del estudio.

 

“Nada nuevo bajo el sol”

 

Sin embargo, como se lee en el Eclesiastés, “no hay nada nuevo bajo el sol”, y España ya tiene el dudoso privilegio de haber propuesto antes este tipo de experimentaciones.

 

El verano del 2005, el investigador Juan Carlos Izpisúa, director del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona, anunció su deseo de implantar células madre de embriones humanos en ratones. Era la primera propuesta de investigación realizada en España en que se pretendían fusionar células humanas con las de otra especie animal.

 

Asimismo, el mismo Izpisúa manifestaba entonces sus dudas sobre la posibilidad de obtener resultados con este tipo de ensayos, ni siquiera a largo plazo. El objetivo propuesto, decía en aquellas fechas, “no es nada sencillo”, porque de las 10.000 líneas celulares de ratón que existen en el mundo sólo siete u ocho son capaces de diferenciarse en tejidos, mientras que de seres humanos se calcula que hay una veintena. “Puede que ninguna de ellas funcione”, sentenciaba el investigador.

 

También dudaba Izpisúa de la eficacia de estas investigaciones en la curación de enfermedades degenerativas: “Implantar este tipo de células en un enfermo le puede provocar cáncer”, porque “no sabemos cómo actúan una vez introducidas en el cuerpo humano”, advirtió.

 

Las críticas a este tipo de investigaciones han apuntado en España, por parte de la Iglesia, hacia el Proyecto de Ley de investigación biomédica que impulsa el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero.

 

Jugando a ser Dios

 

El obispo de Huesca y Jaca, monseñor Jesús Sanz Montes, advirtió al Gobierno que con esta propuesta se pretende tomar el lugar de Dios porque juega con la vida, decidiendo quién vive y quién no.

 

Por más que lo envuelvan con palabras confusas, rimbombantes, o de calculada ambigüedad, jugar así con la vida, como pretende el Proyecto de Ley de investigación biomédica del Gobierno español, es un atentado contra la vida anteponiendo los intereses económicos e ideológicos de partido al bien común más básico: la vida, y contra el ser más vulnerable: el embrión humano”, afirmó el prelado en un comunicado.

 

El obispo recordó que a lo largo de la historia el hombre ha intentado, "con más sutileza o más grosería, reescribir esa arcana tentación de polemizar con Dios, de negociar con Él, de desplazarle, de ignorarle… o de pretender llegar a su misma destrucción".

 

Sanz Montes dijo que hoy estamos “ante una circunstancia que nunca antes se había dado tan masivamente", como es querer controlar el don de la vida.

"Querer ser Dios hoy, pasa nada menos que por el adueñamiento de la vida, por el control de esa vida en todas sus fases y en todas sus formas. Un control que decide qué hay que eliminar y cuándo, en qué hay que engañar y cómo, a quién hay que aislar y por qué”, señaló.

 

Monseñor Sanz explicó que, tal como afirma el pronunciamiento del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española, la Iglesia no se opone al avance de la ciencia, sino a aquellas “formas de investigación que incluyen la eliminación programada de seres humanos ya existentes, aunque aún no hayan nacido”.

 

Las adultas, por el buen camino

 

Por otra parte, como ya hemos señalado en diversas ocasiones, la investigación con células madre adultas sigue aportando resultados muy positivos a la aplicación terapéutica de este tipo de células.

 

Según sugiere un estudio realizado en ratones por científicos de la Universidad de Tulane en Nueva Orleans (Estados Unidos), que se publica en la edición digital de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), las células madre obtenidas de médula ósea humana podrían ser útiles para el tratamiento de la diabetes.

 

Estos investigadores aseguran que las células madre derivadas de médula ósea humana o mesenquimales potencian la reparación de células de islote productoras de insulina en el páncreas de ratones diabéticos.

 

En el experimento, los ratones con altos niveles de azúcar en sangre fueron tratados con estas células madre o bien no tratados.

Tres semanas después, al observar a estos ratones, los investigadores descubrieron que aquellos animales que recibieron las células madre mesenquimales humanas mostraban niveles superiores de insulina de ratón en comparación con los ratones que no las recibieron. Los responsables de la investigación no detectaron insulina humana.

 

Los resultados muestran que las células humanas se diferenciaron en células endoteliales glomerulares y fueron capaces de detener los cambios patogénicos en los glomérulos del riñón.

Los científicos teorizan que estas células madre no sólo serían capaces de fomentar la producción de insulina en personas con diabetes, sino que podrían también ser útiles para evitar las lesiones renales causadas por la enfermedad.

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