Leer a san Pablo

Quien se toma el trabajo de leer a Pablo completo no puede por menos de apreciar se respeto por las mujeres, buenas colaboradoras en las tareas de evangelización, como Lidia, la primera persona que pide ser bautizada por Pablo en Filipos a las puertas de  Europa, con toda su familia; y del marido ni se menciona el nombre.  Febe es otra mujer importante que está al servicio de la iglesia de Céncreas y se le confía la Carta a los romanos  para su difusión; Prisca es la mujer de Áquila, un matrimonio que colabora estrechamente con Pablo; Junia y Andrónico son parientes suyos; Trifena y Trifosa trabajan en el Señor; todos estos y otros son mencionados al final de la Carta a los romanos.

Además, a los cristianos de Colosas les escribe exhortaciones específicas para cada grupo de persona: «Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimo. Esclavos, obedeced en todo a vuestros amos humanos, no por servilismo o respetos humanos, sino con sencillez y temor del Señor. Lo que hacéis, hacedlo con toda el alma, como para servir al Señor, y no a los hombres: sabiendo que recibiréis del Señor en recompensa la herencia. Servid a Cristo Señor. Al injusto le pagarán sus injusticias, pues no hay acepción de personas» (Col 3,18-25).

De modo que la igualdad del marido y la mujer es afirmada con claridad, en esa época, cuando escribe a los de Corinto: «A los casados les ordeno, no yo sino el Señor: que la mujer no se separe del marido; pero si se separa, que permanezca sin casarse o que se reconcilie con el marido; y que el marido no repudie a la mujer. A los otros les digo yo, no el Señor: si un hermano tiene una mujer no creyente y ella está de acuerdo en vivir con él, que no la repudie. Y si una mujer tiene un marido no creyente, y él está de acuerdo en vivir con ella, que no repudie al marido, pues el marido no creyente se santifica por la mujer y la mujer no creyente se santifica por el hermano; si fuera de otro modo, vuestros hijos serían impuros, y de hecho son santos». Y uno se pregunta ¿dónde está la misoginia de Pablo? Sólo en la fantasía de algunos poco leídos.

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