La incertidumbre francesa. Macron y la segunda vuelta

Macron

La segunda vuelta ha revalidado el triunfo de la mayoría presidencial, con una abstención todavía mayor que en la primera, que a su vez ya batió récords. Un argumento del porqué ha sucedido esto es que la gente ya está cansada de votar dado que, contando las primarias de los partidos, han acudido a las urnas en ocho ocasiones en poco más de medio año. Otra interpretación es que ya les iba bien el resultado que anunciaba la primera vuelta, una especie de apoyo pasivo al nuevo presidente, aunque este razonamiento no sirve para explicar porque en aquella ocasión también la gente acudió poco a votar. En cualquier caso, no es un buen indicador de la democracia francesa que, si generalmente se caracteriza por algo, es por ser la más inquieta de Europa. Recordemos que hace solo cinco años, el ahora marginal Partido Socialista tenía todo el poder en Francia, desde los distintos escalones de los poderes locales, al Parlamento y la Presidencia de la República.

Macron es una figura singular por el tratamiento que le otorgan los grandes medios de comunicación del poder establecido, como Obama cuando le dieron el Nobel sin casi haber empezado a gobernar y con dos guerras en curso. Macron, que está inédito, merece calificativos tales como un “presidente monárquico”, “jupiterino” en sentido elogioso, el que es de presencia más bien tímida y discreta. Se le compara con Mitterrand que gobernó catorce años por su capacidad para concentrar el poder… que aún no ha ejercido. Al mismo tiempo, se le dibuja, y él así se declara, como un discípulo de otro socialista, pero muy distinto, Michel Rocard, pero que siempre estuvo a la greña con Le Roi Mitterrand, y por si no bastara, lo definen como doblemente liberal, en lo económico y lo social (léase matrimonio homosexual, aborto y perspectiva de género). O sea, que lo es casi todo. Pero en realidad su programa no es ninguna novedad y asume los planteamientos cruzados de los establishment cosmopolitas que buscan, como sea, la hegemonía, el del Gender, que prepara el transhumanismo, y el de los altos funcionarios de la administración francesa, sobre todo la tecno estructura de Bercy, donde se encuentra el Ministerio de Economía y Finanzas, y que coinciden con otra tecno estructura, la de la gran banca. Eso no significa que su proyecto sea malo, por ejemplo, el Premio Nobel de Economía 2014, Jean Tirole, le apoya. Pero la cuestión está en el cómo se aplica y la resistencia que encuentra. Porque la tesis de fondo que comparte Tirole es que los trabajadores franceses se encuentran demasiado protegidos.

Hay que aunar seguridad para el trabajador y flexibilidad para la empresa, sostienen, un buen concepto porque salva todo lo bueno, pero cuya dificultad- y coste- radica en el tránsito de las situaciones actuales a la flexiseguridad, que de eso se trata. No es un dato menor que el PSC se ha hundido porque lo que pretendían Hollande y Valls era, si no lo mismo, sí un paso en el mismo sentido.

Con la mayoría absoluta Macron tendrá todo el poder, sí, pero también carecerá de excusa, y contrapoder moderador, para hacer más pasable su programa. Y esa es la incertidumbre francesa, muy especial porque no se da con mayorías absolutas y poderes presidenciales, que la calle supla al debate parlamentario, y Macron sea un espejismo mantenido por los diseñadores mundiales de frames, de imaginarios colectivos.

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