Laicismo y militarismo siempre han ido de la mano

Lo que está sucediendo en Turquía sirve muy bien para señalar un tópico en nuestro pensamiento dominante que constituye un engaño histórico. El presen…

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Lo que está sucediendo en Turquía sirve muy bien para señalar un tópico en nuestro pensamiento dominante que constituye un engaño histórico. El presentar el laicismo de la exclusión religiosa como un aliado objetivo de la democracia. No es así.
En Europa solamente existen dos países con estados laicistas, Francia y si aceptamos su pertenencia, también Turquía. Ahora, como es sabido, los militares turcos que controlan el país desde el golpe de estado de Kemal Ataturk en el siglo pasado se oponen a que un presidente del partido islámico que gobierna el país Abdulá Gül pueda ser elegido por el parlamento presidente del país.
 
Todo eso en nombre de mantener las esencias del laicismo de la que los militares y una gran parte de la clase ilustrada y cosmopolita turca se consideran depositarios. A lo largo del siglo XX el ejército turco que institucionalmente tenía como misión supervisar los acuerdos de los gobiernos, practicó cuatro golpes de estado en 1960, 1971, 1980 y el de 1997, que fue guante blanco y dirigido contra el primer gobierno islamista.
Lo más interesante del caso es que ha tenido que ser el partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) de orientación islamista moderada –ellos se consideran el equivalente de la democracia cristiana- quienes han llevado a cabo las reformas en el ámbito de los derechos humanos, civiles y políticos para que Europa pudiera aceptar una posible integración.
 
Bajo los distintos gobiernos que a lo largo de todo un siglo se han sucedido, siempre fieles a los principios laicistas, la democracia turca ha sido más bien una ficción que una realidad, y el nacionalismo agresivo ha ido de la mano de ese laicismo.
Pero eso no debería extrañarnos. En definitiva la versión agresiva del nacionalismo moderno, aquella que vincula la comunidad nacional con la razón de estado surge a partir de la Revolución Francesa.
 
Es el laicismo quien haciendo desaparecer toda otra razón convierte al estado en la única razón.
 
Y eso ha servido desde entonces para las derechas como para las izquierdas. Es también la Revolución Francesa que trasforma el ejército hasta convertirlo en la gran baza política. El bonapartismo –una obviedad olvidada- es el estadio superior de la versión ilustrada del laicismo de estado. Es su fase imperialista.
 
Todos los estados laicistas sean de perfil derechistas, sean de izquierdas, todos sin excepciones han asumido el militarismo como columna vertebral del estado.
 
Laicismo y militarismo van de la mano, forman parte de un mismo proyecto, y el que conozca alguna excepción que levante el dedo.
 
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