La ideología del deseo en política

Por este camino, vamos a encontrarnos millones de solitarios luchando todos contra todos, cada uno fiel a su deseo

deseo

En todo. Hasta en política nos topamos con la ideología del deseo. “Ideología del deseo”, feliz expresión de José Ignacio Munilla y triste gracia. Yo deseo que una cosa sea como yo deseo, y si no es así, me la invento y me la fabrico. “Si la Unión Europea sirve para que unos estados cuestionen a otros, la Unión Europea pierde su función”: Esteban González Pons, portavoz del Partido Popular de España en el Parlamento Europeo, dixit. Es decir, de ataque a Catalunya a ataque a Europa. Todo porque un juez alemán dice “no”; pero ¿qué pasaría si hubiera dicho “sí”? ¿No lo celebrarían los mismos que ahora lo repudian? Y los otros, al revés. Todo por solo judicalizar. Más interpretaciones, lo que faltaba. No seamos hipócritas. El ataque es mutuo: de Catalunya a España y de España a Catalunya; pero es ataque, no nos engañemos, y viene de antes de judicalizar. Faltan ley y razón. ¡Diálogo!: alta política, no solo jueces. “Tú tienes que pensar como yo digo. Europa tiene que decir lo que yo quiero. Porque lo digo yo. A mí nadie me contradice. Pienso, digo y hago lo que me da la gana”, repites. Hemos llegado a negar el diálogo hasta en Europa, porque la ideología del deseo no tiene comarca, es global. Falta una ética global que arranque de lo local. “Pensar globalmente. Actuar localmente”. Alemania, Europa tienen que poder decir “no” igual que poder decir “sí”, con separación de poderes, pero Catalunya debe rectificar. Lo contrario es jugar a Señor del Mundo. Pero no. ¿Quiero que un muro separe nuestros países? Lo levanto. ¡Pues no, señores! Sin dialogar, ignorarnos mutuamente es aniquilar a las personas para quedarme tan fresco con mis ideas y mi grupito. De momento, con tu grupito vas entendiéndote, pero como lo tuyo es que te domina la ideología del deseo, cuando sientas que ya no lo necesitas y quieras más, cortarás con él. Y ya te habrás quedado solo. Por este camino, todos acabaremos igual, solos. ¿Y entonces? ¿Cómo te desenvolverás en la vida para seguir imponiendo tu deseo? “Pues hago la guerra. Si ya te lo he avisado, ya lo ves con mi actitud, voy a por todas”, amenazas. Lo he advertido en varios artículos. Por este camino, vamos a encontrarnos millones de solitarios luchando todos contra todos, cada uno fiel a su deseo. Lo aviso una vez más: vayamos a la esencia, no nos perdamos por las ramas, que nos enramamos. El origen. Lo que une. No sigamos buscándonos la pajita en el ojo. El pastel es el que es, hablemos de cómo repartirlo. Todos venimos de Dios y a Él vamos. No estará de más invocarlo, pero rectifiquemos. Todos. O eso, o el infierno. Ya en la Tierra.

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