La calle más alegre del mundo

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El 13 de diciembre de 1935, unos meses antes de morir asesinado, el poeta y dramaturgo granadino Federico García Lorca, que había estrenado en el teatro Principal de Barcelona su obra Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores con la compañía de Margarida Xirgu, dijo a las floristas de la Rambla, a quienes había dedicado una función: «La calle más alegre del mundo, la calle donde viven juntas a la vez las cuatro estaciones del año, la única calle de la tierra que yo desearía que no se acabara nunca, rica en sonidos, abundante de brisas, hermosa de encuentros, antigua de sangre, la Rambla de Barcelona».

Sólo por unas horas del día 17 de agosto de 2017, la calle más alegre del mundo dejó de serlo. Pero sólo fue por unas pocas horas. Vaya nuestro recuerdo, nuestro cariño y también nuestra oración a todas las víctimas del cruel atentado que sacudió el corazón de Barcelona: por los fallecidos y los heridos, por sus familiares y sus seres queridos. A ellos lleguen la esperanza cristiana y el consuelo humano que puedan aliviar su tremendo dolor. Pedimos también a Dios que ilumine y convierta los corazones de quienes pretenden hacer daño a los demás con sus acciones, porque un día también ellos tendrán que comparecer ante su presencia. Y Dios es para todos un Padre bueno y misericordioso, pero al mismo tiempo es Juez justo. Por eso le decimos: “Ilumina, Señor, a quien se encuentra en las tinieblas y en la sombra de la muerte”.

Nos hará bien recordar que el lugar donde se detuvo el furgón que tanta desolación causó en la Rambla de Barcelona fue el mosaico realizado por el artista Joan Miró (Rambla, esquina con la calle del Hospital), después de haber pasado por delante de la parroquia de Nuestra Señora de Belén (Rambla, esquina con la calle del Carme). La devoción a Santa María de Belén es muy antigua en Barcelona. Sobre el dintel de una de las dos puertas laterales de la iglesia -ambas se encuentran en la Rambla-, hay una imagen del Niño Jesús que sostiene una cruz en sus manos, que inspiró al sacerdote y poeta Jacint Verdaguer, residente en la Rambla durante un período de su vida, un artículo titulado Lo Jesuset de la Rambla.

El 18 de agosto de 2017 la Rambla de Barcelona volvió a ser la calle más alegre del mundo. Y lo será ya para siempre.

 

* * *

 

Discurso a las floristas de la Rambla de Barcelona

Federico García Lorca

13 de diciembre de 1935

Señoras y señores:

Esta noche, mi hija más pequeña y querida, Rosita la soltera, señorita Rosita, Doña Rosita, sobre el mármol y entre cipreses Doña Rosa, ha querido trabajar para las simpáticas floristas de la Rambla, y soy yo quien tiene el honor de dedicar la fiesta a estas mujeres de risa franca y manos mojadas, donde tiembla de cuando en cuando el diminuto rubí causado por la espina…

La rosa mudable, encerrada en la melancolía del Carmen granadino, ha querido agitarse en su rama al borde del estanque para que la vean las flores de la calle más alegre del mundo, la calle donde viven juntas a la vez las cuatro estaciones del año, la única calle de la tierra que yo desearía que no se acabara nunca, rica en sonidos, abundante de brisas, hermosa de encuentros, antigua de sangre: Rambla de Barcelona.

Como una balanza, la Rambla tiene su fiel y su equilibrio en el mercado de las flores donde la ciudad acude para cantar bautizos y bodas sobre ramos frescos de esperanza y donde acude agitando lágrimas y cintas en las coronas para sus muertos.

Estos puestos de alegría entre los árboles ciudadanos son el regalo del ramblista y su recreo y aunque de noche aparezcan solos, casi como catafalcos de hierro, tienen un aire señor y delicado que parece decir al noctámbulo: “Levántate mañana para vernos, nosotros somos el día.”

Nadie que visite Barcelona puede olvidar esta calle que las flores convierten en insospechado invernadero, ni dejarse de sorprender por la locura mozartiana de estos pájaros, que, si bien se vengan a veces del transeúnte de modo un poquito incorrecto, dan en cambio a la Rambla un aire acribillado de plata y hacen caer sobre sus amigos una lluvia adormecedora de invisibles lentejuelas que colman nuestro corazón.

Se dice, y es verdad, que ningún barcelonés puede dormir tranquilo si no ha paseado por la Rambla por lo menos una vez, y a mí me ocurre otro tanto estos días que vivo en vuestra hermosísima ciudad.

Toda la esencia de la gran Barcelona, de la perenne, la insobornable, está en esta calle que tiene un ala gótica donde se oyen fuentes romanas y laúdes del quince y otra a la abigarrada, cruel, increíble, donde se oyen los acordeones de todos los marineros del mundo y hay un vuelo nocturno de labios pintados y carcajadas al amanecer.

Yo también tengo que pasar todos los días por esta calle para aprender de ella cómo puede persistir el espíritu propio de una ciudad.

Amigas floristas, con el cariño con que os saludo bajo los árboles, como transeúnte desconocido, os saludo esta noche aquí como poeta, y os ofrezco, con franco ademán andaluz, esta rosa de pena y palabras: es la granadina Rosita la soltera.

¡Salud!

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