Sobre la enfermedad. Por si le sirve a alguien

A mí siempre me ha costado mucho contar cosas personales, pues soy bastante reservado. Pero, hace algún tiempo, un colega me hizo ver que algunas de estas cosas debería contarlas, porque podrían venir bien a otras personas. Por eso, contaré una de ellas. Me cuesta bastante, por lo dicho y porque tengo poca fe – perdón por ello- en que lo que ha venido sucediendo hasta ahora, siga pasando. Podría venirme abajo. Y esta es la historia: En 2001  me encontraba yo como una rosa, pero inesperadamente tuve que hacerme una ecografía, y se descubrió que tenía un tumor maligno en el riñón izquierdo, y otro más pequeño en el derecho. Ante este panorama, el urólogo me dijo que habría que extirpar, en marzo, el riñón izquierdo, y, en mayo, parte del derecho. En esta situación, seguí el ejemplo que había visto en otras personas, y, antes de la primera operación, por si las moscas, me confesé y recibí la unción de enfermos. Lógicamente estas dos acciones no evitaron ninguna de las dos operaciones, pero me parece que tuvieron bastante que ver en que un miedicas como yo entrase al quirófano, en ambas ocasiones,  casi como Perico por su casa. Y lo mismo sucedió cuando, hace unos meses,  me tuvieron que  extraer otro tumor de la órbita izquierda, y en alguna otra ocasión más. Por otra parte, me parece que también ayuda bastante a llevar mejor las enfermedades el habituarse a preguntarse cuando éstas aparecen: “¿por qué le habrá sucedido a él y no a mí?”, en vez de “¿por qué me habrá tocado a mí?” Así, por ejemplo, a mí me está viniendo bien al pensar que otras personas  están en diálisis y yo, al menos hasta ahora, no. Esto me sirve para llevar mejor la medicación y el seguimiento y para acordarme con frecuencia de mis “colegas” y pedir para que les sea más llevadero lo de depender de una máquina, pues debe de ser bastante durillo el tema. Y, en el caso de los creyentes, pienso que también da muy buenos resultados, como oí hace tiempo, el ofrecer los sufrimientos, entre otras cosas, como reparación por los propios pecados, que, al menos los de omisión, no serán pocos. A los no creyentes, por lo del “por si acaso” también les podría servir. Termino dando las gracias al personal sanitario, que salvo rarísimas excepciones (y más bien han sido administrativas), me han tratado muy bien. Gracias

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