La perspectiva de género no es feminismo

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Que en nuestro tiempo la claridad racional que la Ilustración pretendía en exclusiva para sí misma, como si nada hubiera existido antes que significara tal cosa, ha derivado en pensamiento caótico fruto de la incapacidad para aprehender la realidad. La razón instrumental propia de la modernidad, carente de un marco objetivo, ha sustituido la descubierta de la realidad tal y como es por su retorcimiento en función de la subjetividad, que ha derivado en simple deseo. El bien es la satisfacción de lo que se desea. Esa es la corriente filosófica principal, como hace evidente su definición en Wiquipedia El bien es el valor otorgado a una acción de un individuo, es una inclinación natural a fomentar lo deseable,  a diferencia de la concepción guiada por la razón objetiva, que sitúa el bien como reconocimiento de la realidad Última, lo que implica necesariamente el reconocimiento de la realidad inmediata.

La perspectiva de género, nacida en la plenitud del tiempo caótico en el pensar, es la versión más representativa del deseo como sustitutivo de la realidad. De ahí su complicado entramado dirigido a negar la existencia del hombre y la mujer- lo real- a lo que denominan binarismo. Porque, y esta es una cuestión central, para suplir la realidad es necesario diseñar una neolengua, alterar el lenguaje, porque este, como condición necesaria de la comunicación, es el que nos permite acercarnos a la realidad. Se inventa un lenguaje para inventar la realidad; eso es lo que hace el Gender. Y así aparecen nuevos acrónimos que en lugar de designar conductas las hacen pasar por identidades humanas, como ejemplifica el concepto LGBTI, donde lo humano queda reducido a su deseo sexual. Como son inventos nominales para desvirtuar la realidad, el transgénero, el “quer” o tercer género, el binario de género, el agender, siempre al servicio de una realidad inventada porque niega el principio fundamental del reconocimiento de la realidad que es la naturaleza. La crítica de la perspectiva de género tiene muchas dimensiones (un buen relato aquí) pero hay una fundamental, que es la negación de la condición natural de lo humano, que salda con un discurso construido en el aire sobre que se trata de una “construcción cultural”, negando todo valor y predominio al hecho biológico.  El resultado ha hecho, y hará todavía más, un gran daño en las personas, porque bajo su predominio resulta imposible la realización personal que implica para lo bueno y para lo malo el reconocimiento de nuestra naturaleza humana, es decir, de su finitud, dependencia y complementariedad entre el hombre y la mujer, así como también el gozo de su desarrollo y perfeccionamiento, la de la condición masculina y femenina, a partir del momento que se asume lo que somos. La existencia de una sociedad que necesita medicarse masivamente contra la depresión, la inseguridad, el vacío vital, no es un hecho ajeno al predominio de la perspectiva de género.

El Gender no acepta que exista el hombre y la mujer. De ahí que difícilmente pueda considerase un feminismo, que es la concepción para el desarrollo de la mujer y de sus derechos en términos equivalentes a los de los hombres.  Lo que sucede es que la perspectiva de género incorpora instrumentalmente parte -no toda- de las reivindicaciones feministas, porque encajan con lo que consideran la destrucción del “orden patriarcal establecido”, transformado, por ejemplo, las patologías psicológicas y culturales de violencia contra la mujer en “violencia de género”, donde la condición de hombre queda constituida como intrínsecamente perversa, como sucede en la legislación española. Pero las contradicciones estallan como sucede con el caso de los vientres de alquiler, una cuestión básica para el Gender, a la que se opone, con razón, el feminismo, o también su posición de rechazo hacia la maternidad que dificulta en grado sumo las políticas públicas en su apoyo, como sucede en España. Una oposición que surge porque ella, la maternidad, expresa en un grado sumo la realidad natural de la condición femenina y su realización.

Mientras el feminismo no se libere de la colonización del Gender, no pasará de ser un instrumento al servicio de una ideología que hace imposible la relación femenina porque la pone al servicio de un entramado de intereses distintos y en muchos casos, opuestos

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