La golondrina, la serpiente y la Corte

Qué difícil resulta a veces distinguir si una acción se puede considerar buena o mala, pues casi siempre depende del punto de vis…

Qué difícil resulta a veces distinguir si una acción se puede considerar buena o mala, pues casi siempre depende del punto de vista desde el que se analiza. Esto es lo que nos viene a decir Esopo con esta nueva fábula, La golondrina, la serpiente y la Corte. Como casi siempre, el sentido común es la mejor recomendación antes de tomar una decisión.

La golondrina, la serpiente y la Corte

“Una golondrina que retornaba de su largo viaje,

se encontraba feliz de convivir de nuevo entre los hombres.

Construyó entonces su nido sobre el alero de una pared

de una Corte de Justicia y allí incubó y cuidaba a sus polluelos.

Pasó un día por ahí una serpiente,

y acercándose al nido devoró a los indefensos polluelos.

La golondrina al encontrar su nido vacío se lamentó:

-Desdichada de mí,

que en este lugar donde protegen los derechos de los demás,

yo soy la única que debo sufrir equivocadamente”.

Mi querido amigo Esopo. Tu fábula nos muestra el alto prestigio que tenía en Atenas la Corte de justicia, aunque ya desde entonces la justicia no se caía a gusto de todos. ¿Fue justa la serpiente en su almuerzo? Para la pobre golondrina está claro que no, y yo le doy la razón. Pero para el alimento de la serpiente, para su vida, todo apunta a que estuvo bien: como todo animal carnívoro necesita comer para sobrevivir.

Creo que no pretendes darnos una lección de equilibrio ecológico, sino enseñarnos que muchas acciones benefician a unos y perjudican a otros. ¿Qué debe hacer el hombre, este ser que siempre busca obrar lo mejor, para sí y para los demás? En los derechos básicos no hay mucha negociación: vida, respeto, libertad… En las decisiones contingentes, tratar de obrar del mejor modo posible, sabiendo que nunca llueve a gusto de todos.

No todo lo que beneficia a otros lo beneficia a uno

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