Junípero Serra: el sistema de las misiones franciscanas (y III)

San Junípero muestra el camino de la alegría: ir y compartir con los demás el amor de Cristo San Junípero muestra el camino de la alegría: ir y compartir con los demás el amor de Cristo

Al igual que las reducciones jesuíticas de América del Sur, las misiones franciscanas de la Alta California constituyen experiencias de evangelización y de organización social muy importantes en la historia. La fundación de las misiones seguía una sugestivo ritual: después de haber preparado el terreno escogido previamente, se colocaba una Cruz y se colgaba una campana en un árbol, que servía luego como baldaquino del altar provisional. Con el hisopo se bendecían el aire y la tierra y se invocaba el Espíritu Santo. A continuación, se daba nombre al lugar, y los soldados que acompañaban y protegían a los misioneros disparaban varias salvas de ordenanza, que simbolizaban la incorporación de aquel territorio a la corona española.

Además de la tarea propiamente evangelizadora (catequesis, administración de los sacramentos, etc.), los misioneros franciscanos realizaron un gran trabajo social entre las poblaciones indígenas que encontraron: les enseñaron a convivir entre ellos, a construir casas, a cultivar la tierra, a criar el ganado doméstico introducido por los mismos misioneros, a desarrollar actividades de tipo comercial, etc. Bajo la guía de fray Junípero fueron construidas en las misiones donde estuvo cinco espléndidas iglesias de estilo barroco que todavía se conservan, y que constituyen un símbolo de la inculturación de la fe en California. Las misiones franciscanas produjeron también importantes resultados de transformación cultural: la alfabetización, el desarrollo del arte y de la música, la utilización de nuevas técnicas de construcción desconocidas por los indígenas, etc. En definitiva, las misiones franciscanas de California supusieron un puente entre las costumbres propias de la población autóctona y la novedad de la presencia colonial.

La obra escrita de fray Junípero consiste en un epistolario compuesto de 191 cartas, redactadas la mayor parte de ellas en la Alta California, y dirigidas a sus superiores o a las autoridades civiles, acerca de la fundación y el desarrollo de las misiones. En el encabezamiento de cada una de ellas, el santo solía siempre escribir: «¡Viva Jesús, María, José!». Estas cartas ponen en evidencia la enorme amplitud de la labor evangelizadora de fray Junípero (recorrió 9.900 km y 5.400 millas náuticas), su valiente defensa de los derechos de los indígenas, el empeño para detener el creciente proceso de secularización a la que estaban sometidas las misiones franciscanas por parte del poder temporal, la fortaleza heroica para soportar las dificultades físicas, materiales y morales que padeció, la gran capacidad organizativa de la que estuvo dotado, etc.

Los estudios más solventes que se han publicado hasta el momento, incluso partiendo de posiciones historiográficas diversas, coinciden en afirmar que la acción evangelizadora de fray Junípero Serra contribuyó a la defensa de la cultura propia de los pueblos indígenas que habitaban en California. Él los defendió de los abusos de la autoridades civiles y militares, evitando el peligro de supresión de las usanzas preexistentes a la llegada de los colonizadores. De fray Junípero dijo el papa Francisco el día de su canonización en Washington, D.C., el 23 de septiembre de 2015, que fue «uno de esos testigos que supo testimoniar en estas tierras la alegría del Evangelio. Supo vivir lo que es “la Iglesia en salida”, esta Iglesia que sabe salir e ir por los caminos, para compartir la ternura reconciliadora de Dios. Supo dejar su tierra, sus costumbres, se animó a abrir caminos, supo salir al encuentro de tantos aprendiendo a respetar sus costumbres y peculiaridades. Aprendió a gestar y a acompañar la vida de Dios en los rostros de los que iba encontrando haciéndolos sus hermanos. Junípero buscó defender la dignidad de la comunidad nativa, protegiéndola de cuantos la habían abusado. Abusos que hoy nos siguen provocando desagrado, especialmente por el dolor que causan en la vida de tantos».

La cima más alta de la cadena montañosa de Santa Lucía, en California, lleva el nombre de fray Junípero Serra. Considerado un padre de la patria, a propuesta del estado de California el 1 de marzo de 1931 fue colocada una estatua suya en bronce, obra del escultor italo-americano Ettore Cadorin, en el salón estatuario del Capitolio, en Washington, donde están representados los personajes más ilustres de los Estados Unidos (cada estado federado puede proponer únicamente a dos personas). Confiamos en que la estatua de fray Junípero permanezca allí para siempre.

A su regreso del viaje apostólico a Cuba y Estados Unidos, el papa Francisco dedicó la audiencia general del 30 de septiembre de 2015 a recordar las etapas más significativa del viaje apenas finalizado. Al hablar de la canonización del gran evangelizador de California, el Papa comentó: «San Junípero muestra el camino de la alegría: ir y compartir con los demás el amor de Cristo. Este es el camino del cristiano, pero también de cada hombre que ha conocido el amor: no tenerlo para sí sino compartirlo con los demás. Sobre esta base religiosa y moral surgieron y crecieron los Estados Unidos de América, y sobre esta base pueden seguir siendo tierra de libertad y de acogida y cooperar con un mundo más justo y fraterno».

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