La crisis vista con ojos africanos

Esta pasada Navidad recibí un correo electrónico de Enric Franco que me ha hecho darle un montón de vueltas a ese asunto tan recu…

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Esta pasada Navidad recibí un correo electrónico de Enric Franco que me ha hecho darle un montón de vueltas a ese asunto tan recurrente de la crisis que nos invade. Enric es un misionero salesiano que lleva más de 20 años en África, los últimos 5 en Togo. Yo le conocí hace 12 años en Costa de Marfil, durante un verano en el que estuve colaborando con sus proyectos como voluntario. Desde entonces nos escribimos periódicamente, nos vemos cuando viene a Cataluña y siempre me aporta una perspectiva muy interesante de lo que ocurre en nuestro primer mundo visto desde allí, desde África.

El correo de Enric era una felicitación navideña, sin duda, pero muy peculiar. Os transcribo, traducidos del catalán, algunos fragmentos de la misma.
Querido amigo:
…No puedo dejar de enviar mi saludo y reflexión navideña desde África, contextualizada en el momento actual. Y la verdad es que, tal como me llegan las noticias no sé si os he de felicitar o no, porque parece que estáis pasando por problemas tan graves y preocupantes, con una crisis tan profunda que os hace sentir tan desgraciados, los más desgraciados del planeta, porque no podéis gastar todo el dinero que querríais. ¡Y dicen que va a durar mucho tiempo! ¡Pobrecillos! Quizá tendremos que detraer el 0,7% de nuestro PIB para enviaros ayuda económica…
Bueno, aunque es cierto que habéis entrado en una grave recesión económica, nosotros no la sufrimos, porque siempre hemos estado dentro. Y la Bolsa baja y baja, y se pierde tanto dinero… pero nosotros no nos enteramos, porque aquí no hay Bolsa, no sabemos lo que ocurre, la gente no entiende vuestra desgracia. Parece que lo que compráis para comer ya no se sabe si es bueno o malo, si es auténtico o falso, que no os ayuda a vivir sino que os mata…Que hay quien produce 10 y vende 15. Pero como aquí se conforman con algo de trigo, mijo o mandioca, no hay mucho donde elegir, ni donde engañar. Nos dicen que el paro crece y crece, sobre todo entre vuestros jóvenes, y que no encontrarán trabajo, porque no hay. Pero aquí el paro es el trabajo de cada día, y no por ello se dedican los jóvenes a quemar autobuses como protesta y a romper escaparates, les basta con aspirar a comprar un billete de la muerte en una patera pirata, con los ahorros de toda la familia.
Nos cuentan que si las cosas continúan así cerrarán muchas de vuestras empresas, pero eso no ocurrirá aquí, porque aquí no hay empresas que cerrar. Os preocupa que suban los precios de los productos de primera necesidad, pero en realidad consideráis de primera necesidad los regalos de Navidad, mientras que aquí la necesidad consiste en comer cada día, poder ir a un hospital a curarse, poder estudiar en una escuela y acabar el curso.
Las ventas de coches están bajando de forma alarmante en Europa, bueno, eso sí, eso también nos pasará a nosotros, que compramos vuestros coches de segunda, tercera o cuarta mano como “coches de ocasión”.
Los gobiernos europeos y norteamericano están inyectando inmensas sumas de dinero en los bancos para salvar el sistema financiero, pero no sabemos muy bien de donde salen esos fondos, porque hasta ahora nos decían que no había recursos económicos para erradicar la pobreza del mundo antes de 2015.
En fin, todas esas desgracias tal vez son una “gracia”, una oportunidad, para vivir la Navidad y el resto del año de otra manera, menos centrada en el vértigo del consumo, de los gastos superfluos e innecesarios, sin poner la esperanza en la compra del afecto de amigos y familiares con regalos programados desde afuera, para sobrevivir con menos lucecitas de colores y papel de celofán.
Tal vez la crisis sirva para vivir una Navidad más íntima, más emotiva, para entender que el hecho de encontrarse significa la unión de los corazones, y que podamos sentir la proximidad de Aquel que está en el origen de todo y que se convirtió en uno de nosotros.
…Feliz Navidad a todos!

Enric
Sin duda, una perspectiva diferente y atemporal para asumir las dificultades que se avecinan.
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