La persecución del pasado

pasado

Barzum en su monumental “Del Amanecer a la Decadencia”, comienza el prólogo con esta pregunta “¿Quiénes somos nosotros? Es algo que debe decidir cada cual. Es señal de la confusión actual que nadie sepa que individuos o grupos creen formar parte de la evolución que describen estas páginas”; es decir, la evolución de la Europa de los últimos 500 años. Y prosigue:

Nuestra cultura se encuentra en esa fase recurrente en la que por buenas razones muchos sienten construir un muro frente al pasado… otros lo atacan y otros lo dejan de lado… Esta pasión por disociarse –desvincularse-  explica también porqué hay tantas personas convencidas- entre nosotros mismos– que hay que denunciar a Occidente, pero no nos dicen que puede sustituirlo entendido como un todo” y advierte “ignorar el pasado no anula sus efectos.” Es más, su ignorancia implica la permanente tentación de reescribirlo de acuerdo con los intereses del presente.

Es lo que sucede en España con la memoria histórica, que está siendo utilizada para reescribir los preámbulos y la propia Guerra Civil, convirtiéndola en un conflicto sangriento entre “buenos” y “malos”, donde los primeros son los perdedores y los segundos los ganadores. Es como una segunda vuelta -absolutamente incruenta, afortunadamente- de aquel enfrentamiento. Es una nueva versión de la maldición de la guerra civilista, por gente que la conoce en la generación de sus abuelos. Bajo esta perspectiva, todas las bondades extraordinarias de la Transición se vuelven “maldades”, falsedades, porque impidieron pasar cuentas con los ganadores, sin reparar -porque desconocen su sentido- que bien que mal, porque todo acto humano tiene claroscuros, la Transición fue un ejemplo del ejercicio del perdón, que es por esencia una virtud cristiana. Perdonar setenta veces siete, advierte Jesucristo, en el evangelio del pasado domingo (Mt 18,21-22) que significa, todas siempre. Y es el perdón y no la venganza lo que nos hace humanos.

Algunos dicen “perdono, pero no olvido”. ¡Cuidado! Porque esta idea puede camuflar el deseo, también bien humano, de ajustar cuentas.  Pero no debe ser así. La memoria solo tiene sentido para ajustar más y mejor el perdón.

Ese pasar cuentas se practica en España con una memoria histórica selectiva, donde las víctimas inocentes de los asesinatos del lado republicano no cuentan. Los sacerdotes religiosos, laicos, asesinados solo en razón de su fe, no tienen derecho a la memoria colectiva, o incluso resultan sospechosos “algo debían haber hecho”, porque si este elemento se introdujera, muchos de los enfoques que se aplican a la “Memoria” se desactivarían

Y esa misma mentalidad está surgiendo en Estados Unidos, donde el Ayuntamiento de Los Ángeles ha liquidado el “Columbus Day” como fecha que significaba un genocidio. Ahora pasará a llamarse esta fecha del segundo lunes de octubre “Día de los Pueblos Indígenas”. En la Misión de Santa Bárbara, California, la estatua del San Junípero Serra ha sido decapitada. No es el primer caso, pero sí es la ocasión donde han actuado dentro de un territorio religioso, la misión, que continua siendo un lugar de culto. Es bárbaro que los descendientes de quienes masacraron literalmente a los pueblos indígenas de Estados Unidos, que los ciudadanos de este estado practiquen una memoria histórica tan miserable hacia aquellos que lo único que hicieron fue abrir caminos para la civilización y la conversión al cristianismo.  Bajo esta premisa y en este caso, con razón, deberían los propios habitantes de Los Ángeles, quienes han actuado vandálicamente contra un lugar de culto, los que se dedicaran a denunciar y condenar las grandes masacres, mucho más cercanas y bien documentadas del ejército de los Estados Unidos contra las naciones indias.

Naturalmente no se trata de eso, que solo sirve para señalar lo incongruente de aquellos actos, sino de llamar primero a recuperar nuestro pasado para asumirlo, como ejemplo en aquello que tienen de bueno, como advertencia en lo que posea de malo y entero, buscando en él, encontrar las raíces para la reconciliación y el perdón. Y segundo, procurar el Proyecto Cultural que lo haga posible. El último libro de Stanley G. Payne es en este sentido ejemplar “En defensa de España: desmontado mitos y leyendas negras” es un ejemplo de esta recuperación real de la memoria.

Europa es una gran realización histórica, seguramente la mejor dentro de las miserias y contradicciones humanas, o en cualquier caso, una de las buenas, como lo es también España, preñada defectos e incapacidades, pero también de excelentes realizaciones. Somos nuestro pasado, asumirlo nos aporta un horizonte de sentido; odiarlo, en todo o en parte, solo nos conduce a ninguna parte, al espanto del vació

Hazte socio

También te puede gustar

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>