Las normas, su discernimiento y las dubias (II/II)

A propósito de unas Dubias formuladas al Papa, hechas públicas por los cuatro Cardenales que las suscriben.

Mi pastoral del vínculo Mi pastoral del vínculo

No es necesario que nadie me diga, desde su ortodoxia probada (¿superior, inferior o igual a la mía?), que toda duda planteada al Papa, o en su caso a la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (aquella que presidía el Cardenal Ratzinger luego Papa Benedicto XVI), la responde el Papa en términos SI o NO. Las argumentaciones anexas son siempre opcionales, por parte del Papa o la Sagrada Congregación, si hay respuesta si o no a las dubias. Es lo canónicamente preceptuado desde tiempo inmemorial. El Papa responde sólo si juzga pertinente hacerlo. ¡SIN QUE EL SILENCIO DEL PAPA SE INTERPRETE EN UN SENTIDO O SU CONTRARIO POR ABSOLUTAMENTE NADIE! El demandante de la dubia, tenga el rango que tenga, se la calla en su fuero interno… ¡y se aguanta si recibe silencio como respuesta!. Ambas cosas –callarse y aguantarse- es lo preceptivo canónicamente reglamentado. Sé esto muy bien desde mi adolescencia mucho antes de tener novia. Ya que cuatro Cardenales de prestigio han hecho públicas sus dubias, sin pastoral episcopal previa Amoris Laetitia en mi entorno eclesial catalán, yo les planteo públicamente a estos Cardenales mis dubias, que no son dudas, en tono amable distendido de preguntas pastorales de discernimiento, como Pastores que son de nuestra Iglesia (de ellos y mía). ¡Se trata de sus dubias en Derecho Canónico y no de las mías que no tengo ninguna! Los discursos apologéticos de los intérpretes ortodoxos de estas dubias no me interesan.

Dubia número 1

¿Qué le digo a una querida mujer de mi ámbito familiar, esposa casada canónicamente y madre de cuatro hijos? Separada luego de su marido sin proceso canónico. Divorciada ella de él sin consenso matrimonial de divorcio. Para subsiguiente matrimonio civil inmediato con otro hombre sin ninguna relación con su separación conyugal de facto. ¡Y felizmente divorciada tres años después de este otro hombre!. Es una mujer que ama y se deja amar, especialmente en relación mutua con todos y cada uno de sus hijos. Ellos han asumido muy bien el nuevo reto de vida. Ella reside cerca del que fue su domicilio conyugal y familiar para estar cerca de los hijos. Me lo dijo ella recientemente. Él reside en ese domicilio familiar. Los hijos, por tanto, comparten convivencia con su madre y con su padre. ¿Y qué le digo al esposo que no le haya dicho ya?  Yo no soy quién para entrometerme en relación conyugal canónica que no sea la mía. ¿Pueden atender los dos, si quieren, Amoris Laetitia?

 

Dubia número 2

¿Qué le digo a una mujer joven de mi ámbito familiar, con cariño mutuo compartido con su “marido” pareja de hecho? Está aplomada y feliz con su reciente maternidad gracias a su “marido”. Es “madre” previa, junto con su “marido”, de hijo acogido de piel no blanca en régimen legal de acogida. ¿Pueden atender los dos, si quieren, Amoris Laetitia?

 

Dubia número 3

¿Es correcto decirle a un familiar mío, en separación amistosa de facto a instancias de él en su Matrimonio canónico, padres los dos de cinco hijos mayores de edad, que ha de conquistar nuevamente el corazón de su esposa rindiéndose ante ella, purgando de momento en su nueva soltería? Me ha costado mucho acercarme a él de nuevo. Ella ha estado siempre en su lugar. Ella me participó la noticia. Ella sabe ser abuela. ¿Y él sabe ser abuelo? Yo no soy quién para entrometerme en relación conyugal canónica que no sea la mía. Ella atiende Amoris Laetitia. ¿Y él querrá atenderla cuando yo le haga publicidad pastoral laica onerosa de ella?

