La judicializacion de la vida

La sociedad de la desvinculacion, que considera que el máximo bien, el hiperbien por excelencia es la realización prsonal, sin estar sujetos a ningun …

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La sociedad de la desvinculacion, que considera que el máximo bien, el hiperbien por excelencia es la realización prsonal, sin estar sujetos a ningun compromiso, a ningún vinculo con la tradición, las normas, las comunidades, la religión o la propia familia. Se producen personas desvinculadas que, más que cooperar, compiten. El resultado es una necesidad creciente de leyes que regulen la vida de los ciudadanos, porque desaparece la autocontención del vinculo y del compromiso con la comunidad, con una determinada moral compartida. Y esto significa cada vez una mayor  burocracia, más jueces, fiscales y policias, mas cárceles…, sin llegar a arreglar el problema, porque es su raíz -la desvinculacion- lo que lo hace crecer.

Ahora mismo los jueces de Barcelona han abierto en términos graves el primer debate sobre la aplicación de la Ley de Protección Integral de la Mujer, al considerar que es imposible que sólo dos nuevos juzgados especializados puedan hacerse cargo de todas las materias, algo que, en el nuevo procedimiento, significa acumular todos los elementos civiles y penales. En definitiva, un proble de medios derivados de unas exigencias jurdicas crecientes y causados por la necesidad de una mayor protección.

Casi al mismo tiempo la decana de los jueces de Barcelona (y, por tanto, eximida  priori de cualquier tentación machista) critica el colapso de la justica de urgencia por la acumulación de denuncias domésticas. Muchos de los casos no poseen entidad: Discusiones por el programa de televisión que quiere ver cada uno o denuncia por un simple empujon. En definitiva, se ha judicalizado hasta tal extremo la vida matrimonial que, cada vez más, el matrimonio de está convirtirendo en una obra (tres: la mujer, el marido y el juez). Y este resultado no es nada sano para algo tan fundamental para la vida de la sociedad como es el matrimonio.

Quizás los responsabes, en lugar de estimular tanto la denucia entre cónyuges y convertir el matrimonio en algo a prueba con la nueva ley del divorcio, deberían esforzarse por legislar en términos positivos, por ejemplo estimulando la convivencia y la resolución dialogada de las discrepancias antes de ir a la guerra judical y la ruptura. No deja de ser paradójico que quienes alientan la no intervención militar en el plano internacional, y quieren favorecer el diálogo y la convivencia entre los pueblos, que es un propósito loable, no apliquen la misma filosofía a los conflictos dentro de la sociedad española.

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