Gracias baratas

Fátima

Conmemoramos el centenario de las apariciones de Fátima. Un acontecimiento importante para la comunidad católica –el papa Francisco lo ha testificado peregrinando con su Pueblo-, pero que también suscita interés en personas de otras religiones, y no pocos interrogantes en no creyentes.

Entre las numerosas informaciones, opiniones y valoraciones que los medios de comunicación y las redes sociales han realizado sobre este evento, sobresale una noticia que por su novedad y notoriedad ha suscitado cierto interés: la aparición de lo que se ha dado en llamar “peregrinos de alquiler”; personas que realizan la peregrinación a Fátima en nombre de otros que no lo pueden hacer, llevando consigo sus plegarias e intenciones y cobrándoles por ello unos honorarios. Hablan de recuperar una tradición medieval.

Es una práctica que como mínimo invita a un discernimiento serio sobre el sentido y el significado de la peregrinación cristiana. Toda la vida de un cristiano, y por supuesto de la Iglesia, se contempla como un peregrinar; un camino hacia la plenitud que todo humano anhela y que para los cristianos es Cristo. Y ese caminar conlleva un espíritu de búsqueda esforzada del sentido de la vida, de salida de sí mismo para encontrarse con Aquel que acompaña a nuestra humanidad herida y necesitada de salvación. Este es el sentido de las palabras con las que el Papa ha querido rezar su peregrinación a Fátima: “Recorreremos, así, todas las rutas, seremos peregrinos de todos los caminos, derribaremos todos los muros y superaremos todas las fronteras, yendo a todas las periferias para revelar allí la justicia y la paz de Dios”. En esta perspectiva de camino a recorrer no pueden faltar por tanto las dimensiones escatológica, comunitaria, penitencial, festiva y cultural-oracional de la fe. Si faltase alguno de estos ingredientes seguramente se resquebrajaría el sentido de la peregrinación como símbolo cristiano.

Y desde la finalidad de esta novedosa práctica de la peregrinación habrá que interpelarse también sobre el sentido de la plegaria cristiana, que encuentra su principal raíz y soporte en la gratuidad  y la experiencia del don. Tal vez por esto, el Papa se preguntaba con qué María se peregrina a Fátima, “si con María, una maestra de vida espiritual, la primera que siguió a Cristo por el camino de la cruz… o más bien con `una santita’, a la que se acude para recibir gracias baratas”. Se impone el discernimiento.

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