El fútbol, esa arma de destrucción moral masiva

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Es evidente que hay muchos directivos, jugadores de todos los niveles, aficionados, que siguen el fútbol como lo que era en su origen, un deporte, y como tal, dotado de una determinada capacidad para desarrollar virtudes, las inherentes a la práctica, que solo se desarrollan con ella, y otras generales, sin las que las primeras se vuelven inútiles, incluso peligrosas y que son las comunes a la ciudadanía, por ejemplo, la honestidad, el respeto y un largo etc. Si la práctica de un deporte destruye las virtudes cívicas, esa situación debe ser denunciada y modificada.

Y esto es lo que sucede con el fútbol. Un aluvión de hechos recientes, o sea, que ni tan siquiera es necesario un análisis a largo plazo, muestran reiteradamente que el fútbol se ha convertido en un arma de destrucción moral masiva.

Las causas fundamentales son dos: el dinero que se mueve en su entorno, jugadores, intermediarios, directivos, derechos de televisión, apuestas, y la alienación que provoca en una parte de la población que ven su vida realizada en él como válvula de escape de todas sus frustraciones. Por eso, el fútbol es amado del poder. Durante el franquismo, el fútbol, que movía cifras ridículas comparadas con las de hoy, era visto críticamente por la oposición democrática, precisamente por aquella capacidad alienadora. ¿Qué podría decirse hoy, cuando lo invade todo a todas horas? Incluso televisiones públicas, como el caso de la catalana, son televisiones de fútbol y club, el FC Barcelona en este caso.

Los sueldos de los jugadores de élite son escandalosos, como lo señala la publicación de datos cada año. El salario minino de los futbolistas de primera división es de más de 155.000 euros al año. Una cifra importante para cualquier persona pero que queda lejos de las retribuciones de muchos millones que reciben la treintena de la élite. Pero a nadie parece interesarle la desmesura retributiva. Lo que para un empresario es pecado mortal, para un futbolista es la mayor gloria. Pero esto no es todo. Como el mucho dinero no parece mover a largueza sino a todo lo contrario, los futbolistas tienen un trato fiscal privilegiado, del cual, además, en muchos casos, abusan, como muestra esta información.

Y del vértice a la base. Ocasionalmente ve la luz un hecho que es habitual en los campos de fútbol donde juegan equipos de niños desde pocos años, seis o siete, hasta juveniles: la violencia de los padres verbal siempre, de obra en demasiadas ocasiones; el fingimiento de algunos niños para forzar una sanción del contrario; el engreimiento de quienes se consideran grandes jugadores a pesar de su poca edad; el lenguaje soez de muchos entrenadores; la falta de deportividad, tanto que cuando se produce un gesto positivo sale en los medios de comunicación, y además le dan un premio, lo que muestra lo penosa que es la realidad común. La lista de desafueros es larga. A pesar de esto, las escuelas siguen empeñadas en que el fútbol sea el deporte rey, multitud de centros de orientación cristiana siguen esta misma línea, y los poderes públicos mantienen a pan y agua a los deportes llamados minoritarios a pesar de que muchos de ellos, como el rugbi, posean una capacidad educadora extraordinaria entre los que se juegan en equipo. Vea los siguientes vídeos:

Por si fuera poco, y sin duda, influido por el dinero que mueven las apuestas, va aflorando el amaño en los resultados. No es exclusivo del fútbol pero sí abunda en él, con el agravante que un enjuague representa la corrupción de unos pocos, pero en el fútbol necesariamente ha de ser masiva.

Y ¿qué decir de la ausencia de control de dopaje en una práctica tan masiva y tan millonaria?

Créannos, eso no puede seguir. Una cosa es amar el fútbol y otra muy distinta asumir en lo que se ha convertido. Hay que ponerle freno de muchas maneras y una de ellas es limitando su impacto púbico e incentivando en una medida extraordinaria otros deportes alternativos. I, sobre todo, los de mayor capacidad educadora, al tiempo que se regulan las buenas prácticas para los clubes, equipos y jugadores, y se vigilan a través de una autoridad desligada totalmente de la federación y los clubes.

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2 Comments

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    Creo que no es cierto en general. La gente del Atleti no somos así en general. Los aficionados no somos en general frustrados. Y el Atlético de Madrid tiene unos valores de entrega, sacrificio, equipo, defensor de causas meritorio, etc. Hay que distinguir. Con todo respeto.

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