La paloma sedienta

Nueva fábula de Esopo que nos muestra, una vez más, que sus sabios consejos de otra época tienen cabida en la nuestra. Con La pal…

Nueva fábula de Esopo que nos muestra, una vez más, que sus sabios consejos de otra época tienen cabida en la nuestra. Con La paloma sedienta aprendemos que la búsqueda de grandes ideales se puede estrellar con la realidad si no sabemos evaluar los riesgos. Como siempre, el sentido común será nuestro principal aliado.

La paloma sedienta

“Una paloma, incómoda por la molesta sed,

vio una charca de agua pintada sobre un rótulo.

Pero sin darse cuenta de que sólo era un dibujo,

voló hacia ella a toda velocidad e inevitablemente chocó contra el rótulo,

hiriéndose lastimosamente.

Habiéndose quebrado las alas por el golpe,

cayó a tierra donde fue capturada por uno de los transeúntes”.

Mi apreciado amigo Esopo: Nos alertas hoy del peligro del entusiasta desmedido. ¿Duro realismo ante el idealista? No, simplemente prudencia en la decisión, optimismo medido, pensado, cuidado, para no chocar contra la realidad que nos habíamos hecho, rompernos las alas y dejar que el pesimismo nos capture.

La buena paloma quiso saciar su sed, deseo legítimo y comprensible, pero era demasiado soñadora. Y, sin pararse a evaluar la situación, se precipitó a toda velocidad contra lo que ella creía una charca de agua. Y el duro golpe la devolvió a la realidad. Hay que amar y buscar los grandes ideales, los cristalinos lagos, además de las charcas. Pero también hay que ver si los podemos alcanzar, si son reales para mí en concreto. Incluso cuando el fin parece maravilloso, fácilmente alcanzable, contemos hasta diez antes de precipitarnos a toda velocidad. Es mejor conseguir el fin un poco más tarde que darnos un mamporrazo contra un espejismo.

No dejes que el fervor, entusiasmo o necesidad nublen tu discreción

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