La Asamblea de e-Cristians: Por un nuevo Impulso Cristiano

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El pasado sábado 10 de junio e-Cristians realizó su doceava Asamblea, caracterizada por la convicción y voluntad de contribuir sin protagonismos a un nuevo Impulso Cristiano para transformar las inercias que dominan nuestra sociedad y nuestra política; la mentalidad y vida de las personas. Un Impulso revitalizador surgido de la base del Pueblo de Dios, los laicos, que facilite la consecución de dos fines inherentes a la Iglesia: la remoción de las estructuras e ideologías; cultura y moral, que impiden o dificultan en gran manera la evangelización, y la creación de las condiciones que conducen a que la vida pública sirva realmente al bien común.

Para ello es necesario abordar las causas radicales del actual estado de cosas. Una la de una cultura, basada en el individualismo radical y hedonista de la desvinculación, de la realización solo mediante la satisfacción del deseo de posesión, la cupiditas opuesta a la caritas, que significa reciprocidad en la donación. La otra, la de una moral, la vigente dañada por su gran dificultad para identificar el bien y realizarlo mediante las virtudes más allá de los propios intereses, para impartir justicia, para asumir la responsabilidad de los propios actos, para diferenciar lo necesario de lo superfluo. Para procurar la belleza.

Junto a este contexto global, existen unos problemas, unas dificultades específicas que dificultan, cuando no impiden, realizar el mandato de Jesucristo. Uno, particularmente grave, es la fragmentación católica. Las gentes de la comunión andan particularmente desunidos o simplemente fragmentados, a veces por razones doctrinales, otras por personalismo, las más porque cada uno se siente en su fracción poseedora de todas las respuestas y resulta poco menos que imposible la colaboración mutua. La cuestión es evidente. ¿Cuál es la unidad de propósito de los católicos, en qué se concretan y manifiestan en actos más allá de los discursos? La respuesta es que no se percibe nada más allá del servicio solidario, del ser una gran ONG. Eso está bien, pero no basta. Jesucristo no vino al mundo con este fin. En todo caso es una consecuencia de él, y una forma de dar testimonio, pero no es lo único que puede establecer aquella unidad en la acción.

Otra característica es la orfandad política. Hoy, los presupuestos culturales y morales católicos no tienen interlocutor político. Simplemente son contraculturales, y su recepción se mueve por parte de los políticos entre la indiferencia molesta y la hostilidad

La marginalidad y marginación de la Institución eclesial y de la cultura y moral que es portadora, deviene otra realidad. Marginalidad porque está, por razones propias, fuera de todo debate regular, de toda iniciativa continuada en este ámbito, más allá de algunas protestas, reacciones ocasionales. Existe una desproporción entre la importancia del sujeto y sus recursos humanos e intelectuales, y su débil presencia en la esfera pública. Y también marginación porque la Iglesia está deliberadamente marginada de los debates y los medios, que sienten una especial predilección por mostrar solo a los hipercríticos o a los extremosos.

Por último, la mala imagen, el exceso de atributos negativos asociados a la palabra Iglesia y a los obispos. Es injusto, claro que los es, pero esa no es una razón para mirar hacia otro lado. Por el contrario, debe ser un acicate para afrontar con eficacia este frame.

La respuesta a todo ello pasa necesariamente por edificar un nuevo sujeto colectivo presente y activo en el centro de la sociedad. Este sujeto es Impulso Cristiano, surgido de la convergencia práctica de personas y grupos, que a la estela de este impulso, sean capaces además de incorporar personas hasta ahora no vinculadas. Hay miles de católicos valiosos que nunca han sido llamados a participar o no han encontrado la motivación y el encuadre adecuado para hacerlo. Para eso también debe surgir Impulso Cristiano.

Todo ello con la finalidad de construir una nueva opinión pública capaz de modificar el marco cultural y moral, mejorar la percepción de la Iglesia en la sociedad, generar las condiciones que hacen más eficiente la evangelización.

En esta línea de acción es determinante la acción masiva y continuada con los católicos no practicantes, dirigida a fortalecer su ahora identidad débil, favorecer su retorno a la Iglesia y fomentar el compromiso de los católicos culturales que, alejados de la práctica comparten la moralidad católica.

Diseñar y aplicar un necesario Proyecto Cultural alternativo a la actual hegemonía de la perspectiva de género es otra línea básica del Impulso Cristiano, como lo es la construcción atenta de aplicaciones de la doctrina social de la Iglesia al orden social y económico.

Por último, pero no por ello menos importante, la gran tarea de rehacer las comunidades maltrechas: La familia, que necesita de la condición del matrimonio, la descendencia y su voluntad educadora. También de la parroquia, como comunión de vida, proyecto, trabajo y memoria, que no se limita a los feligreses sino que se propaga en todo su territorio. Y más allá de ellas, la formación de comunidades en los ámbitos ciudadanos, laborales, profesionales, de servicio. Una buena sociedad no puede ser el conjunto de individuos aislados, sino el resultado de las redes comunitarias.

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