La responsabilidad social de la obra publica

La ciudad de Barcelona vive convulsionada por la incertidumbre de uno de sus barrios populares, el Carmel, afectado por hundimientos que generan la ap…

Forum Libertas

La ciudad de Barcelona vive convulsionada por la incertidumbre de uno de sus barrios populares, el Carmel, afectado por hundimientos que generan la apertura de una línea de Metro. ForumLibertas se ocupa, en esta edición, de desentrañar algunas de las razones que explican este suceso que está desacreditando al Ayuntamiento y a la Generalitat y creando una incertidumbre creciente entre los vecinos en razón de que todavía no existe una idea clara del alcance de la afectación. Este hecho, unido a que el subsuelo de la ciudad de Barcelona se va a encontrar con multitud de obras de este tipo como consecuencia de nuevas vías del ferrocarril suburbano, la entrada del AVE y otras mejoras ferroviarias, contribuye al descrédito de la política y crea alarma social. No es ni mucho menos el primer caso, ni siquiera el más importante. Las dificultades para terminar la línea de tren de alta velocidad entre Zaragoza y Barcelona constituyen otro ejemplo de un suceso de esta naturaleza.

Detrás de todo ello, hay un hecho que nunca ha sido suficientemente abordado a pesar de que nuestra sociedad vive permanentemente en un estado de obra pública. Se trata de la responsabilidad social de dicha obra. Un túnel, un puente, carretera, vías de ferrocarril… Cualquier realización de este tipo se ve sólo constreñida por razones de presupuesto y plazos, y es lógico que así sea. Pero con frecuencia se subvaloran aspectos relacionados con la seguridad o con el impacto sobre la vida cotidiana de los ciudadanos. Y de esta manera, los estudios geológicos resultan superficiales o los de impacto ambiental, de tramite, cuando deberían constituir una pieza tan importante como el proyecto constructivo al que sirven.

La introducción de empresas públicas, gestoras de estas licitaciones y que son intermediarias entre los departamentos y ministerios y las ingenierías y empresas constructoras, han acentuado el problema, porque dichas empresas públicas se financian a expensas de las empresas privadas concursantes. Éstas, por tanto, ven reducido su margen de beneficio. Este hecho, unido a la subvaloración de los proyectos de obra pública que, por lo que al presupuesto se refiere, han tenido siempre en España, dan como resultado que se produzca la catástrofe o el daño cuando las circunstancias se apartan por alguna razón de lo habitual, como en el caso del Carmel al tratarse de un reducto geológico distinto al común al suelo de la ciudad.

Una sociedad responsable debe exigir el cumplimiento, en términos de economía, eficacia y eficiencia, de los proyectos de obra pública. Pero todo ello debe realizarse sin merma de las necesarias garantías para los ciudadanos.

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