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No siempre es cómodo confesarse cristiano, y decirlo con toda naturalidad No siempre es cómodo confesarse cristiano, y decirlo con toda naturalidad

No siempre es cómodo confesarse cristiano, y decirlo con toda naturalidad, Tememos la incomprensión, la burla o la indiferencia de mucha gente. No importa lo que los demás consideren, lo tenemos que hacer. Debemos ser testigos del Evangelio con nuestras conductas y nuestras obras. “Se le llevarán detenidos, os perseguirán, conducirán en las sinagogas o en las prisiones, os presentarán a los tribunales de los reyes y gobernadores, acusados de llevar mi nombre. Será una ocasión de dar testimonio” (Lc 21,12-13).

Tener fe es tener el convencimiento de corazón de la certeza del cumplimiento de promesas que hoy parecen imposibles. No son demostrables por la ciencia, pero sí desde el convencimiento de que podemos vivir confiados de que la esperanza será realizada. “Levantad la cabeza bien alta porque muy pronto seréis liberados” (Lc 21,28).

Hay que saber ser pacientes. No se trata de una paciencia fruto de la resignación, sino del trabajo preciso y constante a favor de construir un mundo mejor, más justo y fraternal. La promesa de un tiempo nuevo es real si queremos, si llevamos a la sociedad la paz y trabajamos a favor de la justicia. Será así como los tiempos futuros se convertirán en reales en nuestro tiempo presente. “Dios anuncia la paz a su pueblo y a los que le aman. El Señor está cerca para salvar a sus fieles”. (Sal 84,9-10)

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