La catequista mártir que desde el cielo liberó a dos compañeras presas

Entre los ocho beatos del siglo XX en España nacidos un 20 de febrero hay una catequista mártir que era obrera textil en Alcoy

Ocho mártires de la Revolución Española nacieron un 20 de febrero: dos lasalianos -uno vizcaíno y otro palentino-, el párroco de Falset en Tarragona, una obrera textil de Caudete (Albacete), dos maristas burgaleses, un oblato de María Inmaculada y un agustino leoneses. En este post me centraré en los cuatro primeros, dejando a los otros cuatro para mañana.

Antonio Solá Garriga (hermano Orencio Luis), de 38 años (nació en Bilbao en 1898), era el director del noviciado de La Salle en Griñón (Madrid), donde fue asesinado con otros nueve lasalianos y un laico (ver la entrada del 7 de enero) el 28 de julio de 1936; mártires beatificados en 2013.

“Medito en la muerte, que puede venir muy pronto”
Eleuterio Mancho López (hermano Eleuterio Román), también lasaliano y nacido el mismo día que el hermano Orencio Luis, en Fuentes de Valdepero (Palencia), había hecho profesión solemne en 1923. Estuvo tres años en el Asilo del Sagrado Corazón, y después pasó al colegio del Niño Jesús que Praga, que los Hermanos de las Escuelas Cristianas regentaban en el Puente de Vallecas. Allí le sorprendió la revolución; se refugió en una prisión y luego en el Asilo del Sagrado Corazón, pero por el peligro regresó a la pensión, donde un día que la dueña le preguntó qué hacía, contestó: “Medito en la muerte, que puede venir muy pronto”. Un día llegaron milicianos preguntando por él y afirmando: “¡Este es un fraile!”. Se lo llevaron en coche a la Pradera de San Isidro, donde quedó su cadáver, que pudo ser reconocido por las fotos que hacía la policía.

“Deseo ver la reacción de los católicos después de esta persecución”
Antoni Nogués Martí, de 60 años (nació en 1876 en Mont-roig del Camp, Tarragona), era arcipreste de Falset y fue asesinado en la también tarraconense localidad de Torre de Fontaubella el 12 de agosto de 1936: en Tarragona lo beatificaron en 2013. Compartieron su suerte sus dos vicarios –Josep Maria Sancho Toda, de 27 años, sacerdote desde diciembre de 1931 y Ramon Martí Amenós, de 30 años y sacerdote desde 1928- y el párroco de Riudecanyes. Nogués era sacerdote desde 1900. Al estallar la revolución, repetía con frecuencia: “¡Qué suerte sería la mía si pudiera morir mártir! pero también deseo poder ver la reacción de los católicos después de esta persecución”.
El 20 de julio de 1936, los tres sacerdotes se refugiaron en casa del alcalde E. Llorens, destuido ese mismo día por los revolucionarios, que llevaron a los sacerdotes a casa del organista parroquial, señor Monlleó, y al huerto de Máximo Diborra, donde los tuvieron tres días sin comer. Luego fueron a casa de las señoras Asens, y el padre Sancho propuso ir a una finca de sus padres, que les llevaban la comida a un lugar convenido.
Se escondían en una cueva y allí se les juntó Joan Rofes Sancho, de 60 años, párroco de Riudecanyes y también ordenado sacerdote en 1900. Ante la presencia de los milicianos, Rofes había consumido el Santísimo antes de que le expulsaran del pueblo. Se refugió en una caseta de campo de la Torre de Fontaubella, donde le visitó su hermana Gertrudis, a la que, ante su lamento por la persecución de los sacerdotes, le dijo: “A Cristo le persiguieron. ¿Qué tiene de extraño que nos persigan ahora a nosotros?”. Obligado a internarse en el bosque de la Mola de Colldejou, dentro del término de Fontaubella, se encontró a los otros tres sacerdotes.
El refugio donde pasaban la noche era tan pequeño que una noche de un temporal de lluvia quedaron todos en un estado lastimoso. Al día siguiente, 12 de agosto, una treintena de milicianos, después de pasar por casa del señor Sancho, fueron hasta la casa de campo, de donde se llevaron al padre, amenazando de muerte a la madre para que les dijera dónde estaban los sacerdotes. El hijo menor se interpuso pidiendo que, en lugar de su madre, lo mataran a él. Al ver que no sacaban nada de la madre, fueron hacia el bosque de la finca, donde, usando perros, localizaron a los cuatro sacerdotes. Nogués, al verlos, les pidió que lo mataran a él y que no hicieran nada a los otros tres porque eran muy jóvenes. Sin hacer caso, los revolucionarios asesinaron a los cuatro sacerdotes allí mismo, en el lugar conocido como Coma-fonda. Los cadáveres permanecieron dos días insepultos hasta que el Comité de Reus ordenó que fueran quemados fuera del bosque.

La catequista que prometió interceder por sus compañeras
Florencia Caerols Martínez, de 46 años (nació en 1890 en Caudete, Albacete), era soltera y obrera textil en Alcoy (Alicante), fue asesinada en Rotglà i Corberà (Valencia) el 2 de octubre de 1936 y beatificada en 2001. De misa diaria, fue Presidenta del Sindicato Católico Femenino desde 1927 hasta 1936. Logró bautizar a algunas de sus compañeras y que otras se casaran. Era catequista del Patronato de San Mauro, de Alcoy, celadora de la Venerable Orden Tercera, del Apostolado de la Oración y del Sagrado Corazón de Jesús, de varias congregaciones marianas, de la Pía Unión de las Marías de los Sagrarios, etc.

Con la revolución, estuvo presa en el convento de las Esclavas del 23 al 28 de septiembre, y ese día fue trasladada a la cárcel del Partido Judicial hasta su muerte. Prometió a dos señoras, que con ella estaban detenidas, que la primera súplica que haría a Dios, al llegar a su presencia, sería pedir que las dejasen en libertad. La fusilaron en Rotglá de Corbera (Valencia) el 1 de octubre y unos testigos oyeron cómo se encomendaba al Sagrado Corazón y pedía perdón para los que le iban a quitar la vida. Al día siguiente, quedaban libres sus dos compañeras de cautiverio.

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Puede leer la historia de los mártires en Holocausto católico (Amazony Casa del Libro).

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