La fascinación social del juvelinismo

Al margen de la fascinación social del juvelinismo, la relación entre la Iglesia y los jóvenes no debe ser instrumental. Vivimos en la época de las Jornadas Mundiales de la Juventud. En gran medida, la imagen de esa relación está focalizada por esos encuentros masivos de jóvenes con el Papa. Una intuición del Espíritu del Papa Juan Pablo II, un hombre con experiencia cierta en la pastoral juvenil como lo demuestra su biografía.

Es innegable que hay quien, comprendiendo que el éxito de las JMJ no está solo en las JMJ, sino en lo que las precede y en lo que las desarrolla a posteriori, buscan fórmulas complementarias.

Lo que los estudios sociológicos demuestran es que los jóvenes demandan modelos de autenticidad. Es cierto que aumentan los peligros de la polarización ideológica ante la desafección de la realidad. Pero también lo es que el idealismo sigue siendo efectivo. Un Evangelio sin glosa, por tanto. Ese Evangelio de los santos. Un cristianismo sin glosa, alejado de la tentación de convertirse en un puro moralismo.

El sociólogo Bryan S. Turner advirtió hace mucho de los riesgos de un “cristianismo de baja intensidad” en el que se habían reducido al máximo las formas objetivas de vida cristiana. Es como decir que se sustituía la fe por una emoción subjetiva o por una propuesta de valores.

Quizá la tentación sea la de proponer un cristianismo que se reduzca a un humanismo, a una ética, dado que religión y ética se encuentran en la solidaridad. Una tentación muy de nuestro tiempo.

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