Dios canta: dos capítulos de “El sobrino del mago”

En las siete novelas que conforman Las Crónicas de Narnia, C.S. Lewis jugó a que escribía la Biblia de un pueblo imaginario, los narnios, mapaches, ciervos y elefantas que tienen voluntad e inteligencia, hablan y aman, son espíritus de árboles y arroyos, ninfas y duendes que en ese mundo tienen existencia plena, mientras que en la Tierra solo existen como mitos y leyendas. Estos libros para niños surgieron de una especulación adulta: “Supongamos que hay una tierra como Narnia y que el Hijo de Dios, así como se encarnó en hombre en esta tierra, allá apareciera como un León y entonces imaginemos lo que pasaría.”

C.S. Lewis era profesor de literatura medieval y renacentista en Cambridge. Será deformación profesional, pero para Lewis, lo que nosotros llamamos fantasía, ficción, invención, para él era tan real como el recuerdo de alguien que pasó por nuestra vida, aunque ahora esté quién sabe dónde haciendo quién sabe qué cosa. Lo que nosotros despachamos apenas como imaginación, para Lewis tenía más realidad que la carne: Lewis estaba deformado por la fe que nos da nuestra verdadera forma.

El sobrino del mago contiene el Génesis de Narnia. En esta novela, Lewis narra la creación de un mundo nuevo de una manera vibrante que no es nada original: es tradición aplicada. Judíos y cristianos creen que la creación fueron seis días de fiesta que acabaron en un día de gran fiesta. Pero el relato de la Biblia es sucinto. No abunda porque, para comprender su abundancia, basta con levantar la vista y ver el jardín con sus palmeras, rosales, bugambilias, abejas, avispas, mariposas, jardinero, sirvienta y el niño que es hijo, es nieto y juega. Todo el jardín habla de aquello que Dios hizo y sigue haciendo en la creación.

En cambio, Lewis pone en palabras tras palabras tras palabras lo que en la creación según la Biblia fue pura acción. Lewis describe cómo Narnia va naciendo de la voz canora del León. Un mundo nace de su canto. Las modulaciones y las variaciones en tono y volumen crean la luz y la oscuridad, los valles, las planicies, las montañas, los bosques con todas las especies de árboles y plantas que cubren el suelo, y los peces, anfibios, reptiles, pájaros y mamíferos que pululan por el agua, por el aire y por el suelo. Narnia es el mundo que nace cuando Aslan canta.

La voz cantante comienza sola en las tinieblas. Pero conforme de su canto van surgiendo las criaturas, se convierte en coro: cantan al unísono y en polifonía los narnios en torno al León. Entre más crea, más volumen cobra la voz, más se escuchan su gozo. El canto alegra a los simples, a los niños y a los animales. Aterra a los malos y los malhumora e inquieta.

La prueba de una buena religión está en poder jugar con ella. En la Biblia se nos dice que “Dios dijo” y el libro de Lewis dice: “Dios cantó.” Esta meditación juguetona sobre el Génesis que cobró forma de cuento infantil ayuda a formar una imagen más llena, más plena, más real, de Dios: alguien feliz que felicita cantando su Palabra.

El que no escucha a Dios no tiene nada que decir a los hombres. C.S. Lewis se hablaba de tú con Dios. Y por eso pudo contarnos en páginas dichosas que el Señor canta de muy buena gana.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>