 

Dubia número 4

¿Qué más le digo a un ahijado mío? Por amorío impetuoso  fue padre. Con dudas biológicas suyas acerca de su paternidad. No de su amor impetuoso. Lo primero que hizo (hicieron los dos) fue proceder al bautismo de la criatura. Lo segundo, reconocer su paternidad tanto a efectos civiles como de trato con el hijo, sin someterse él a prueba clínica de paternidad. Lo tercero, aparcar la celebración sacramental de un Matrimonio que no veía y que no ve claro. Y por tanto aparcando un matrimonio civil. En todo momento mediante vidas separadas de pareja (el hijo reside con su madre). Lo cuarto, proceder a un cambio laboral propiciado por la frase lapidaria empresarial, de tipo católico oficial ortodoxo, “¡regulariza tu situación!”. Él actuó de buena fe con la verdad y el reconocimiento de su pecado sexual. Seguro que atenderá Amoris Laetitia. ¿Gracias a Sus Eminencias Reverendísimas o gracias a mí?

 

Dubia número 5

Una amiga mía, con matrimonio fallido tal vez canónicamente nulo, sigue oficialmente en Matrimonio. Sin relaciones íntimas conyugales hace lustros, compartiendo piso y cama, ha viajado dos veces a China para sendas adopciones de hijos maravillosos. Tiene asesoramiento espiritual sacerdotal. Yo no soy quién para entrometerme en relación conyugal canónica que no sea la mía.  ¿Atenderá Amoris Laetitia con mayor intensidad a como lo hago yo?

 

 

Son dubias mías –por así decirlo- en el entramado directo de mis extensas familias cristianas católicas  practicantes y amistades allegadas. Tengo más dubias de amistades canónicamente casadas. Me refiero sobre todo a dubias en personas cristianas, pecadoras como yo, pero con militancia oficial en la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica de Nuestro Señor Jesucristo. Para solucionar todo conflicto amoroso matrimonial, prematrimonial, de pareja de hecho, de separación (canónica o no) de hecho y de divorcios (consensuados o no),  se requiere acompañamiento cristiano cercano y no sólo el del sacerdote. Es lo que nos pide el Papa a los laicos en su Exhortación Apostólica Amoris Laetitia. A mí y a todos Vds. Para no tener dubias, tanto Vds. como yo, es preciso distinguir bien el camino gradual ascético del Matrimonio de  la equivocada gradualidad de la Ley Moral, tal como expuso Su Santidad San Juan Pablo II en el número 34 de su Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, en estos términos (de copiar y pegar) pertenecientes al siguiente vínculo:

 

«Por ello la llamada “ley de gradualidad” o camino gradual no puede identificarse con la “gradualidad de la ley”, como si hubiera varios grados o formas de precepto en la ley divina para los diversos hombres y situaciones. Todos los esposos, según el plan de Dios, están llamados a la santidad en el matrimonio, y esta excelsa vocación se realiza en la medida en que la persona humana se encuentra en condiciones de responder al mandamiento divino con ánimo sereno, confiando en la gracia divina y en la propia voluntad»[95]. En la misma línea, es propio de la pedagogía de la Iglesia que los esposos reconozcan ante todo claramente la doctrina de la Humanae vitae como normativa para el ejercicio de su sexualidad y se comprometan sinceramente a poner las condiciones necesarias para observar tal norma.

