Es importante que se garantice la libertad religiosa

Es cierto que las autoridades públicas deben mostrarse neutrales ante el hecho religioso y que deben fomentar la tolerancia y el respeto mutuo, pero detrás de estos argumentos se esconde una visión muy reductiva de la laicidad. Como si el único modo de mantener la neutralidad y el respeto entre los creyentes fuera recluir el hecho religioso al ámbito privado.

El papel de la autoridad es garantizar la manifestación pública de la fe de los creyentes. Se trata de una exigencia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (cf. art. 18). Es posible restringir este derecho en una situación excepcional, pero convertir esta limitación en un principio constitucional, constituye una discriminación a los creyentes, y en el caso de Montevideo, a los católicos.

Es cierto que a veces se han cometido horrendos crímenes en nombre de la religión, pero la solución a este problema no es prohibir a todos los creyentes expresar públicamente su fe. Es como si impidieran a todos los hinchas de fútbol exhibir sus banderas y símbolos, porque un exaltado comete un grave delito por fanatismo en el fútbol. Por cierto, si algo caracteriza a Latinoamérica es la ausencia de conflictos religiosos, siendo en esto ejemplar en un mundo convulsionado por fanáticos religiosos. Desgraciadamente no se puede decir lo mismo de los conflictos futbolísticos. Sería bueno que lo tuviera en cuenta la edil montevideana, que usó los conflictos religiosos como excusa.

Ciertamente no es necesario que se instale esta estatua en la playa del Buceo, pero sí es importante que se garantice la libertad religiosa y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

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