La irracionalidad de la ideología de género

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La ideología de género embebe todo el contexto de nuestra sociedad, hasta el extremo de que condiciona y censura el lenguaje. En muchas tablas estadísticas ya no se presenta la diferencia según sexos sino con la estúpida expresión de ‘géneros’. Se intenta hacer olvidar que la especie humana se divide entre hombres y mujeres, y que ambos forman parte de la misma unidad que es la persona humana, pero al mismo tiempo presentan variaciones entre ellos muy importantes, precisamente aquellas que determinan el ser hombre o el ser mujer. Bastaría con observar quienes pueden engendrar y quienes no para constatarlo. A pesar de ello, la ideología de género se empecina en presentar que tales diferencias naturales no existen y que son únicamente fruto de la sociedad, de la cultura, y que un hombre puede ser mujer y la inversa o todo al mismo tiempo, en función de los roles que desee adoptar, negando así todo sentido a las leyes naturales.

El homosexualismo político ha hecho suyo este planteamiento porqué en su argumentación favorece determinadas actitudes sexuales que no coinciden con las de la mayoría del género humano. Por otra parte, si se admite una clara diferenciación, como es evidente entre hombres y mujeres, se estará reconociendo que el matrimonio y la subsiguiente paternidad y maternidad surgen de la complementariedad entre dos distintos, lo cual pone en cuestión el argumento básico del matrimonio homosexual y la adopción. Desde el punto de vista de la naturaleza, de la dinámica de la vida ,el matrimonio es la institución social que vela por la mejor asociación posible que se produce al unir dos complementarios.

La ideología de género nunca ha tenido una base científica a pesar que muchas universidades, en el área de letras, hayan asumido de una manera formal su estudio. Es pura ideología en el sentido marxista del término, porque las diferencias entre sexos existen y son evidentes, y afirmarlo no significa negar la igualdad de derechos sino reconocer la evidencia de una diferencia natural, no construida, sino desarrollada desde el momento de la fecundación.

Ahora mismo, dos estudios vuelven a señalar por enésima vez que entre hombres y mujeres existen diferencias importantes, muy importantes. Uno de ellos es el realizado por psicólogos británicos e italianos que tiene como título ‘La distancia entre Marte y Venus’, y que ha sido publicado por PLoS ONE, de la Public Library of Science, a partir de una encuesta realizada a 10.200 estadounidenses. En este estudio se pone de relieve que las diferencias entre hombres y mujeres son grandes, sobre todo en el terreno de la distinta sensibilidad, aunque existen más diferencias. Por otra parte, otro trabajo de psicólogos españoles coordinados por Roberto Colom y Richard Haier ha confirmado que el cerebro de la mujer y del hombre procesan determinadas informaciones de manera desigual. Es bien sabido, y ésta es una diferencia bien evidente, que el cerebro del hombre es de promedio un 10% superior al de la mujer y que en consecuencia dispone de un mayor número de neuronas. A pesar de ello, no existe ningún resultado que indique que el hombre posee una mayor inteligencia.

Lo que ahora han demostrado en su trabajo estos psicólogos es que lo que sí se da es una diferencia en las capacidades. La mayor dimensión del cerebro del hombre le proporciona habilidades espaciales superiores a los de la mujer, mientras que ésta posee unos mejores resultados en su fluidez verbal. Estos datos son concordantes con otras muchas observaciones previas que coincidían en el mismo aspecto. En definitiva, una vez más se constata que existe un hombre y existe una mujer a partir de su substrato genético, y que este hombre y esta mujer poseen capacidades que son distintas, sin que ello redunde en que pueda hablarse de la superioridad de uno o de otro. En todo caso, dependerá del campo en que se desarrolle la tarea. Esta evidencia pone una vez más en cuestión todo el planteamiento de la ideología de género, que se niega a reconocer estos hechos. Y también sitúa la necesaria reflexión sobre determinadas situaciones y comportamientos personales de carácter sexual que se apartan del conjunto de la población y que deben de ser contemplados desde este punto de vista. Es decir, desde la circunstancia personal, y no cómo si se tratara de colectivos ideológicos portadores de unos derechos específicos distintos a los que tienen por su condición común de seres humanos, para los que habría que establecer excepciones y singularidades en las instituciones sociales, como el matrimonio, la paternidad y la maternidad.

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos

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