Jordan Peterson: ha nacido una estrella

Si a Jordan Peterson, un discreto profesor universitario canadiense de psicología, le hubiesen dicho hace dos años que iba a ser entrevistado en prime time en la BBC hubiera reaccionado con incredulidad. Si además alguien le hubiera dicho que en 18 meses iba a conseguir abarrotar el Emmanuel Centre de Londres con una multitud de jóvenes ansiosos por escuchar una conferencia suya, habría probablemente sonreído y recomendado al supuesto “profeta” que dejara de beber a esas horas del día. Pues bien, ambas cosas han sucedido.

Jordan Peterson dio un paso al frente y abandonó el anonimato cuando en 2016 decidió no arrodillarse ante las pretensiones de la creciente dictadura de género. Este profesor de la Universidad de Toronto declaro públicamente que no iba a obedecer la ley promulgada por el gobierno canadiense (la Bill C-16, un nombre asépticamente administrativo y despersonalizador que es todo un programa… y uno que hiela la sangre) que criminaliza a quien no se dirige a otra persona según su preferencia de género, en lo que la ley llama “pronombres de género”. Peterson decidió que había que decir basta, abandonar su zona de comodidad y declarar en público, con educación pero con firmeza, que los funcionarios del gobierno no eran nadie para decirle cómo debía dirigirse a sus alumnos y qué palabras debía usar.

La reacción fue la previsible. Interrumpieron sus clases con protestas, tuvo que sufrir amenazas de todo tipo y se intentó forzar su expulsión de la Universidad. Por un momento parecía que realmente iban a acabar con él… pero por una vez la campaña de persecución no funcionó e incluso se puede decir que fue contraproducente. De hecho, convirtió a Jordan Peterson en una estrella mediática, en el nuevo héroe contracultural de quienes se niegan a plegarse a los dictados de la ideología de género. Y millones de personas descubrieron a este profesor, serio y riguroso, que se atrevía a decir lo que casi nadie más osaba afirmar. Un tipo que, además, tiene aspecto normal, es educado, habla con convicción y pasión, pero también con respeto e incluso sentido del humor. Pero que no se echa atrás cuando algo, quienquiera que lo haya dicho, es mentira: entonces es taxativo y así lo dice; “esto es completamente falso”, sin pestañear. Tampoco extraña que su canal de youtube no deje de crecer: con 663.000 suscriptores, son ya millones quienes han visto sus vídeos.

Peterson visitó Inglaterra hace poco más de una semana para promocionar su último libro “12 Rules for Life: An Antidote to Chaos”, un libro que propone y comenta una serie de reglas para vivir decentemente. Entre las reglas que propone encontramos desde las clásicas “Siéntate recto y con los hombres hacia atrás” o “Di la verdad… o, al menos, no mientas”, hasta las más rompedoras como “No molestes a los niños mientras practican skate”, pero sobre todo las que destilan puro sentido común como “Hazte amigo de personas que quieran lo mejor para ti”, “Pon en orden tu casa antes de criticar el mundo” o “Asume que la persona a quien estás escuchando puede saber algo que tú desconozcas”. Reglas que eran obvias para nuestros abuelos pero que hoy en día son el último grito contracultural. Un grito que Peterson está dispuesto a proclamar sin timidez y que, asegura, parte de su experiencia como psicólogo, en la que ha constatado cómo tanta gente arruina su vida dándole vueltas a problemas imaginarios o a problemas que superan su ámbito de actuación.

Desde que osó enfrentarse a la ley canadiense, Peterson ha demostrado que no teme ni los ataques ni la censura. No ha dudado en declarar que habría que cortar la financiación a la mayoría de cursos universitarios de humanidades porque han sido “corrompidos por postmodernos neomarxistas”, especialmente los “estudios sobre la mujer” (women’s studies) y sobre los negros (black studies). Muy crítico con la agenda izquierdista, que tacha de totalitaria, intolerante y una creciente amenaza, cuando ha sido acusado de ser un reaccionario, ha contestado que “ser reaccionario es el nuevo radicalismo”.

En sus conferencias combina referencias a la Biblia con los últimos estudios sobre neurociencia, llevando a su auditorio por un recorrido fascinante desde el Edén al Gulag, combinando biología, religión, psicología y mitología aderezadas con unas gotas de Dostoievski (advierto ya que no hay que estar de acuerdo con todo lo que dice Peterson para reconocerle el mérito e interés). Y una última provocación: Jordan Peterson va por ahí afirmando que “la figura central de la cultura occidental es Cristo”.

Un cóctel al que se apuntan miles de jóvenes que llenan los auditorios en los que habla. En una cultura en la que los jóvenes, especialmente si son varones y no pertenecen a ninguna minoría, son contemplados como proto-violadores, proto-racistas y culpables de haber gozado de múltiples “privilegios”, las palabras de Peterson suenan a liberación para muchos oídos. En el turno de preguntas una chica le preguntó a Peterson qué recomendación le podía hacer a una estudiante como ella. La respuesta fue que ignorase a los profesores que pretenden destruir el alma de sus alumnos y que, por el contrario, empleara sus años de estudiante en cultivar buenas amistades, especialmente con personas que ya han muerto pero con quienes, a través de sus obras y a pesar de los esfuerzos de los deconstruccionistas, podemos establecer una relación enriquecedora.

Toda una bocanada de aire fresco en el aburrido, conformista y políticamente correcto panorama del pensamiento actual.

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One comment

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    Todo un “crack”, un bálsamo para la inteligencia, una sabiduría dignificadora de la persona, y la fustigación de la tergiversación, la manipulación, la falsedad y el relativismo

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