Hagamos una gran carpa: el camino a seguir para el movimiento católico

Si se aspira a una articulación efectiva de la minoría católica es preciso un sistema de gran carpa

Los últimos días de los católicos más participativos en la vida pública han venido marcados por dos episodios relevantes: por un lado, la difusión en muchos medios de la noticia de que un grupo de asociaciones han pedido a la Conferencia episcopal una serie de medidas para reducir los efectos del modus operandi de las asociaciones de el Yunque; por otro, el repentino fallecimiento de don Alfonso Coronel de Palma, de quien se podrían decir muchas cosas, pero que a estos efectos importa sobre todo porque fue el impulsor e inventor de lo que hace diez años se llamaba “ecumenismo católico”, es decir, generar cooperación entre las entidades que persiguen un mismo fin aunque sean distintas, lo cual se tradujo entre otras cosas en los Congresos Católicos y Vida pública. Gracias a aquel ecumenismo se lograron las dos grandes manifestaciones de 2005 bajo los lemas “La familia si importa” y “La educación también importa”.

Una noticia y otra están necesariamente relacionadas: gran parte de la falta de entendimiento viene por falta de ese ecumenismo interior a lo que podríamos llamar el movimiento católico.

Para discurrir una nueva solución al problema en la línea de aquel ecumenismo creo que merece la pena analizar el problema de la relación intergrupos en el sector de la política española más plural y fragmentado: la izquierda, exclusión hecha del PSOE. Un sector que carece de la comunión eclesial, cierto es, pero que ha afrontado un problema muy parecido. En concreto vale la pena empezar por Galicia, pues fue allí donde se inventó la fórmula de mareas amplias que mejor le ha funcionado a este espacio.

A comienzos de los 80, en Galicia se logró un gran acuerdo entre las fuerzas nacionalistas y de izquierdas para dar lugar a un frente amplio, capaz de canalizar todo el nacionalismo de tradición republicana y socialista. Dicho frente recibió el nombre de Bloque Nacionalista Galego. A diferencia de otras organizaciones, el frente nació y quiso ser un instrumento de abajo a arriba. Como explica quien fue líder del invento Xosé Manuel Beiras, se quiso organizar un instrumento político que actuase como una gran carpa que acogiese a todas las organizaciones (cfr. O proxecto común da nación galega Laiovento, 2016). Una gran carpa sin paredes, capaz de acoger a todos, al estilo de la gran carpa «inter-peñas» habitual en algunas fiestas: sin perjuicio de que cada peña tenga su local, se articulaba una carpa común en la que el peso relativo de cada grupo político fuese proporcional al del número de miembros que aportaba, pero sin dominio de una parte sobre otra. Evidentemente, para que esto funcionase hacía falta una gran generosidad y un mínimo riesgo por parte de los diferentes grupos, sobre todo por parte de los más grandes, que tienen que asumir una cierta pérdida de control (a eso se refieren cuando hablan de generosidad en la formación de coaliciones). Articulada la gran «carpa», se confiaba en su capacidad de expansión más allá de los grupos que dieron dado lugar a la misma, admitiendo miembros a título individual no pertenecientes a los grupos fundadores. El tiempo le dio la razón a este planteamiento: el BNG creció exponencialmente hasta cierto momento (municipales de 1999) en que comenzó su declive. Un declive que Beiras atribuye al cambio de modelo: de un sistema de «carpa abierta», se pasó a uno de círculos concéntricos en el que un grupo (la Unión do Povo Galego, el partido más fuerte dentro del frente) o bien un centro de gravedad institucional (gobiernos o grupos parlamentarios) era el círculo interior, y la militancia el círculo exterior, que se supeditaba a este. En este esquema, que pasaba a dominar la organización de arriba abajo, la militancia de base disminuía considerablemente su capacidad de influencia y, por tanto, su entusiasmo.

En ese contexto de caída del BNG y sometimiento del mismo a un sistema más jerárquico, Beiras sale de la política, y empieza un tiempo dedicado a la reflexión y la formación, con abundantes charlas por todas partes. Fue entonces cuando percibió una verdadera sed de un movimiento popular que canalice la indignación. Y es recogiendo esa indignación, siguiendo un esquema similar al del BNG original, como se promueve, en las elecciones gallegas de 2012, la conocida como Alternativa Galega de Esquerdas, una coalición integrada por Anova (la nueva fraternidad de beiristas salidos del BNG), IU, Equo y Espazo ecosocialista. A dicha campaña acudió como asesor de campaña, a costa de IU, un joven profesor de la Complutense llamado Pablo Iglesias. Y fue ahí donde éste pudo comprobar cómo era posible la irrupción de un nuevo agente político que canalizase la indignación. El corresponsal de La Vanguardia en Galicia, Anxo Lugilde, relató al detalle este encuentro en su libro De Beiras a Podemos, la política gallega nos tempos da troika (2012-2014) (Praza- Meubook, 2014).

Gran parte del problema del movimiento católico procede de la aspiración de muchos grupos a ser círculo interior en un sistema de círculos concéntricos. Nadie asume que hace falta generosidad para articular una gran carpa, la cual seguro que disparaba la participación y la afiliación de personas que no ven fecundo el esfuerzo en entidades dispersas. Si a ello le unimos las suspicacias que genera una entidad que utiliza el secreto como método habitual, el fracaso está garantizado.

Si se aspira a una articulación efectiva de la minoría católica es preciso un sistema de gran carpa. El ejemplo lo tenemos en la misma vida de la Iglesia: cada vez que se hace algo desde un círculo, pretendiendo que el resto giren alrededor, el impacto es moderado (sean jornadas diocesanas o lo que sea). Sin embargo, cuando se olvidan los círculos concéntricos y se va a un sistema de carpa abierta con generosidad de los entes que más aportan suele haber un gran éxito: por ejemplo, en las visitas de los Papas a España los últimos 35 años, en las dos manifestaciones citadas o en los Congresos y Jornadas de Católicos y Vida Pública, sobre todo en los tiempos de Alfonso Coronel de Palma.

En el ejemplo de Alfonso Coronel de Palma está buena parte de la clave para alcanzar una solución apropiada al problema. No es solo el como funciona este grupo u otro. Es más cuestión de una mentalidad abierta, una generosidad, un pensar más en el fin común, en asumir un objetivo más grande, en romper los muros de los círculos y articular una gran carpa.

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One comment

  1. 1

    Muy bueno el artículo, pero no da ninguna solución de qué hacer con la “entidad que utiliza el secreto”. Hacer ahora esa gran carpa sin resolver primero “eso”, sería condenarnos de nuevo al fracaso.
    ¡Que no son leales! y así lo han demostrado repetidas veces. A ver si lo asimilamos ya…

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