 

http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html

 

Humanae Vitae y Familiaris Consortio han sido y son los dos fundamentos teológicos morales básicos del Sacramento del Matrimonio con mi esposa, en orden a nuestro amor conyugal y a la constitución de nuestra familia. ¡Junto con el regalo posterior de la Encíclica Veritatis Splendor! Haré una cosa. En correos electrónicos con el Para a mi y con CCO a los destinatarios, remitiré los links de mis pinceladas Amoris Laetitia a todos los miembros de mis extensas católicas familias y amistades allegadas. Son muchos y se requiere más de un correo. Con todo tengo una verdadera dubia pastoral: ¿Por qué razón cuando remito links de mis escritos a mis seres queridos, por WhatsApp o por correo electrónico de uno a uno, declinando el uno a varios, raramente alguien me expresa? ¿Son cosas de la ortodoxia?. ¿Con silencio a nivel familiar y cubramos un tupido velo como si no pasara nada? ¿Este proceder es evangélico? ¡Menos mal que escribo para Vds., lectores que me leen! ¿El Código actualizado de Derecho Canónico tiene respuestas infalibles a estas preguntas y a estos elocuentes silencios? ¿Amoris Laetitia discrepa de la Encíclica Veritatis Splendor? ¿O más bien es su complemento pastoral oportuno y providencial?

 

http://w2.vatican.va/collantent/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_06081993_veritatis-splendor.html

 

 

Sobre esto último de la Gradualidad, el punto 295 del Capítulo Octavo de Amoris Laetitia, en el apartado GRADUALIDAD EN LA PASTORAL, cita dos veces la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio de 22 de noviembre de 1981 del Papa San Juan Pablo II. Atiendan ahora el Capítulo Sexto que ya he referido. De este Capítulo Sexto destaco uno de los puntos rompe esquemas preconcebidos.

 

<<203. Los seminaristas deberían acceder a una formación interdisciplinaria más amplia sobre noviazgo y matrimonio, y no solo en cuanto a la doctrina. Además, la formación no siempre les permite desplegar su mundo psicoafectivo. Algunos llevan sobre sus vidas la experiencia de su propia familia herida, con ausencia de padres y con inestabilidad emocional. Habrá que garantizar durante la formación una maduración para que los futuros ministros posean el equilibrio psíquico que su tarea les exige. Los vínculos familiares son fundamentales para fortalecer la sana autoestima de los seminaristas. Por ello es importante que las familias acompañen todo el proceso del seminario y del sacerdocio, ya que ayudan a fortalecerlo de un modo realista. En ese sentido, es saludable la combinación de algún tiempo de vida en el seminario con otro de vida en parroquias, que permita tomar mayor contacto con la realidad concreta de las familias. En efecto, a lo largo de su vida pastoral el sacerdote se encuentra sobre todo con familias. <<La presencia de los laicos y de las familias, en particular la presencia femenina, en la formación sacerdotal, favorece el aprecio por la variedad y complementariedad de las diversas vocaciones en la Iglesia>> (nota 234 Relación final Sínodo 2015)

 

Y otro cortito, que destaco en negrita, citando catequesis papal agosto 2015 y la Relación Final Sínodo 2015:

 

<<243. A las personas divorciadas que viven en nueva unión, es importante hacerles sentir que son parte de la Iglesia, que <<no están excomulgadas>> y no son tratadas como tales, porque siempre integran la comunión eclesial. Estas situaciones <<exigen un atento discernimiento y un acompañamiento con gran respeto, evitando todo lenguaje y actitud que las haga sentir discriminadas, y promoviendo su participación en la vida de la comunidad. Para la comunidad cristiana, hacerse cargo de ellos no implica un debilitamiento de su fe y de su testimonio acerca de la indisolubilidad matrimonial, es más, en ese cuidado expresa precisamente su caridad>>.

 

Personalmente he conseguido algo. Mi lectura pausada, punto tras punto,  de  Amoris Laetitia. Exhortación Apostólica que termina así como final del punto 325, al término del breve Capítulo Noveno ESPIRITUALIDAD MATRIMONIAL Y FAMILIAR:

Oración a la Sagrada Familia

Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.

Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas iglesias domésticas.

Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.

Santa Familia de Nazaret,
haz tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.

Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica.

Amén.

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