La fraternidad para reconstruir la concordia

fraternidad Primera Epístola de Pedro

El conflicto en Cataluña ha provocado desgarradoras rupturas entre las personas. Entre los propios católicos catalanes, entre los catalanes, y entre buena parte de estos y otra parte de gentes del resto de España, alentados por los radicales. Pero con ser el problema más grave no es el único que daña la convivencia, porque en el plano de la política general, demasiadas veces, más que escuchar propuestas para el bien común surgen denuestos contra el adversario político. No debemos aceptar como necesaria esta destrucción mutua, primero, por una razón de fraternidad y segundo, si no se llega a lo primero, por la necesidad de vivir juntos.

Por esta razón, es decisivo y al alcance de cualquiera promover la concordia. Hay que proponerla con el testimonio personal, que toma más fuerza si construye fraternidades de personas que se reúnen para orar, meditar y abordar el momento presente a partir de las exhortaciones evangélicas adecuadas.

Vivir evangélicamente el momento presente significa actuar y comprometerse:

  • Repasar las diferentes situaciones que vivimos y que vemos y exhortarnos a vivirlas, y abordarlas de acuerdo con las convicciones de la fe. La Primera Carta de Pedro es una buena base para orar y meditar como inicio del diálogo en la fraternidad
  • Fundamentarse en la vida y misterio de Jesucristo
  • Afirmarse en la verdad de que somos Pueblo de Dios, Nación Santa que dispone de una heredad firme e incorruptible.
  • Somos libres liberados por Jesucristo
  • Debemos tener a Jesucristo como modelo en medio de las pruebas. Él es el fundamento de la comunidad
  • Resistencia activa al enfrentamiento, polarización y división, basada en la esperanza y el testimonio. Esperanza que es un don de Dios
  • Cohesión y unidad en la fe, apertura y diálogo hacia fuera.
  • Saber dar razones de nuestra esperanza, de la necesidad de concordia, base de la cohesión social, con respeto, con la palabra y la obra
  • Amor, acogida, servicio.

Y es que el testimonio del comportamiento de los seguidores de Cristo en relación a los que promueven el enfrentamiento y la división, abre la puerta de la fraternidad a todos los demás.

Un grupo de personas, en cualquier lugar, puede edificar una fraternidad de la concordia

Algunas normas pueden ayudar a ello:

  • Comenzar con la oración y su meditación.  Los textos del Nuevo Testamento, los Salmos, están empapados de la palabra necesaria. En este texto nos hemos fundamentado en la Primera Carta de Pedro porque la consideramos muy adecuada, pero es evidente que cada persona y cada fraternidad debe escoger los textos más acordes a la situación sobre el hecho que hay que tratar
  • El abordaje de la cuestión bajo las indicaciones de la Palabra
  • Alejarse y dominar las viejas pasiones. Limpiarnos de todo rencor, ofensa, hipocresía
  • Vivir todo conflicto y dificultad bajo el don de la esperanza
  • Conscientes de que en el mundo nos alegramos y sufrimos en él, pero que somos extranjeros. Nuestro pueblo nuestra nación es la Ciudad de Dios
  • No diferenciamos a las personas por sus ideas, consideramos sus hechos; y esto vale también para los colectivos
  • Guiémonos siempre por el seguimiento de Jesucristo. Que lo que decimos y hacemos pueda ser grato a sus ojos
  • No dejar de actuar por encontrarlo difícil; es precisamente la dificultad la vía del perfeccionamiento.

Criterios para el diálogo

  1. Para hablar hay que escuchar mucho, y entender al otro. Actúa con él como querrías que se comportaran contigo
  2. En el orden secular la verdad es un espejo roto. Cada uno tiene un trozo, más grande o pequeño. Si trabajamos para reunirlos, reconstruiremos más y más lo que es verdadero; si cada trozo lo lanzamos a la cabeza del otro sólo conseguiremos desmenuzar aún más la verdad; perder juntos el camino que conduce al bien común.
  3. Que cada parte examine críticamente su posición identificando los 3 o 4 puntos más negativos.
  4. Y, a continuación, cada parte presenta los 3 o 4 puntos más positivos de su posición,
  5. Y ahora intentar establecer algunos puntos en común
  6. Y rezar
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