El lío de las tumbas

Franco

Como antes hiciera Zapatero, Sánchez ha echado mano al mismo manual Y decidido hacer de la llamada memoria histórica un eje de su política de gestos, desencadenando el lío de las tumbas, no solo la de Franco, sino también la de Queipo del Llano en Sevilla. Una patata caliente en manos de la Junta de Andalucía. La presidenta Díaz se había movido con mucha prudencia en esta cuestión, consciente del conflicto que entrañaba. La razón de este cuidado, que ahora ha dinamitado Sánchez, radica en que la tumba de este general se encuentra en la basílica de la Macarena, que es un centro de carácter privado que fue promovido con los recursos personales de Queipo de Llano, que, a su vez, fue destacado cofrade.  La cuestión no resuelta es si las Administraciones pueden obligar a un centro que no es de titularidad pública, y contra la voluntad de sus depositarios, la propia cofradía, modificar el lugar donde está enterrado el general. Se dijo que se había llegado a un acuerdo con la Junta de Andalucía y la Hermandad de la Macarena, pero el propio portavoz de esta última ha declarado que el asunto no está ni mucho menos resuelto, dado que se ha de pronunciar todavía su órgano de Gobierno y alcanzar un acuerdo con la familia. No vamos a descubrir ahora la importancia de aquella asociación religiosa, y el conflicto que puede producirse si la Junta se empeña en el traslado sin el acuerdo de los responsables de la basílica y de la familia.

Mayor importancia posee la cuestión de la tumba de Franco porqué su importancia política es mucho mayor, así como la propia naturaleza del lugar donde está enterrado, el Valle de los Caídos. En este caso quien se opone es la familia, concretamente sus nietos, quienes rechazan el traslado del cadáver a un lugar que el gobierno no ha hecho público.

La cuestión de fondo es si todos estos conflictos resuelven para bien las heridas que puedan quedar de una guerra civil que terminó hace bastante más de medio siglo, y que sus protagonistas consiguieron cerrar durante la transición con unas actitudes admirables, que han constituido un ejemplo para todos los casos similares de herencias conflictivas que se han dado en el mundo. Si bien es cierto que existen personas a las que les puede  herir que dichos personajes se encuentren en un recinto religioso, también hay que recordar que Franco forma parte de historia de España y que como tal no se puede borrar a base de exhumaciones. Más bien hay que asumir con la normalidad de un hecho que forma parte de nuestro pasado donde lo bueno y lo malo se mezclan como todo lo humano. Mantenerlo no es loarlo, sino simplemente recordar que existió. Más bien parece que el gobierno Sánchez, más que usar la memoria histórica para la reconciliación y la concordia, que es lo que de verdad importa, la emplee como instrumento de distracción para obviar sus dificultades para llevar a cabo políticas realmente útiles para el bien común.

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