Cada vez son más los indicadores o expertos que cuestionan la supuesta bonanza de la economía española. Hay más dinero, nadie lo duda, pero también mayores desigualdades sociales. Ante el espejismo del casi pleno empleo en España se impone la realidad de los mini salarios mínimos y las grandes fortunas.
En un artículo de opinión publicado en EL PAÍS el pasado 22 de febrero, Joan Subirats, catedrático de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), constata que el milagro económico español no llega a los asalariados.
Los datos del último informe del Consejo de Trabajo Económico y Social de Cataluña (Ctescat) indican que la población de Cataluña “está al borde de lo que se llama ‘pleno empleo técnico’, con un índice de paro cercano al 6 por ciento”, reproduce el experto.
Sin embargo, dice Subirats, el estudio no indica “cuál es el porcentaje de la población activa de Cataluña que percibe sólo el llamado salario mínimo interprofesional (SMI)”.
Alejado de la UE
El SMI en España está situado en 570 euros al mes, una cifra muy alejada de la de una gran parte de la mayoría de países de la Unión Europea y de otros países desarrollados, como Estados Unidos, Canadá o Australia.
En Holanda y Francia, por ejemplo, el salario mínimo supera los 1.200 euros al mes, Gran Bretaña y Bélgica pasan de 1.100, y en Irlanda y EE.UU. son más de 1.000 euros mensuales, informa el experto de la UAB.
La rezagada posición de España sólo es compartida por Grecia y Portugal, aunque “queda el consuelo de saber que estamos un poco mejor que en Polonia y Hungría, y mucho mejor que en Rusia”, continúa.
“Si presumimos de octava potencia mundial –añade- no se entiende que mantengamos uno de los salarios mínimos más bajos de la UE, a no ser que entendamos que es esa precisamente la base esencial de nuestro crecimiento: sol, ladrillo y sueldos de supervivencia”.
¿Quién lava los platos sucios?
La crítica de Subirats a la política económica del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero no queda aquí. Las promesas y previsiones del Ejecutivo español son de que “alcanzaremos a Alemania en renta per cápita, tendremos los aeropuertos más grandes del continente y muchas más cosas extraordinarias”.
Sin embargo, añade el especialista, “la renta de un país no indica ni cómo se reparte, ni quien se queda con la crema del sistema, ni quién lava los platos sucios del mismo”.
En este sentido, señala que “entre el señor Francisco González, presidente del BBVA, con un sueldo declarado cercano a los 10 millones de euros anuales [...] y los 40 euros diarios de los paquistaníes contratados por la empresa Saman Memona –a su vez subcontratada por Sacyr Vallehermoso- que murieron hace unos días en las obras de la promoción Mediterráneo Residencial de Bac de Roda, de Barcelona, hay cierta distancia”.
Hay que recordar a Zapatero sus promesas en cuanto al salario mínimo al acceder al gobierno en 2004. El PSOE prometió entonces que “la cuantía debería ser de 600 euros a final de legislatura. Esa cuantía se fija a partir del incremento de los precios (IPC), la productividad media nacional, el incremento de la participación del trabajo en la renta nacional y la coyuntura económica general”.
Como contraste, Subirats argumenta en su artículo que “si en 1981 el salario mínimo representaba el 45,6 por ciento del salario medio, en los momentos actuales apenas alcanza el 35 por ciento”.
Los más discriminados
Más adelante, el catedrático de Ciencia Política de la UAB pone de manifiesto la discriminación salarial que sufren las mujeres, los jóvenes y los inmigrantes.
Entre los más de cuatro millones de personas que perciben el SMI en España, estos tres colectivos son los peor pagados y los que más padecen la lacra del desempleo.
“En Cataluña, el paro declarado de los inmigrantes es el doble que el de los autóctonos. El salario de las mujeres está cerca del 20 por ciento por debajo del de los hombres, y casi siempre los contratos temporales (ampliamente mayoritarios entre los jóvenes) están peor pagados que los indefinidos”, denuncia Subirats.
Fragilidad manifiesta
Para ilustrar la manifiesta “fragilidad de nuestro aparente bienestar económico”, el experto hace una referencia al indicador público de renta de efectos múltiples (IPREM) creado en 2004.
Sirve para calcular el umbral de ingresos a muchos efectos (ayudas para vivienda, becas, subsidios por desempleo, etc.). O sea, como atestigua Subirats, “”si tu renta está por encima del IPREM, quedas fuera de muchas prestaciones sociales”.
Cabe señalar que hasta el 1 de julio de 2004 se usaba el SMI, pero a partir de entonces ambos indicadores están desvinculados.
Pues bien, “a partir de 2005, el crecimiento anual del IPREM ha sido menor que el del SMI. Ha ido creciendo por debajo del IPC [...] En estros momentos el IPREM no llega a 500 euros”, denuncia Subirats.
“Por cierto, ni se les ocurra preguntarse qué pasa con estos indicadores cuando se miran sus efectos en distintas partes de España con costes de vida muy distintos”, concluye el experto.
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