Henryk Sienkiewicz: la cápsula del tiempo

Sus obsesiones eran la independencia de Polonia y las mujeres llamadas María

Henryk Sienkiewicz recibió el Nobel en 1905. Sienkiewicz fue narrador. Primero fue periodista y cronista. Antes de publicar novelas, escribía cuentos que publicaba en revistas, como era la moda que implantó Guy de Maupassant. Sus obsesiones eran la independencia de Polonia y las mujeres llamadas María (por su vida pasaron seis: hermana, hija, esposas). Sienkiewicz pensaba que la literatura sirve para “ensalzar el espíritu del hombre”. Tal vez por eso hoy, cuando ya a nadie se le ocurre decir esas cosas, sus libros pasan ante muchos por trastos oxidados.

Sienkewicz sigue siendo mundialmente famoso por Quo Vadis, novela histórica que mezcla con maestría hechos reales y ficticios y los narra con realismo. Esta novela, que forma parte de la dieta sana de muchos jóvenes alimentados por sus abuelas, literariarmente hablando, no tiene intrigas ni enredos. Es simple y derecha. Pero fue un riesgo enorme porque cuenta la historia de la persecución y el martirio sin convencionalismos ni retórica dulzona. Cuando apareció en Estados Unidos en 1896, vendió 800 mil ejemplares. En Alemania vendió un millón más. Desde entonces, se ha traducido a más de 50 idiomas y fue llevada al cine en Hollywood en 1951.

La historia transcurre en la Roma de Nerón. La protagoniza Marco Vinicio, un militar romano, que se enamora hasta la desesperación de Ligia, una joven que pertenece a una nueva y extraña secta, la cual amenaza su vida de soldado y todo lo que le parecía sólido antes de conocer a Ligia y a los cristianos. Los personajes de san Pedro y san Pablo están hábilmente entremezclados en la trama de la historia, en la cual aparecen con mucho mayor detalle que en el Nuevo Testamento. El Petronio de Sienkiewicz es un personaje estupendamente logrado en sus contradicciones, que se resuelven en gloria por medio del veneno. El gigante Ursus es entrañable.

Antes de Quo Vadis, Sienkiewicz ya era fabulosamente afamado en su Polonia natal, por una trilogía histórica publicada entre 1884 y 1888. Esta trilogía narra la gesta de los polacos en contra de tres invasores sucesivos: los cosacos, los suecos y los otomanos. Estos libros han mantenido su popularidad durante más de 100 años. En algunos momentos de la historia de ese país, los polacos han arrancado páginas de los libros de Sienkiewicz y las portan como medallas sobre la ropa, para nunca olvidar el deseo de independencia. En momentos más tranquilos, son lectura obligada para los estudiantes de Polonia.

Con el paso del tiempo, Sienkiewicz fue relegado al olvido fuera de Europa Oriental. Entre los que hablamos español su aura dorada se herrumbró y pasó a ser un segundón, como parece ser la suerte de tantos Nobel. Sin embargo, sus obras no son piezas de museo. Son más como cápsulas del tiempo. A ciertos escritores se les regala el don de encarnar el espíritu de una nación: Cervantes y España, Shakespeare e Inglaterra, Mark Twain y Estados Unidos. Esto sucede con Henryk Sienkiewicz y Polonia. Si alguien quiere comprender el corazón de ese país, debe leer a Sienkiewicz.

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